
En junio de este año, María Fernanda, una empleada pública de 59 años, vecina de la zona de Parque Centenario, ofreció en venta Facebook una propiedad que pertenecía a una amiga suya y publicó su número de teléfono como contacto. Ese mismo día, fue contactada por un tal Marcos, que comenzó a escribirle por WhatsApp, interesado por la oferta.
Así, la charla continuó. Cuatro días más tarde, acordaron un encuentro para ver la propiedad. El hombre, sin embargo, le dijo algo curioso. Le pidió que lo cubra con una gauchada. Aseguró que trabajaba para una empresa privada de correos y que como iría a la cita en un camión de la empresa, la mujer debería activar un código que le enviaría el hombre para despistar al GPS del correo. Un código fue la clave.
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María Fernanda dijo que sí, ningún problema. Poco después, tras activar el mecanismo, perdió el control de su cuenta de WhatsApp. Se había regalado, literalmente.
En paralelo y a gran velocidad, sus contactos comenzaron a recibir el mismo mensaje, un pedido de ayuda ante una necesidad económica urgente. La foto de perfil con la que se enviaron estos mensajes era, precisamente, la cara de la mujer de Parque Centenario. Uno de sus vecinos atendió el pedido. Quien estaba detrás del teléfono, un poco desesperado, pedía el dinero que el vecino pudiera entregar. Acordaron un monto, 14 mil pesos, lo que el vecino tenía encima. La supuesta María Fernanda entregó para el giro un número de CBU. El vecino nunca lo depositó. Otra amiga, llamada Gladys, cayó en la trampa pero con un giro más modesto. Envió 400 pesos.
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Así, la verdadera María Fernanda realizó una denuncia en la Policía de la Ciudad. El número de CBU resultó ser una prueba clave.

Ese número, descubrió una investigación a cargo del Juzgado N°4 con el magistrado Martín Yadarola, estaba a nombre de un tal Matías Raúl Maineri, 40 años, domicilio fiscal en Virreyes. Pero Maineri, descubrieron los investigadores, estaba lejos de casa. La Policía de la Ciudad lo allanó este último fin de semana en su celda del penal de Magdalena, con tareas de la división Delitos Informáticos Complejos. También allanaron la celda de otro detenido, Germán Alfredo Mendieta Bervis, también ligado a la causa. Ambos, descubrió la Justicia, están detenidos por el delito de homicidio agravado.
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Mendieta escondía tres teléfonos en su celda, Maineri otros dos. También, el hombre de Virreyes guardaba un cuaderno de anotaciones en el taller de carpintería donde participaba: el cuaderno, según investigadores del caso, contenía información de varias supuestas estafas.
También se determinó que uno de los números de teléfono con el que contactaron a María Fernanda fue registrado en una empresa de telefonía con un documento falso. Ese número fue otra clave que llevó a Mendieta: un impacto de IMEI reveló una conversación con “Germán”, también oriundo de Virreyes, preso en el pabellón número 12 de la Unidad N°35 del SPB. Hubo otras coincidencias más groseras. La cuenta de Mercado Pago con la que la amiga de la víctima pagó los 400 pesos también estaba a nombre de Maineri.
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Los dos presos, supuestamente, no actuaron solos. El Juzgado N°4 determinó que la maniobra no podría haber ocurrido sin apoyo exterior, en un clásico truco de phishing, donde delincuentes roban la información de sus víctimas con historias elaboradas para ir por sus contactos o sus cuentas bancarias. Así, fueron por su familia, parientes inmediatos de Mendieta, todos en Virreyes, que terminaron detenidos.

Lejos de amendrentarse, los presos siguieron con sus cuentos impunes. La triangulación de datos llevó a intervenir teléfonos. Hay escuchas sumamente llamativas. Una de ellas fue registrada el 2 de julio por la noche, desde el penal de Magdalena.
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Amigo: ¿Qué onda amigo?
Preso: Eh, chocho, estamos acá con el Roger, ¿viste? Escuchame, viste que hackearon a uno. Bueno escuchame, viste, yo hago eso, de un Whatsapp, hackeo. Otro WhatsApp, le digo “llamame llamame, anotate este número”. Y pum, le mando el código. Cualquier cosa me pasas el número a mí y le armamos bardo.
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Amigo: Igual, nosotros estamos por hackear otro en el Facebook.
En octubre, tres meses después de esta llamada, Mendieta hablaba de otras esperanzas en su línea. Consultaba a las autoridades por los informes pedidos para gestionar su libertad condicional.
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