
La expansión acelerada de la inteligencia artificial y la automatización podría obligar a entre 400 y 800 millones de personas en el mundo a cambiar de ocupación antes de 2035, según un informe del McKinsey Global Institute (MGI). El estudio advierte que el impacto sobre el empleo será uno de los más profundos de las últimas décadas y dependerá, en gran medida, de la velocidad con la que se adopten las nuevas tecnologías y de la capacidad de los países para preparar a su fuerza laboral.
De acuerdo con el informe, la transformación que impulsa la IA no debe interpretarse únicamente como una pérdida masiva de puestos de trabajo, sino como una reconfiguración del mercado laboral, en la que muchas tareas actuales desaparecerán o se modificarán, mientras surgen nuevas funciones y sectores productivos.
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En su escenario más amplio, MGI estima que entre 75 y 375 millones de personas deberán cambiar de categoría ocupacional y adquirir nuevas competencias para mantenerse activas en el mercado laboral.

El estudio subraya que la magnitud del impacto variará entre regiones y sectores. Factores como el nivel de desarrollo económico, la estructura productiva y las políticas públicas serán determinantes para que la transición sea más o menos traumática. En economías con sistemas educativos flexibles y programas de capacitación sólidos, el proceso podría traducirse en una adaptación progresiva. En cambio, en países con menor inversión en formación, el riesgo de desempleo estructural es mayor.
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Uno de los puntos centrales del informe es que la automatización no elimina empleos de forma inmediata, sino que desplaza tareas específicas dentro de una misma ocupación. Esto significa que muchos trabajadores no perderán su empleo, pero sí deberán aprender a desempeñar funciones diferentes o complementarias a las que realizan hoy. La clave estará en la capacidad de adaptación y en el acceso a procesos de recualificación a gran escala.
Los empleos más expuestos al impacto de la inteligencia artificial son aquellos basados en tareas repetitivas, predecibles y altamente estructuradas. Entre ellos se encuentran trabajos administrativos, atención al cliente, soporte comercial, procesamiento de datos y ciertas funciones de la producción industrial. Estas actividades pueden ser asumidas con mayor facilidad por algoritmos de IA, sistemas automatizados o robots especializados.
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En contraste, los puestos que requieren creatividad, pensamiento crítico, empatía y habilidades sociales presentan una mayor resistencia al reemplazo tecnológico. El informe señala que, tanto en Estados Unidos como en Europa, las empresas ya están priorizando perfiles con capacidad de adaptación, aprendizaje continuo y resolución de problemas complejos, además de conocimientos técnicos.
Lejos de plantear un escenario exclusivamente negativo, varios especialistas destacan que la automatización también puede generar empleos de mayor calidad. El economista José Ramón Riera sostiene que la denominada “revolución industrial digital” ofrece una oportunidad para crear trabajos mejor remunerados y con mayor valor agregado, siempre que los países apuesten por la educación y el desarrollo de talento.
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Según Riera, la transición tecnológica debe ser gestionada de forma anticipada para evitar brechas sociales. En su visión, una estrategia coordinada entre Estados y empresas, enfocada en la formación continua, podría traducirse en un aumento sostenido de la productividad y en mejoras en la calidad de vida de los trabajadores. “El desafío no es la tecnología en sí, sino cómo se gestiona su impacto sobre el empleo”, advierte.

El informe del McKinsey Global Institute coincide en que la respuesta de los gobiernos será decisiva. Entre las medidas prioritarias, los analistas destacan la implementación de programas masivos de recualificación laboral, conocidos como upskilling y reskilling, orientados a los trabajadores con mayor riesgo de desplazamiento. También recomiendan actualizar las políticas de empleo y los sistemas de protección social para acompañar las transiciones entre sectores.
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Otra propuesta clave es incentivar la inversión en capital humano, de modo que las empresas adopten tecnologías que complementen el trabajo humano en lugar de sustituirlo por completo. Asimismo, el informe sugiere crear sistemas de alerta temprana que permitan identificar con anticipación las ocupaciones más expuestas a la automatización, facilitando una reconversión planificada.
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