Samsung es una de las mayores empresas tecnológicas del mundo, famosa por sus smartphones, electrodomésticos y componentes electrónicos. Pero detrás de su éxito global existe una historia marcada por rivalidades familiares, disputas legales y escándalos de corrupción.
La sucesión en la familia Lee, un caso que llevó a prisión al heredero del grupo y a la destitución de la presidenta surcoreana Park Geun-hye, y las presiones para mantener el control en medio de gigantescos impuestos y demandas legales, han convertido a Samsung en el escenario de una de las sagas empresariales más dramáticas y decisivas de Asia.
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De una tienda de comestibles a una compañía global
Samsung fue fundada a fines de la década de 1930 como una pequeña tienda de comestibles en Corea.
Bajo el liderazgo de la familia Lee, el negocio creció hasta convertirse en un conglomerado que hoy abarca desde la tecnología de consumo y la fabricación de chips hasta la construcción y el sector seguros.
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La familia Lee, considerada casi como la “realeza” en Corea del Sur, ha mantenido el control del grupo a lo largo de las generaciones, pero ese dominio no ha estado exento de grandes desafíos.

El escándalo que cambió todo
En 2017, Samsung acaparó titulares internacionales cuando Lee Jae-yong (también conocido como JY Lee), nieto del fundador y heredero del imperio, fue encarcelado por un escándalo de corrupción que también provocó la destitución de la presidenta surcoreana Park Geun-hye.
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Lee fue acusado de sobornar a una amiga íntima de la presidenta a cambio de favores políticos que le permitieran fortalecer su control sobre el conglomerado, específicamente a través de la polémica fusión entre Samsung C&T y Cheil Industries.
Además, se enfrentó a cargos de fraude bursátil y contable. Aunque siempre negó las acusaciones de fraude, fue declarado culpable de soborno.

Este escándalo llevó a millones de surcoreanos a protestar en las calles y puso en vilo tanto el destino de Samsung como el futuro económico del país.
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Para entonces, Lee ya estaba al mando de facto, pues su padre, Lee Kun-hee (quien había convertido a Samsung en una potencia mundial), llevaba años hospitalizado tras un infarto.
Una dinastía marcada por conflictos internos
El control familiar de Samsung nunca ha sido sencillo. El conglomerado está conformado por decenas de empresas interconectadas a través de una compleja red de participaciones cruzadas.
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Por ejemplo, Lee Kun-hee, padre de Jae-yong, fue nombrado heredero en 1976 a pesar de ser el hijo menor, lo que dejó heridas y disputas familiares que se arrastraron durante décadas.

En 2008, tanto Lee Kun-hee como Jae-yong renunciaron temporalmente tras las denuncias de corrupción y evasión fiscal realizadas por un antiguo abogado de Samsung. Aunque el padre fue absuelto de soborno, sí fue condenado por evasión fiscal.
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Tiempo después, recibió un indulto presidencial y regresó a su puesto, pero el ambiente familiar seguía siendo tenso.
En 2012, el hermano mayor de Lee Kun-hee inició una batalla legal reclamando su derecho a heredar la empresa, lo que amenazó con desmantelar el conglomerado. Finalmente, los tribunales fallaron que el plazo para reclamar había expirado.
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El peso de la sucesión y los impuestos
La sucesión en Samsung es mucho más que una cuestión familiar. La familia Lee enfrentó una factura de impuesto de sucesiones de más de 10.000 millones de dólares.
Si hubieran vendido acciones para pagarla, habrían perdido el control de la empresa. Por eso, recurrieron a complejas fusiones y maniobras financieras para evitarlo, lo que alimentó aún más las sospechas de corrupción y abuso de poder.
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Como único hijo varón, Lee Jae-yong fue preparado durante décadas para asumir el control, aunque su perfil era considerado menos agresivo y carismático que el de su padre.
Algunos observadores incluso pensaban que su hermana tenía más capacidad para liderar la empresa. Además, Lee Jae-yong sufrió críticas por el fracaso de su proyecto e-Samsung durante la burbuja de las puntocom.
El fin de una era y un futuro incierto
Tras años de juicios, cárcel y polémicas, Lee Jae-yong fue finalmente absuelto de los cargos de fraude en 2025. Esta etapa marcó un punto de inflexión no solo para Samsung, sino para la tradición de los “chaebols” (grupos empresariales familiares) coreanos.
Lee sorprendió al declarar que no heredará automáticamente el control del conglomerado a sus hijos, rompiendo con la práctica que había definido a la familia por generaciones.
El futuro liderazgo de Samsung ahora queda abierto, en una empresa que sigue siendo fundamental para la economía surcoreana y que, detrás del brillo de sus productos, esconde una tensa y compleja historia de poder, familia y ambición.
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