La televisión en vivo es una caja de sorpresas. No importa cuán pautado esté un programa, siempre hay lugar para el caos, la espontaneidad y esos momentos que nadie guiona, pero que terminan quedando en la historia. La noche del martes, en Bendita, Horacio Pagani protagonizó uno de esos instantes de gloria, aunque esta vez no tuvo que ver con el fútbol ni el espectáculo, sino con el azar.
Todo sucedió mientras Beto Casella hacía su clásica publicidad, un PNT más en su larga carrera como conductor. En el estudio, sin embargo, algo extraño comenzaba a gestarse. Primero, un murmullo apenas perceptible, después una risa contenida, finalmente un estallido. El revuelo crecía detrás de cámaras. Algo pasaba en la mesa de panelistas, algo grande. Casella, impávido, intentó terminar su pauta como un profesional. Pero cuando giró para ver qué ocurría, el estudio se había transformado en una fiesta: Pagani estaba desbordado de felicidad, saltando como si acabara de ver el gol de su vida.
“¿Qué pasa?“, preguntó Casella, entre la sorpresa y la complicidad. Lo que pasaba era simple y extraordinario al mismo tiempo: Horacio Pagani acababa de ganar a la quiniela.
La historia tenía todos los condimentos de un guion de cine. La noche anterior, Pagani había llegado tarde a jugar su número de la suerte y lo perdió. La frustración lo embargó, pero como todo buen quinielero, no se rindió. Volvió a intentarlo con otro número de cuatro cifras: 1717, en la Lotería de Santa Fe. Y esta vez, la suerte le sonrió.

“Los 242 mil pesos que había perdido, los gané ahora”, exclamó, todavía incrédulo.
El festejo fue inmediato y desbordante. Sus compañeros se unieron en una celebración colectiva. Emiliano Coroniti lo abrazó como si estuvieran en la final de un Mundial. Los panelistas aplaudían, reían, saltaban al ritmo de Tirá para arriba de Miguel Mateos. En medio del frenesí, Pagani miró directo a la cámara y soltó una frase que, para los desprevenidos, parecía solo un exabrupto más. Pero en realidad, era el cierre perfecto de una historia que había comenzado hace quince años: "Dios existe".
Para entender el peso de esas dos palabras, hay que remontarse al Mundial de Sudáfrica 2010. Era el debut de la selección española, el equipo que, para Pagani, encarnaba la pureza del fútbol: toque, posesión, belleza. Enfrente, un rival sin mística ni aspiraciones: Suiza. Lo impensado ocurrió. España cayó 1-0 y Pagani, desencajado por lo que consideraba una traición del destino, lanzó en plena transmisión una frase que se convirtió en un sello de su figura mediática: "Dios no existe. El Diablo se hizo cargo del fútbol".
La sentencia resonó en las redes, en los programas deportivos, en la memoria de los hinchas. Pero el destino le tenía preparada una ironía: España se recuperó, desplegó su juego y terminó ganando la Copa del Mundo. Pagani, que había proclamado la muerte del fútbol justo en el inicio de la que sería su consagración más grande, quedó prisionero de su propio dogma.

Quince años después, el destino le dio una segunda oportunidad. Esta vez, no había un balón en juego ni una selección que lo decepcionara. Esta vez, era él quien salía victorioso. Y si en 2010 Dios no existía porque el fútbol le había dado la espalda, en 2025 Dios volvía al tablero porque la Quiniela le daba una alegría personal.
El fanatismo de Pagani por el azar no es nuevo. En diciembre pasado, en Socios del Espectáculo, Any Ventura reveló que el periodista suele estar distraído en los programas porque está pendiente de los resultados de la Quiniela.
“Juega en el medio del programa. Se fija si salieron los números o no”, dijo, entre divertida y resignada.
Su idilio con las apuestas tiene, además, un escenario emblemático: Las Vegas. En una entrevista para Pronto, Pagani confesó haber viajado 32 veces a la ciudad del pecado. En uno de esos viajes, incluso, se casó.

Pero si hay algo que define su carrera es su pasión sin matices. Apasionado, vehemente, culto, irascible, erudito del tango y defensor del fútbol romántico, Pagani no conoce la mesura. En la misma entrevista reveló el único aspecto que realmente le incomoda de su imagen televisiva: “Me da vergüenza cuando veo algunas reacciones mías extemporáneas”.
Lo que ocurrió el martes, sin embargo, no será motivo de arrepentimiento. En Bendita, la Quiniela y el destino le dieron su momento de gloria. Una jugada ganadora. Un festejo inolvidable. Una frase que cierra un círculo de años.
Tal vez mañana vuelva a perder. Tal vez vuelva a renegar. Pero al menos, por una noche, Dios existió para Horacio Pagani.
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