El 19 de noviembre pasado, la Policía Federal derribó la puerta del consultorio en la calle Argerich de Anastasia Ipatova, oriunda de Moscú, pero que vivía aquí desde 1998. Era una especialista, experta en micropigmentación con su propio spa, Shura Beauty, con la pared de su oficina decorada con certificados. Se dedicaba a importar cosas, aparentemente. Información de su ficha de la AFIP indicaba que entre 2018 y 2019 Ipatova había pedido ingresar material al país del extranjero en 11 rubros distintos, desde artículos de plástico, plumas y caucho hasta herramientas, artículos para fundición o partes para reactores nucleares.

La Federal la encontró en el consultorio, le incautaron cheques, pasaportes, su alhajero con 30 joyas, 5 teléfonos, sus notebooks, una Ford Eco Sport y otro vehículo. Luego la arrestaron y se la llevaron, no por importar cosas lícitas, sino por algo mucho más complicado.

En el depósito de la firma global de transporte DHL de la calle Larrazabal hallaron un cilindro de pesado metal que parecía ser un rodillo. Era un bulto de 244 kilos que había llegado desde España con el nombre de un remitente en Madrid y un destinatario porteño de 31 años con un número de CUIT. En los papeles, ese destinatario es empleado desde 2014 de la Policía Federal Argentina, algo que la Justicia considera un dato falso, un engaño puesto a propósito.

Anastasia Ipatova, detenida por el envío de MDMA
Anastasia Ipatova, detenida por el envío de MDMA

También se encontró en DHL una factura adjunta al envío y un cheque por el pago del traslado del cilindro: $ 247 mil pagados con un cheque del banco Creedicop. La titular de ambos es Anastasia. Por eso la detuvieron y la causa quedó a cargo del Juzgado en lo Penal Económico que encabeza Ezequiel Berón de Estrada. El rodillo había sido marcado días antes con una bandera roja. La Aduana fue alertada. Así, hombres de la Federal abrieron el rodillo con una sierra: encontraron 31 kilos y medio de MDMA puro, el principio activo del éxtasis, material suficiente, según el secretario de Seguridad Eduardo Villalba, para fabricar al menos un millón de pastillas.

Así, Anastasia se convirtió en una de las partes elementales de una compleja investigación en la que participaron la PROCUNAR, el ala de la Procuración dedicada a delitos de narcotráfico, encabezada por el fiscal Diego Iglesias, la Aduana argentina y la Justicia española. Sin embargo, está lejos de ser la única pieza: hubo allanamientos en la Ciudad de Buenos Aires y en Isidro Casanova, capturaron a asesores y licenciados en comercio exterior y a un hombre llamado José Luis Lavin, el despachante de Aduana vinculado al envío. Hubo también una empresa vinculada al rodillo dedicada al servicio internacional de transporte de cargas, que al ser anoticiada colaboró en la investigación.

A través de esa empresa, en septiembre del año pasado, se despachó otro envío dirigido desde Argentina hasta Valencia, España, otro objeto con forma de cilindro. La Unidad Central de Drogas y Crimen Organizado de la Policía Nacional de España se encargó de analizarlo: tenía 19 kilos de cocaína en su interior.

El cilindro peritado por la PFA con el MDMA en su interior.
El cilindro peritado por la PFA con el MDMA en su interior.

El envío había sido detectado en Argentina, un hallazgo de la Aduana. Así, se pactó una entrega controlada. Sus presuntos remitentes tardaron en aparecer. Finalmente, el 3 de octubre, dos hombres de nacionalidad colombiana y una mujer oriunda de Rumania con domicilios en Madrid, Valencia y Alicante se presentaron para retirar el paquete en una camioneta. Quedaron detenidos en el acto. Declararon que no eran los dueños, que simplemente les pagaron para ir a buscar el material.

De vuelta al rodillo con el MDMA granulado, el recipiente fue vaciado para una entrega controlada, se le colocaron piedras y un rastreador. El despachante José Luis se había comunicado con DHL desde su teléfono celular para reclamar el pedido, pero el dueño real, o el que la Justicia sospecha que sería el dueño real, es alguien mucho más enigmático. Un e-mail finalmente identificó al supuesto propietario, una empresa dedicada en los papeles al negocio de los fertilizantes que ya había recibido alertas en su contra por supuestas facturas apócrifas. Sin embargo, en sus domicilios “no hay nadie, no tiene actividad, es una pantalla", aseguró una fuente del caso.

Granulado: el MDMA dentro del envío.
Granulado: el MDMA dentro del envío.

Así, dos hombres llegaron a DHL para llevarse el rodillo. Tras cargarlo fueron arrestados.

El 20 de diciembre pasado, el juez Berón de Astrada procesó a Ipatova como partícipe necesaria de la maniobra, con prisión preventiva incluída. El procesamiento la señala directamente como “la importadora” del rodillo con droga. José Luis Lavin, aseguró ella, es su pareja. También fue procesado con la misma calificación.

En su indagatoria, la cosmetóloga aseguró ser engañada por su propio marido:

"Desconozco absolutamente la razón de por qué aparezco como importadora de la encomienda que se me imputa, ni siquiera viviendo con Lavin bajo el mismo techo escuché nada de todo esto. Le tengo total confianza a Lavin… Por eso, siendo Lavin mi pareja y a quien más confianza le tenía, y por practicidad de que él siempre estaba en Microcentro y yo en Devoto, lo autoricé a que realice los pagos a los proveedores…”, aseguró.

El rodillo, por otra parte, es parte de una tendencia. El contrabando de drogas por correo en los últimos años permitió a los traficantes locales diversificar su negocio y reducir sus riesgos: 31 kilos de MDMA implican un altísimo potencial de producción si el envío cruza los controles. El Correo Argentino también sirve. En los últimos años, algunos delincuentes en Argentina se dedicaron a camuflar cocaína de alta pureza para enviarla a puntos en China y Tailandia. Las incautaciones de sustancias como MDMA en forma líquida también se repiten con cierta frecuencia. Pero como el rodillo, 31 kilos y medio de golpe, nunca, la carga individual más grande de la historia argentina.

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