
“Toda Bahía Blanca va a saber que sos un cochino”. La amenaza llegó por WhatsApp, después de varios días de conversaciones e intercambio de imágenes íntimas. La mujer que hasta entonces se presentaba como “Karina Pilar” exigía una transferencia y advertía que había guardado capturas de las conversaciones e incluso de las fotos enviadas para verse una sola vez. Si el hombre no pagaba, las publicaría junto con su cara. El precio de su silencio aumentaba con los mensajes: primero eran 30 mil pesos; después, 50 mil. Si dejaba pasar el tiempo, serían 100 mil.
Detrás de ese perfil estaba Carina Pilar Gottau, una masajista de 50 años conocida como “La Pili”, condenada a cinco años y seis meses de prisión por extorsionar a dos hombres en Bahía Blanca.
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La sentencia, a la que accedió Infobae, reconstruye las amenazas, los pagos exigidos y el terror de las víctimas. También reproduce la explicación con la que intentó defenderse: aseguró que el dinero correspondía a préstamos o a una sesión de masajes que nunca se concretó.
“Eso de: ‘Me das plata o te escracho’, quizás sí lo dije, pero no en el contexto de querer extorsionarlo. Nunca jamás haría eso”, declaró ante el fiscal.
El juez Eugenio Casas, del Tribunal en lo Criminal N° 2, rechazó su versión al contrastarla con las conversaciones y las transferencias. El fallo fue dictado el pasado 14 de septiembre, mediante un juicio abreviado, y dispuso que cumpliera la pena bajo arresto domiciliario por estar a cargo de un hijo con discapacidad.
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“Yo le transfería y ella me volvía a pedir plata de nuevo”
El primero de los hechos comenzó el 22 de diciembre de 2025. Según la reconstrucción judicial, Gottau contactó a un hombre por Facebook y luego continuaron la conversación por WhatsApp. Allí lo instó a intercambiar fotografías íntimas. Una vez que las tuvo, empezó a exigirle dinero bajo la amenaza de difundirlas.
En tres días, la víctima hizo diez transferencias por un total de $255.500 a una cuenta de Mercado Pago a nombre de la mujer. Pero pagar no alcanzaba para terminar con los reclamos.
“Ella me llamaba todo el tiempo por WhatsApp, como para que yo le transfiriera, me pedía plata diciéndome: ‘Bueno dame esta plata, y no te jodo más’. Yo le transfería y ella me volvía a pedir plata de nuevo”, relató el hombre en una declaración incorporada al fallo.
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Nunca llegaron a encontrarse personalmente. Después de denunciarla, la bloqueó. Sin embargo, el temor a que difundiera el material seguía presente cuando declaró: “Cuando empezó a pedirme plata, sentí miedo de que publicara todo. Todavía tengo miedo de que las publique”. Tampoco buscaba recuperar el dinero.Recurrió a la Justicia por temor a la publicación de las imágenes.

Meses después, la modalidad se repitió con otro hombre. El fallo estableció que el contacto comenzó el 2 de mayo de 2026, también por Facebook, y siguió por WhatsApp. Durante esos días mantuvieron conversaciones frecuentes e intercambiaron imágenes sexuales de manera voluntaria.
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La madrugada del 8 de mayo, alrededor de las 2.20, empezaron los mensajes intimidatorios. Gottau le exigió dinero y le advirtió que podía publicar las imágenes y las conversaciones privadas. La amenaza incluía exponerlo en su entorno: decía que sabía dónde trabajaba y que también podía ir a escracharlo a su casa.
“M.pssas la plata o t escracho ya (SIC)”, escribió. A ese mensaje le siguieron otros que acortaban los plazos y elevaban las sumas: “No espero más. 5 minutos t doy y borros todo (SIC)”, “S m das mañana t sube a 100 mil. Y ojo CN lo que haces xq s dnd trab (SIC)” y “Mejor 150 vale eso q t respeten noo (SIC)”, según las transcripciones de la sentencia.
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Entre las 3.27 y las 3.32, el hombre hizo cuatro transferencias por un total de $59.000. Los pagos quedaron registrados en su teléfono y fueron corroborados con los informes de Mercado Pago. Aun así, los reclamos continuaron.
En la denuncia contó que había recibido 16 llamadas por WhatsApp y otras dos por la línea telefónica. Dijo que su prioridad era que cesara el hostigamiento, pidió medidas de protección y anunció que cambiaría su número por temor a seguir recibiendo mensajes.

“No sé lo que es una extorsión”
Cuando declaró ante el fiscal Rodolfo de Lucía, Gottau reconoció los contactos con los dos denunciantes, el intercambio de imágenes y la recepción del dinero. Su explicación fue que esos pagos tenían otro motivo y que había amenazado con publicar el material para que dejaran de enviarle contenido sexual.
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Sobre el primer hombre, sostuvo que le había consultado por sus servicios de masajista y que una parte del dinero correspondía al adelanto de un turno que no llegó a realizarse. El resto, aseguró, había sido ayuda económica.
“Yo realmente cuando le dije que necesitaba plata, yo ni para este caso ni para el otro, no entendí que estaba haciendo... no lo tomé como una extorsión”, dijo.
Al referirse al segundo denunciante, describió un vínculo en el que hablaban durante el día y la noche, y tenían planes de conocerse. Según su versión, él se había ofrecido a ayudarla porque tenía poco trabajo y ella pensaba devolverle el dinero.
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“Él también me mandaba vídeos también tocándose, pidiéndome fotos. Y yo como que también me había cansado de todo el tiempo mandarme fotos, fotos desnudo, de su miembro, tocándose, como que me parecía que ya no lo quería conocer”, sostuvo.

“Yo le había dicho que si no la terminaba, lo iba a escrachar. Quería que se terminara la situación de que me mandara vídeos y cosas. (…) Yo la verdad no entendí... no sé cómo explicarme que yo no extorsioné a nadie, es más borré las cosas”, expresó.
Durante la declaración le exhibieron los mensajes en los que aumentaba las exigencias. La respuesta fue: “Eso de mejor 30 o 50 era lo que necesitaba... él me dijo que cobraba y me daba”. Sobre la amenaza de escracharlo, agregó: “No sé por qué dije eso de ‘Te escracho’... No lo dije con intención”.
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Para el juez, esas explicaciones no resistían el contraste con las pruebas. Las conversaciones, los horarios de los mensajes y los movimientos de dinero permitían establecer que los pagos eran consecuencia de las amenazas.
“Puede ser que la señora Gottau no sepa lo que significa la palabra extorsión como concepto jurídico”, escribió Casas. Pero señaló que no podía desconocer el alcance de sus palabras ni que exigía dinero a cambio de no publicar las fotografías íntimas. “No puede desconocer que esta maniobra no es correcta, ni legal, independientemente del nombre jurídico que tenga la misma”, concluyó.

La revisión del teléfono de Gottau también permitió encontrar capturas de conversaciones e imágenes íntimas de otro hombre, junto con un mensaje que decía: “T aseguro q te van a conocer en White y alrededores”, en referencia a Ingeniero White.
El fallo señaló que ese hallazgo podría estar relacionado con otra posible víctima de maniobras similares, aunque la condena comprendió únicamente los dos hechos acreditados.
Al fijar la pena, el magistrado consideró como atenuante la falta de antecedentes penales. La prisión domiciliaria fue dispuesta mientras se mantenga la circunstancia que la fundamenta: el cuidado de su hijo con discapacidad, acreditado mediante un certificado y un informe social. Además, ordenó el decomiso del Motorola Moto E13 utilizado para cometer las extorsiones.
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