Carrera espacial: qué capacidades tiene Argentina y qué lugar ocupa en la industria

Carolina Renaud, fundadora de Satellitear y Constelar Space, repasó en Infobae a la Tarde el desarrollo argentino en cohetería, satélites y observación de la Tierra, y explicó las oportunidades que abre el nuevo escenario internacional

Carolina Renaud analizó en Infobae a la Tarde el rol de Argentina en la nueva industria espacial mundial
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La carrera espacial ya no es solamente una competencia entre Estados Unidos, Rusia y China por llegar más lejos. El desarrollo de satélites, las telecomunicaciones, la observación de la Tierra y los servicios basados en datos convirtieron al espacio en una industria estratégica y multimillonaria, con participación creciente de empresas privadas. En ese escenario, Argentina tiene una historia y capacidades propias que pueden darle un lugar en el nuevo mapa espacial.

Carolina Renaud, abogada y contadora pública, fundadora de Satellitear y Constelar Space, analizó ese recorrido en Infobae a la Tarde. Su vínculo con el sector comenzó mientras investigaba el uso de imágenes satelitales para combatir el crimen organizado y el narcotráfico. En 2026 recibió el Premio Joven Empresaria CABA por su trabajo al frente de Satellitear, una startup que transforma información satelital en herramientas aplicadas al sector agropecuario.

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Para Renaud, la historia argentina en el espacio comenzó mucho antes de los satélites que hoy son conocidos por el público. “Argentina tiene más de 70 años de desarrollo espacial”, sostuvo.

De los primeros cohetes a los satélites

Uno de los principales antecedentes se remonta a 1949, cuando el ingeniero Teófilo Tabanera impulsó el desarrollo de una industria espacial argentina. El proceso derivó en programas de investigación y, una década más tarde, en el lanzamiento del Alfa Centauro, el primer cohete argentino, en 1960.

Tronador II
El CubeSat Atenea permitió ubicar un satélite de desarrollo nacional a 70.000 kilómetros de la Tierra

Renaud destacó especialmente el trabajo realizado por la Fuerza Aérea durante aquellos años y recordó los experimentos biológicos que posicionaron al país entre los primeros en desarrollar este tipo de tecnología. En 1967, Argentina envió al espacio al ratón Belisario, mientras que en 1969 hizo lo mismo con el mono Juan. Ambos fueron recuperados con vida.

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“Argentina fue el cuarto país del mundo en mandar un ser vivo al espacio”, señaló la especialista. Detrás de esas misiones, explicó, hubo capacidades mucho más amplias que el experimento en sí: desarrollo de cohetes, cálculo de trayectorias, sistemas de recuperación y formación científica.

Ese conocimiento también se mantiene en ámbitos académicos. Renaud mencionó grupos de la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Córdoba que continúan trabajando en cohetería experimental.

El nuevo escenario: la carrera hacia la Luna

El espacio atraviesa ahora una nueva etapa. Estados Unidos y China compiten por ampliar su presencia en la Luna, mientras compañías privadas reducen los costos de lanzamiento y multiplican las posibilidades de enviar satélites y experimentos al espacio.

“Hay una carrera hacia la Luna, Estados Unidos versus China, bastante imponente”, describió Renaud.

Vista de la curvatura terrestre con masas de nubes y una fina capa verde brillante en el horizonte sobre el fondo del espacio
El CubeSat Atenea permitió ubicar un satélite de desarrollo nacional a 70.000 kilómetros de la Tierra

Argentina no está completamente al margen de ese proceso. La especialista destacó el CubeSat Atenea, una misión en la que participaron universidades y organismos científicos nacionales y que permitió enviar un satélite argentino a unos 70.000 kilómetros de la Tierra.

El proyecto involucró a la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Instituto Balseiro.

Para Renaud, uno de los principales resultados fue la experiencia acumulada. “Ahora Argentina tiene herencia de vuelo, con lo cual distintos países pueden solicitarnos esos servicios”, explicó.

La participación argentina en los Acuerdos Artemis, además, abre un marco de cooperación para proyectos de exploración espacial. La especialista señaló que allí existe una oportunidad para que universidades, organismos científicos y empresas nacionales desarrollen experimentos, electrónica, ingeniería y procesamiento de datos.

Los Acuerdos Artemis establecen un marco de cooperación internacional para proyectos de exploración espacial (Foto: NASA)
Los Acuerdos Artemis establecen un marco de cooperación internacional para proyectos de exploración espacial (Foto: NASA)

El espacio como industria

La transformación más importante de los últimos años está vinculada con el denominado New Space, un modelo en el que las compañías privadas adquirieron un papel central y los satélites son cada vez más pequeños, numerosos y especializados. “El sector privado tomó un rol muy preponderante”, afirmó Renaud.

Un lanzamiento puede transportar simultáneamente decenas de satélites y cargas útiles pertenecientes a empresas, universidades y organismos de investigación. Algunas buscan aprovechar la microgravedad para desarrollar nuevos materiales, productos farmacológicos o aplicaciones alimentarias.

Argentina también participa de ese ecosistema. Renaud mencionó investigaciones vinculadas con el envío de semillas de maní a la Estación Espacial Internacional, desarrolladas desde la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Córdoba.

La industria, por lo tanto, ya no se limita a fabricar cohetes. Incluye telecomunicaciones, observación de la Tierra, análisis de datos, navegación, infraestructura orbital y servicios para sectores como el agro, la defensa y la gestión del territorio. “Es un negocio multimillonario”, resumió.

Elon Musk tuvo influencia en establecer agenda con la carrera espacial con su empresa SpaceX (Europa Press)
Elon Musk tuvo influencia en establecer agenda con la carrera espacial con su empresa SpaceX (Europa Press)

ARSAT, SAOCOM y la soberanía desde el espacio

En ese contexto, Renaud destacó dos desarrollos argentinos: los satélites SAOCOM, destinados a la observación de la Tierra, y los ARSAT, utilizados para telecomunicaciones.

“Los SAOCOM son de observación de la Tierra y los ARSAT son de telecomunicaciones”, explicó.

La especialista remarcó que contar con infraestructura propia tiene una dimensión estratégica. “ARSAT es soberanía en telecomunicaciones”, afirmó, al señalar que los satélites permiten brindar servicios sin depender completamente de infraestructura extranjera.

La observación satelital también tiene aplicaciones directas sobre el territorio. Permite monitorear cursos de agua, detectar contaminación, supervisar infraestructura y obtener información para mejorar la producción agropecuaria. Ese es precisamente uno de los campos en los que trabaja Satellitear.

La dimensión estratégica alcanza también a la defensa. La especialista señaló que existen miles de satélites en órbita con funciones civiles y militares y advirtió sobre los nuevos riesgos derivados de la competencia espacial, como las interferencias o aproximaciones entre artefactos.

En ese escenario aparecen incluso pequeños satélites destinados a detectar posibles maniobras de otros objetos orbitales. “Son satélites policía”, explicó.

(Infobae en Vivo)
Carolina Renaud analizó en Infobae a la Tarde el rol de Argentina en la nueva industria espacial mundial (Infobae en Vivo)

El desafío argentino

Renaud también vinculó el presente de la industria con las decisiones tomadas en el pasado. Al referirse al proyecto Cóndor II, consideró que su desactivación tuvo un impacto significativo sobre la continuidad del desarrollo de capacidades nacionales en cohetería.

“Fue lo que lamentablemente impidió los últimos 40 años de desarrollo de las capacidades argentinas en materia de cohetería y de satélites”, afirmó.

El desafío actual, sin embargo, no consiste únicamente en volver a desarrollar cohetes. La nueva economía espacial ofrece oportunidades en áreas donde Argentina ya tiene experiencia: fabricación de satélites, telecomunicaciones, observación de la Tierra, procesamiento de datos, investigación científica y servicios tecnológicos.

Para Renaud, el país parte de una ventaja concreta: décadas de conocimiento acumulado. La cuestión es si podrá convertir esa trayectoria científica y tecnológica en una industria capaz de competir y prestar servicios en el escenario espacial que se está construyendo.

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