
María Eugenia Cadamuro (46) desapareció el 15 de marzo de 2017 en su casa familiar en la ciudad cordobesa de Jesús María. En su vivienda habían quedado las luces prendidas y el auto estaba abierto. En los siguientes tres meses no se supo más nada de ella y su búsqueda había tomado difusión a nivel nacional.
Finalmente, el 16 de junio de ese mismo año la mujer fue hallada muerta. Su cuerpo estaba envuelto en un cubrecamas y enterrado en una fosa de un metro de profundidad en un campo de la localidad de Villa Gutiérrez, a la vera de la ruta 60. Cadamuro había sido acribillada: había recibidos dos disparos de una escopeta calibre 16 -arma que nunca apareció-, uno en la cabeza y otro en la espalda. La autopsia determinó que presentaba un grado de descomposición compatible a los 90 días.
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Desde el principio, las sospechas recayeron en uno de los hijos de la mujer, Pedro Jeremías Sanz, de 23 años. De hecho, dos semanas después de la desaparición, el fiscal Raúl Almeida ordenó a la Policía de Córdoba la detención del joven, bajo la imputación de privación ilegítima de la libertad.
Hoy, la Cámara Octava del Crimen, tras la decisión unánime de un jurado popular, condenó a prisión perpetua a Jeremías Sanz por el delito de homicidio triplemente calificado por el vínculo, violencia de género y alevosía.
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El fiscal de la Cámara Hugo Almirón no reveló el posible móvil del crimen, pero aseguró que está probado que fue él quien la asesinó. Los investigadores hallaron, entre otros elementos, un par de guantes que fueron cotejados. Los resultados dieron pie a la hipótesis de un presunto cómplice que haya colaborado con el asesino, para ocultar el cadáver: en uno de los guantes detectaron un perfil genético correspondiente a un amigo de Sanz: Nicolás Rizzi.
Rizzi está detenido en una cárcel de Cruz del Eje, acusado de encubrimiento agravado. Fue el último testigo en dar testimonio. Confesó que en su primera declaración en la causa mintió para cubrir a su amigo. Contó que la noche de la desaparición Sanz lo llamó para pedirle ayuda. Dijo que él lo llevó hasta el descampado, donde ambos enterraron el cuerpo de Cadamuro.
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Jeremías Sanz desestimó la declaración de Rizzi. “Niego categóricamente sus mentiras. Yo no maté a mi madre. Soy un ser humano que puede tener defectos pero nunca haría algo así”, dijo durante el juicio. “Esto es una injusticia. Vengo padeciendo infinidad de cosas. Acá lo mas importante es que a mi madre me la quitaron. Y metieron en el proceso a mi familia y a mí”, agregó el joven, a quien además le decomisaron su camioneta e inhibieron sus bienes.
Aunque se haya resuelto el caso de Jeremías Sanz, la investigación seguirá abierta. En el fallo, el Tribunal también hizo lugar al pedido de Almirón quien solicitó profundizarla para determinar si existen más responsables del crimen. El fiscal puntualizó sobre la hermana de la víctima, Mabel Cadamuro, y el cuñado de ella, Facundo González. “Tenían un claro interés en la desaparición de la víctima”, dijo a los medios locales.
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