
La llegada de los drones al estudio de mamíferos marinos representó un cambio fundamental en la investigación científica, al permitir el acceso a datos biológicos inéditos y facilitar la observación de comportamientos que antes resultaban inalcanzables.
Gracias a dispositivos como el SnotBot, los expertos pueden recolectar mucosidad de ballenas para analizar ADN, hormonas y microbioma sin perturbar a los animales, lo que redujo de manera significativa el impacto de los métodos tradicionales. Smithsonian Magazine destaca que esta innovación transformó la forma en que se estudian estas especies.
El interés por recolectar datos biológicos mediante alternativas menos invasivas surgió tras el desastre del Deepwater Horizon en 2010. Iain Kerr, de la organización Ocean Alliance, buscaba nuevas soluciones y, tras una experiencia directa con la dificultad de acercarse a las ballenas y un encuentro fortuito con la mucosidad de un cetáceo, ideó el SnotBot.
Este dron sobrevuela a los animales, recolecta material expulsado por el espiráculo en placas de Petri y brinda información genética, sexo, estado reproductivo y salud general. Actualmente, el SnotBot y tecnologías similares se emplean globalmente para estudiar cachalotes, ballenas azules y delfines. “Diría que los drones han cambiado mi vida”, afirmó Kerr según Smithsonian Magazine.

Nuevas perspectivas y descubrimientos
El uso de drones va más allá de la obtención de muestras biológicas. En la última década, la tecnología se volvió más asequible y sencilla, lo que impulsó su adopción en la investigación marina.
Joshua Stewart, ecólogo del Instituto de Mamíferos Marinos de la Universidad Estatal de Oregón, explicó, en declaraciones a Smithsonian Magazine, que los drones tienen aplicaciones en casi todos los aspectos de la investigación de mamíferos marinos: permiten identificar individuos por características corporales, monitorear el estado físico y de salud, y observar interacciones sociales desde una perspectiva aérea única.
David Johnston, ecólogo de conservación marina en la Universidad de Duke, destacó que la visión desde un barco ofrece información limitada, mientras que la perspectiva cenital de los drones abre nuevas posibilidades de análisis y observación.

Uno de los logros más destacados de los drones fue la observación de comportamientos nunca antes documentados.
Michael Weiss, ecólogo conductual del Centro de Investigación de Ballenas en Friday Harbor, Washington, señaló que en los últimos cinco a ocho años detectó más conductas nuevas con drones que en las tres décadas anteriores.
Un caso reciente documentado en 2025 mostró a orcas usando trozos de kelp para acicalarse, un ejemplo de uso de herramientas registrado tras analizar nueve horas de grabaciones aéreas de 25 ejemplares frente a la costa de Washington. Weiss subrayó: “Nunca habríamos visto este comportamiento sin la vista de pájaro que nos da el dron”, según Smithsonian Magazine.

Ventajas frente a métodos tradicionales y aplicaciones emergentes
A diferencia de los métodos tradicionales, los drones presentan ventajas evidentes. El acercamiento mediante embarcaciones implica riesgos para ambos —animales y científicos—, y el uso de aviones resulta costoso y exige equipos numerosos.
Stewart recalcó que los drones son más económicos, fáciles de operar y requieren un número reducido de operadores. Además, al ser menos invasivos, disminuye el estrés en los mamíferos marinos y mejora la seguridad de los investigadores.
Las aplicaciones de esta tecnología siguen en expansión. Además de la recolección de mucosidad y la observación de conductas, los drones se emplean para colocar etiquetas de seguimiento sobre los cetáceos. Antes, esta actividad requería aproximaciones en bote con pértigas o rifles de aire, pero ahora un dron puede situar una etiqueta adherida mediante ventosa directamente en el lomo del animal, de manera precisa y eficiente, como detalló Stewart.

El potencial de los drones también alcanza al rescate de ballenas atrapadas en redes de pesca. El equipo de Kerr desarrolla un gancho metálico impreso en 3D, que los drones pueden depositar sobre las redes. El propio movimiento del animal facilita la liberación.
No obstante, persisten desafíos técnicos, como la autonomía limitada de las baterías —que rara vez supera los 45 a 60 minutos de vuelo en los modelos pequeños, según Johnston—, y las restricciones normativas que obligan a mantener los drones dentro del campo visual del operador en muchos países.
Pese a estas dificultades, la comunidad científica reconoce en los drones una herramienta con un potencial aún desconocido. Smithsonian Magazine menciona la reflexión de Stewart sobre el futuro del estudio de mamíferos marinos: el avance acelerado de la tecnología impide anticipar los próximos hitos en este campo.
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