Enrique Pinti
Enrique Pinti

Lleva su aislamiento preventivo y obligatorio como todos: quedándose en casa. A sus 80 años, Enrique Pint solo espera volver a poder volver subirse a un escenario, pero sabe que no será antes de enero de 2021, cuando tal vez pueda estrenar su nuevo espectáculo. Sin usar celulares ni redes sociales, ni aplicaciones adictivas, sigue informado. Y con su lucidez de siempre, dispara con proverbial verborragia su particular mirada de la crisis que atraviesa al mundo entero, y que también impacta en nuestro país.

"No puedo hacer una predicción acerca de si esto nos va a servir como sociedad a futuro -especula el capocómico, al aire de ATR, en Pop Radio-. Debería servir por el asunto de ser mundial: no nos afectó a nosotros solamente como pudo pasar con una revolución, una dictadura o un mal gobierno, algo local. Pienso que ésto debería cambiar el mundo, pero es un mundo sostenido por las grandes empresas y por grandes capitales. Creo que pasaremos cinco o seis meses acordándonos, y después se puede diluir en el aire. Ojalá que no”.

Pinti apunta y lanza munición gruesa al analizar cómo la clase dirigente enfrente la crisis del coronavirus en la Argentina. "Los políticos ya se están matando de nuevo entre ellos, pero no todos. Alguna gente tiene como una especie de cuidado o de tacto. Creo que en principio las cosas se manejaron con cordura y con mesura, que es más o menos la personalidad que tiene Alberto Fernández: mesura total. Pero las urgencias que tiene esta situación, más allá del coronavirus, son que el país está endeudado, hecho pelota, con una deuda externa de la puta madre, con cantidad de pobreza y un montón de personas que están fuera del sistema, con trabajo informal, y una cantidad de cosas que pueden hacer salir de esa parsimonia y esa tranquilidad. Nosotros, desde abajo, les pedimos a los gobernantes que hagan por nosotros cosas que en nuestra vida diaria no las haríamos”.

Y va al hueso: "Yo, personalmente, haciendo esta salvedad, no hubiera levantado el dedo ni contra los empresarios ni en contra de nadie. En este momento me parece que el discurso venía muy bien hasta que salió con ‘esos miserables…’. (A Alberto) le salió como una especie de Cristina atrás. Y en este momento no es adecuado. La gente me podrá decir: ‘Usted es un cagón, usted es un pelotudo, ¿por qué no le vamos a mojar la oreja a esos señores?’. No creo que sea el momento oportuno, pero lo digo yo desde mi posición de viejo sorete que está metido en su casa con 80 años y que soy humorista. No es lo mismo que una persona que tiene la responsabilidad de llevar un país complicado, en una situación complicada a nivel mundial”, razona Enrique.

"Desde el lado de la oposición, yo no hubiese aprovechado la situación del viernes con los jubilados para decir que todo esto es un desastre y que no saben hacer nada. Yo creo que ahí se les escapó la tortuga, evidentemente, en una total falta de organización. Creo que el problema es que están muy encerrados en los grandes problemas y pierden un poco de sentido de la realidad. Y no es que vos seas un hijo de puta o que sos un indiferente solamente; es que se te va la olla, como dicen los gallegos. Lo escuchaba a (Horacio) Rodríguez Larreta explicando cuándo hay que ir a cobrar las jubilaciones o los espacios que estarían relativamente cerca, pero para un viejo o una vieja que están medio tururú, es un bolonqui de la puta madre. Les dicen: ‘Búsquenlo en la página’, y nueve de cada diez viejos te dicen: ‘¿En qué página?’, porque no tienen la menor idea de lo que es una página. Hacen un esfuerzo titánico pero no tienen la noción. y esas cosas que parecen tan elementales se les escapan. Es no conocer al pueblo”.

Enrique Pinti, sobre el escenario; nadie sabe cuándo volverá a darse esta imagen
Enrique Pinti, sobre el escenario; nadie sabe cuándo volverá a darse esta imagen

Pero, ¿cómo lo afecta personalmente el aislamiento? “La llevo bastante bien porque en los últimos tiempos salía nada más que para ir al teatro, de miércoles a domingo; es era mi salida. Inclusive había dejado de ir a comer después de la función para ahorrar energía. Esto me tocó en una época en que ya venía más encerrado. Iba al cine y ahora no hay cine. ¿Qué tengo que hacer en la calle? Agarrarme una enfermedad, como un pelotudo. Yo tengo una casa muy linda, un departamento amplio, y tengo la posibilidad de tener una habitación enorme con un baño en suite. Entonces, si me tuviera que aislar completamente cierro la puerta del dormitorio, tengo el baño, tengo todo y eso me hace una persona totalmente privilegiada”.

¿Y haber tomado consciencia de que pasarán meses hasta que pueda volver al escenario? "Siento la necesidad de hacer función, porque para mí eso era algo vital -confiesa-. Sentado en una silla, en un espectáculo divino, venía muy poca gente, y la gente que venía aplaudía de pie. No tener esto te da un ataque de locura porque sabemos que en teatro seremos los últimos orejones del tarro en abrir. Yo decía que estrenaría en junio, luego pasó a noviembre, y ahora pienso en enero próximo, en el mejor de los casos. Y de ser así, el público no va a venir, porque el público va a quedar marcado por esta historia de no aglomerarse y no ir. Con las entradas caras, tendrá otra excusa para no ir al teatro, y costará mucho volver a incorporar público en las condiciones normales como debe ser. Siento que no estoy haciendo lo que me gusta hacer, y eso me frustra más que quedarme en casa”.

SEGUÍ LEYENDO