
Las casas inteligentes prometen eficiencia, control y ahorro, pero ciertos hábitos cotidianos pueden transformarse en fugas silenciosas de dinero. Identificar estos errores y conocer cómo revertirlos permite disfrutar de la tecnología sin sacrificar el presupuesto.
A continuación, se detallan los cinco hábitos más habituales que incrementan el gasto en hogares inteligentes, junto con recomendaciones prácticas para solucionarlos.
Hábitos que malgastan dinero en una casa inteligente
- Dispositivos encendidos las 24 horas
Uno de los hábitos más extendidos en el manejo de la tecnología doméstica es dejar encendidos los dispositivos inteligentes de forma permanente. La comodidad de tener todo disponible al instante lleva a que tablets, altavoces, cámaras y demás equipos permanezcan conectados y activos incluso cuando no se utilizan.
Aunque en modo de espera consumen solo algunos vatios, el efecto acumulativo de mantener numerosos aparatos funcionando día y noche puede reflejarse en una factura eléctrica considerablemente mayor.

Por ejemplo, una tablet montada en la pared que permanece con la pantalla encendida durante toda la noche difícilmente justifica ese gasto, ya que su uso en ese horario es prácticamente nulo. La solución más directa consiste en programar el apagado automático de la pantalla durante las horas de sueño o ausencia, o incluso emplear sensores de movimiento para que solo se active cuando alguien se acerque.
El uso de enchufes inteligentes facilita aún más este control, al permitir establecer horarios específicos para el encendido y apagado de los dispositivos más demandantes. Además, existen opciones de automatización que apagan el sistema cuando la casa está vacía.
- El falso ahorro de los dispositivos más baratos
La amplia oferta de productos para el hogar conectado suele tentar con precios muy bajos, especialmente en sensores y pequeños accesorios. Sin embargo, optar por los modelos más económicos puede resultar más costoso a largo plazo.
Un ejemplo claro es el uso de sensores de humedad baratos para activar deshumidificadores: estos dispositivos pueden carecer de precisión, disparando el aparato con demasiada frecuencia y generando un mayor consumo eléctrico.

- Suscripciones innecesarias
Otra fuente frecuente de gasto son las suscripciones asociadas a servicios avanzados de dispositivos inteligentes. Muchas cámaras, timbres y sistemas de seguridad ofrecen planes que agregan funciones como almacenamiento en la nube, historial de video o alertas personalizadas. Si bien estos añadidos pueden resultar útiles, es común que los usuarios paguen por paquetes superiores sin aprovechar realmente sus beneficios.
Por ejemplo, sistemas como el videoportero inteligente requieren de un abono mensual para acceder a características como el registro de actividad y las notificaciones de personas o paquetes. Los niveles más altos amplían la cobertura, pero en la práctica, muchos hogares se conforman con las prestaciones del plan básico.
- Bombillas inteligentes frente a interruptores inteligentes
El entusiasmo por la tecnología llevó a muchos usuarios a llenar sus hogares de bombillas inteligentes. Aunque estos focos permiten regular la iluminación y el color desde el móvil, a largo plazo pueden resultar menos prácticos y más costosos que los interruptores inteligentes. Los interruptores permiten controlar varias lámparas a la vez desde un solo punto, lo que reduce la cantidad de dispositivos necesarios y simplifica el mantenimiento.
Cuando una bombilla inteligente deja de funcionar, su reposición resulta mucho más cara que la de un foco convencional. Por el contrario, si se utiliza un interruptor inteligente, basta con reemplazar la bombilla por una estándar, sin gastos extras.

- El desgaste por automatizaciones mal configuradas
La automatización es la esencia de la casa inteligente, pero su mal uso genera problemas de desgaste y gastos inesperados. Si las órdenes automáticas para encender y apagar dispositivos se disparan con demasiada frecuencia, los componentes mecánicos —como los relés de los enchufes inteligentes— pueden desgastarse antes de tiempo.
Este fenómeno ocurre cuando sensores poco precisos o configuraciones incorrectas provocan que el sistema active y desactive los aparatos repetidamente en cuestión de minutos.
Un ejemplo típico surge con sensores de temperatura que encienden una calefacción al bajar de un valor crítico. Si el sensor fluctúa cerca de ese umbral, puede activar y desactivar el sistema continuamente, acortando la vida útil del equipo y elevando el consumo eléctrico.
Para evitarlo, se recomienda programar periodos de enfriamiento entre activaciones o requerir que el valor del sensor se mantenga cierto tiempo por encima o por debajo del umbral antes de ejecutar la acción automática.
Estas precauciones no solo prolongan la vida de los dispositivos, sino que aseguran una mayor estabilidad y eficiencia en todo el sistema.
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