Noruega no dará dinero público a los libros hechos con IA, ni siquiera en parte, desde 2027

La regla incluye traducciones y portadas, y también alcanza a los textos de maquinas corregidos después por una persona

Brazo mecánico que sujeta una pluma estilográfica sobre un libro abierto en una mesa de madera, frente a la bandera de Noruega.
El Consejo de las Artes de Noruega retirará los fondos públicos a los libros elaborados con inteligencia artificial a partir de 2027 (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El Consejo de las Artes de Noruega no comprará ni financiará desde 2027 libros hechos total o parcialmente con inteligencia artificial generativa. La regla, publicada el 30 de octubre, alcanza a textos nuevos, traducciones e ilustraciones, y cubre tanto los programas de compra para bibliotecas como las ayudas a la producción.

Según el comunicado del organismo, los libros en esa situación no podrán entrar en las ordenes de compra ni recibir subvenciones de proyecto o de producción. Las pautas se aplican a todos los programas de compra y a los de producción y proyectos de literatura.

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El Consejo admite una excepción. Para literatura nueva, el uso de IA puede evaluarse caso por caso si tiene una justificación artística o profesional sólida. El comunicado no prevé una salvedad equivalente para traducciones ni para ilustraciones.

Qué cuenta como libro hecho con IA

Una obra se considera total o parcialmente producida con IA cuando la IA generativa escribió o tradujo texto, o creó ilustraciones que forman parte de la edición final. Basta una contribución menor, siempre que quede en el libro: por ejemplo, una transición, un párrafo ampliado o una propuesta de final.

Un libro antiguo abierto y un microprocesador con circuitos dorados sobre una mesa de madera, con la bandera de Noruega al fondo.
La normativa excluye de las compras institucionales a las obras que incorporan textos, portadas o traducciones generadas por algoritmos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo mismo ocurre con las traducciones. Si el texto, entero o en parte, pasó por un programa de traducción automática, el Consejo lo considera hecho con IA aunque después lo revise un traductor, un corrector o un editor.

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Quedan fuera de la regla los usos de apoyo: corrección de pruebas, búsqueda de sinónimos, ayuda con gramática y sintaxis, traducción de palabras o expresiones sueltas, investigación previa, desarrollo de ideas o uso del programa como interlocutor. Lo que decide es si la IA aportó contenido que aparece en la obra publicada.

El presidente del Consejo, Kristian Seltun, afirmó que existe una necesidad especial de pautas claras en literatura. Sigbjørn Skåden, miembro del Consejo y presidente de su comité de literatura, dijo que es importante proteger el arte creado por personas.

Skåden también señaló que el área evoluciona muy rápido y que el Consejo hará ajustes cuando haga falta. El organismo indicó que recibió aportes de las asociaciones del sector y de los comités que evalúan solicitudes y libros presentados.

Dos manos robóticas blancas sobre el teclado de una máquina de escribir azul con papel, en una mesa de madera y con libros de fondo.
La incorporación de un párrafo o un final sugerido por una máquina inhabilita la obra para recibir financiamiento público (Imagen Ilustrativa Infobae)

Editoriales ya criticadas por usar IA

El medio noruego Framtida recordó que varias editoriales fueron cuestionadas en los últimos años por usar inteligencia artificial en tareas creativas o editoriales. Según ese medio, Aschehoug, una de las principales editoriales de Noruega, empleó IA para traducir al noruego los libros de la serie Heated Rivalry y acelerar su llegada al mercado.

Framtida añade que Bonnier Norsk Forlag, una editorial noruega perteneciente al grupo editorial sueco Bonnier, reconoció en primavera que utilizó IA para traducir más de diez libros del inglés. La editora senior Ingrid Eia Ryvarden declaró entonces a Klassekampen, también periódico noruego, que esos títulos no habrían salido con el método tradicional porque su publicación no habría sido rentable.

Bonnier también recibió críticas por la portada de un libro infantil de la autora Unni Lindell, cuya ilustración fue creada con IA. La ilustradora Flu Hartberg, presidenta de la iniciativa artística KIKI, que pide regular la IA, calificó ese uso de cínico. Según Framtida, estos casos incumplen las nuevas pautas.

Hartberg celebró la decisión en Facebook y dijo que demuestra que se puede exigir que las personas estén por encima de las máquinas. Las reglas valen solo para el dinero del Consejo: no impiden publicar libros con IA, pero esos títulos quedarán sin esa financiación desde 2027.

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