
El debate sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes suma un nuevo capítulo tras la publicación de un estudio de la Universidad de Manchester.
La investigación concluye que el tiempo que los jóvenes dedican a las redes sociales y los videojuegos no está asociado con un aumento de síntomas de ansiedad o depresión.
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El hallazgo llega en un momento en que gobiernos como el del Reino Unido analizan posibles restricciones para menores, siguiendo el ejemplo de Australia, donde se debate la prohibición de estas plataformas para menores de 16 años.
El equipo de la Universidad de Manchester estudió la conducta digital de 25.000 adolescentes de entre 11 y 14 años durante tres ciclos escolares consecutivos.
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Los participantes reportaron cuánto tiempo usaban plataformas como TikTok, Instagram y Snapchat, así como la frecuencia con la que jugaban videojuegos. Los investigadores monitorearon también indicadores de salud mental como el estado de ánimo y las emociones reportadas por los propios estudiantes.
Según la investigación, ni en chicos ni en chicas el aumento del uso de redes sociales o videojuegos predijo mayores síntomas de ansiedad o depresión en el año siguiente. El incremento del tiempo dedicado a redes sociales entre octavo y décimo curso no tuvo impacto negativo en la salud mental de los estudiantes, detalla el informe. En el caso de los videojuegos, el estudio tampoco halló efectos perjudiciales en el bienestar emocional de los adolescentes.
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La publicación en el Journal of Public Health analizó además si el tipo de actividad digital influía en estos resultados. Se compararon hábitos como chatear con otras personas, publicar contenido o simplemente navegar por los perfiles y visualizar historias. Los autores del estudio no encontraron que ninguna de estas prácticas, sean activas o pasivas, generara un aumento de los problemas emocionales en los jóvenes.

Qiqi Cheng, autora principal, declaró que “sabemos que las familias están preocupadas, pero nuestros resultados no apoyan la idea de que simplemente pasar tiempo en redes sociales o jugando videojuegos conduzca a problemas de salud mental; la realidad es mucho más compleja”.
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Esta reflexión se suma a la de Neil Humphrey, coautor del estudio, quien señaló: “Nuestros hallazgos muestran que las decisiones de los jóvenes respecto al uso de tecnología pueden estar influidas por cómo se sienten, pero no necesariamente ocurre al revés”.
El equipo investigador subraya que estos resultados no deben interpretarse como una ausencia total de riesgos en el entorno digital. El contacto con mensajes hirientes, la presión social o la exposición a contenidos extremos pueden afectar el bienestar, aunque el tiempo de pantalla, por sí solo, no representa un factor determinante.
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Los expertos sugieren que las políticas públicas y los debates sociales deberían enfocarse menos en la cantidad de horas frente a la pantalla y más en la calidad de las experiencias online y el apoyo cotidiano que reciben los adolescentes.
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