En el marco del proyecto Macintosh, un simple reto sobre una pizza con piña se convirtió en una anécdota que acompañaría la creación de una de las computadoras más influyentes de la historia. Este polémico producto fue usado por Steve Jobs como la fuente de motivación para alcanzar los objetivos para la creación de este computador.
Todo esto se dio en medio de una obsesión que vivía el equipo de trabajo con la pizza con piña y con uno de los restaurantes más famosos del momento, algo de lo que sacó provecho el cofundador de Apple.
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Cómo la pizza con piña motivó la creación de la Macintosh
En mayo de 1981, el equipo de ingeniería de Apple se encontraba trabajando en lo que eventualmente sería la computadora Macintosh. En aquel entonces, el proyecto aún era una abstracción, ya que solo existía un único prototipo basado en un microprocesador Motorola 68000.
Este prototipo, que servía como base para todo el desarrollo posterior, estaba almacenado en una oficina de Mountain View, donde el equipo de ingenieros, encabezado por Burrell Smith, trabajaba en la creación de las primeras placas base de la computadora.
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El equipo estaba compuesto por los ingenieros Burrell Smith, Brian Howard, Daniel Kottke y Bud Tribble, bajo la dirección de Steve Jobs. En aquellos primeros días, el proceso de desarrollo se centraba en las fases más iniciales: la creación de un modelo básico de circuito y la elaboración de los sistemas más elementales.
Pero, además de sus habilidades técnicas, este grupo de ingenieros compartía algo muy importante: un fuerte vínculo personal que se fortalecía con cada pequeño triunfo y, sobre todo, con cada comida compartida.
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Una de las obsesiones de Burrell Smith, el ingeniero que diseñó el primer prototipo de la placa base del Macintosh, era la pizza con piña. Como vegetariano, Burrell había adoptado la piña como su ingrediente favorito para la pizza, un gusto que, como cualquier pasión culinaria, era bien conocido por Steve Jobs. Esta información resultaría ser clave en lo que se convertiría en una historia legendaria.
El día que las nuevas placas de circuito impreso finalmente llegaron al laboratorio de Apple, el equipo estaba listo para dar el siguiente paso en el desarrollo del prototipo del Macintosh. Sin embargo, como era de esperarse en un proyecto de esta magnitud, el proceso de ensamblaje y prueba de los nuevos prototipos no sería inmediato.
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El equipo calculaba que tomaría al menos un par de horas ensamblar las placas, lo que dejaba en duda si lograrían poner en funcionamiento el prototipo antes del cierre de los restaurantes esa noche.
Fue entonces cuando Steve Jobs, conocido por su forma particular de motivar a su equipo, entró en acción. El directivo les preguntó por el avance de los trabajos y propuso un trato. Según el relato de Andy Hertzfeld, ingeniero de Apple, Jobs, al conocer la fascinación de Burrell por las pizzas de piña, les dijo a los ingenieros: “Si consigues que funcione esta noche, te invito a ti y a cualquiera que se quede a comer pizza de piña”.
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El reto fue lanzado, y rápidamente Burrell y Brian Howard decidieron aceptar. Aunque la tarea parecía difícil, dado que el montaje de las placas y la solución de posibles errores requeriría tiempo, la posibilidad de disfrutar de una pizza de piña se convirtió en la motivación suficiente para seguir adelante.
Finalmente, alrededor de las 8 de la noche, el prototipo estuvo listo para ser encendido. Todos en la sala esperaban con ansiedad ver los resultados. Al momento de encender la máquina, el equipo esperaba ver la palabra “hello” en la pantalla, pero lo que apareció fue un patrón a cuadros, lo que indicaba que algo aún no estaba funcionando correctamente.
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Aunque el resultado no fue perfecto, Burrell Smith, lejos de sentirse derrotado, se mostró optimista: “No está tan mal”, dijo, “esto significa que la RAM y la generación de video están más o menos funcionando. El procesador no se está reiniciando, pero parece que estamos bastante cerca”.
A pesar de que la máquina aún no estaba operativa, el trabajo de esa jornada fue suficiente para que el equipo se sintiera satisfecho con los avances logrados. Steve Jobs aprobó el resultado y, como prometió, llevó a su equipo a disfrutar de una pizza de piña en el restaurante favorito de Burrell, “Frankie, Johnny y Luigi’s”, en Mountain View, California.
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Según Hertzfeld, la pizza estaba “buenísima”, y todos compartieron la satisfacción de haber dado un paso más en la creación del Macintosh, aunque fuera una victoria a medio camino.
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