
En diciembre de 2021, el automovilista Gabriel Pressavento tuvo su día de trueno. Se consagró campeón del Campeonato de Rally Federal en la categoría R2F junto a su navegante. Tenía raza en la competición, era hijo de Juan Carlos, “El Mono”, pionero del rally en la provincia de Buenos Aires. También tenía una historia que nadie le recordaba, que tal vez había dejado atrás. En noviembre de 2015, el Tribunal Oral Federal N°6 lo condenó por el delito de comercio de estupefacientes.
Esa vez, cayó con otros ocho cómplices que lo apodaban “Perico”, “Tony”, o “Compadre”, algunos de ellos de nacionalidad colombiana. Uno de ellos se destacaba del resto: era Fernando Marcelo Bravo, en ese entonces principal de la División Operaciones Federales de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal. El corredor no estaba lejos del rubro, trabajaba como apoderado de una empresa de seguridad privada en ese entonces. También había sido policía. Pressavento llegó a cabo primero en la Federal, con un retiro obligatorio en 2012.
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A Pressavento y a Bravo, según la condena en su contra, les imputaron una jugada detectada en escuchas que databa de 2012, una mexicaneada para intentar robar con un falso operativo un supuesto lote de 500 kilos de cocaína, robada a un hombre de nacionalidad colombiana y oculta dentro de maquinaria agrícola, en algún lugar de un conocido country de Tigre.
Su defensa peleó con fuerza. Al final, solo le dieron tres años en suspenso.
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Luego, Pressavento vivió su vida. Corrió con su auto, salió campeón, hasta ayer.

Ayer miércoles por la tarde, la Dirección de Investigaciones de Delitos Federales bajo la Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos y Crimen Organizado de la Policía Bonaerense lo arrestó en Flores con su pareja. Se llevaron sus trofeos de rally, incluso el que recibió a fines del año pasado cuando salió campeón.
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Otra vez, Pressavento caía por narco. Ahora, lo acusaban de vender droga al por mayor, ser el proveedor de dealers.
Lo habían caminado durante seis meses, escuchas telefónicas incluidas, una causa del Juzgado Federal N°2 de Morón con el magistrado Jorge Rodríguez, el secretario Ignacio Calvi y el fiscal Santiago Marquevich. Hubo otros cinco detenidos, las incautaciones clásicas, armas, vehículos, documentación, teléfonos. En la lista estaba incluida una quinta en Ingeniero Maschwitz que Pressavento había ocupado semanas atrás. Allí se escondió, casi sin salir, un poco paranoico, poco después de que la Policía Federal encontrara una tonelada y media de cocaína en Rosario, con presunto destino a Dubai.
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La quinta es una insignia de la historia narco argentina. Fue allanada en 2008, cuando fue usada para montar un laboratorio de metanfetamina por el mexicano Jesús Martínez Espinoza, con oscuros vínculos al triple crimen de General Rodríguez. El casero le recordó la historia a la Bonaerense después de que rompieron el portón con un ariete. Había poco más de 12 kilos de polvo en el sótano del luegar. No había relación con la vieja causa. Todo era una coincidencia.
La pareja de Pressavento, Mónica, también fue detenida. Según la acusación en su contra, tiene su parte en la historia.
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Los detectives de la Dirección de Investigaciones de Delitos Federales habían llegado al dato de que Pressavento y su séquito se dedicarían al comercio mayorista en la zona oeste y en Capital Federal. El corredor no fue identificado con sus viejos alias. Era “Gaby” a secas esta vez. También, se hablaba de un chofer, ex policía.
Se hallaron números de teléfono. Entonces, comenzaron las intervenciones. Un local de artículos de mascotas era empleado como pantalla para mover la droga, así como una firma de seguridad privada. Mónica, casualmente, se encuentra registrada en los rubros de venta de alimento de mascotas de la AFIP. Por otra parte, también se encuentra involucrada en la empresa de seguridad, con oficinas en la calle Quito en Almagro: Mónica figura como una de dos responsables de la firma ante el Gobierno porteño. Entre sus servicios, ofrecen “custodias de mercaderías”.
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Se encontraron líneas dealer, clientes que luego revendían en el barrio INTA de Villa Lugano, que fue allanado, con dos lugartenientes, alias “Juje” y “Palermito”.

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