
“Cuando surgen burbujas tecnológicas, las personas inteligentes se entusiasman demasiado con un núcleo de verdad.” Con esta declaración, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, introdujo un cambio en el debate público sobre la inteligencia artificial (IA) en Silicon Valley.
Tras años de mensajes fluctuantes entre el optimismo y la alarma sobre la IA y la inteligencia artificial general (AGI), Altman y figuras influyentes como Eric Schmidt, ex director ejecutivo de Google, comenzaron a pedir una postura más moderada respecto al futuro inmediato de esta tecnología, según publicó New York Magazine.
Altman, consultado por periodistas sobre si los inversores estaban demasiado entusiasmados con la IA, aceptó que así era. Recordó la experiencia de la burbuja de las puntocom, señalando que, aunque la tecnología resulta decisiva y el internet supuso un avance concreto, el exceso de entusiasmo puede distorsionar su percepción real.
No abandona del todo sus mensajes previos —a menudo diversos o incluso contradictorios—, pero intenta ubicar a OpenAI lejos de las burbujas especulativas, acercando la empresa a ejemplos de éxito como Amazon y marcando distancia frente a casos como Pets.com o Worldcom.

Reacción de los mercados: preocupación e instrumentos de cobertura
La reacción de Wall Street fue inmediata. Según New York Magazine, los operadores bursátiles comenzaron a mostrar inquietud ante la posibilidad de una corrección en el sector tecnológico.
Bloomberg informó que los denominados “disaster puts” —opciones para protegerse ante caídas bruscas de las acciones— ganaron protagonismo entre los inversores, en busca de cobertura frente a un eventual desplome de los valores tecnológicos en las siguientes semanas.
Esta tendencia refleja que el ambiente de cautela generado por los líderes tecnológicos influye directamente en los mercados financieros.
El debate en torno a la AGI y el impacto internacional
En paralelo, Eric Schmidt, junto a la analista tecnológica Selina Xu, publicó en el New York Times un artículo en el que solicita a Silicon Valley dejar de obsesionarse con la idea de una IA sobrehumana. Esta posición difiere de la que él mismo sostenía hace pocos meses, cuando defendía que la AGI podría abrir una nueva etapa histórica.
Actualmente, Schmidt y Xu invitan a sus colegas a revisar este tipo de mensajes, señalando que tales narrativas provocan dudas y tensiones dentro del sector.
Su artículo, citado por New York Magazine, argumenta que muchos de los avances atribuidos a la AGI —como los alcanzados en ciencia, educación o salud— pueden lograrse gracias a la mejora y el uso responsable de los sistemas de IA actuales. Los autores desafían la idea de un punto de inflexión hacia la superinteligencia, y sostienen que la historia de la innovación demuestra que los progresos suelen ser incrementales, no abruptos.
El politólogo y especialista en IA Henry Farrell —citado por el mismo medio— resalta la relevancia de este cambio: recuerda que Schmidt resultó clave en la creación de una alianza entre Silicon Valley y los responsables de la política de seguridad nacional de Estados Unidos, basada en la hipótesis de que la IA auto-mejorable y la AGI serían decisivas en la competencia tecnológica con China.
Si la apuesta por la AGI se muestra equivocada, gran parte de ese consenso pierde sentido, y Schmidt parece llegar a esa conclusión.

Una nueva etapa: liderazgo más consciente y expectativas ajustadas
Schmidt y Xu recalcan también que, en China, tanto científicos como responsables políticos muestran una actitud menos obsesiva respecto a la AGI que sus pares estadounidenses. En ese país, la IA se concibe como una herramienta útil, no como una amenaza abstracta.
Para los autores, esto refuerza la idea de que el progreso tecnológico suele ser gradual y que los modelos actuales, gestionados con acierto, ya permiten cumplir muchos de los objetivos que se asocian a una supuesta superinteligencia.
La convergencia de los mensajes de Altman y Schmidt apunta, según New York Magazine, a un cambio de clima entre la élite tecnológica de Silicon Valley. Más allá de la cautela individual, el hecho de que ambas personalidades suavicen el discurso dominante sobre la IA y la AGI revela una mayor conciencia sobre el alcance de sus palabras, en especial entre quienes no presentan intereses financieros directos en el auge tecnológico.
La IA sigue representando un tema central en el sector, aunque ahora, tras años de advertencias sobre su potencial disruptivo, las voces más influyentes sugieren evitar el entusiasmo desbordado y mantener las expectativas bajo control.
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