
Carla Salvatore intentó conmover a los jueces del Tribunal Oral Federal de Resistencia cuando 14 meses atrás, sentada en el banquillo de los acusados, lanzó la sombra del desamor y la ausencia sobre la figura de su padre muerto, Carlos Salvatore, el narco argentino más poderoso (de los conocidos y caídos en desgracia), el cerebro detrás del caso “Carbón Blanco”, por el que fue condenado a 21 años de prisión después de enviar toneladas de cocaína a España y Portugal.
Carla, en ese momento de 36 años, la primera hija del primer matrimonio de Salvatore, presentó ante los jueces una historia marcada por la distancia justamente para alejarse de la noción de culpabilidad que pesaba sobre ella en relación a los negocios que armaba su padre para convertir el dinero sucio del negocio de las drogas en trigo limpio: “Yo tenía la ilusión de tener un buen vínculo con mi padre. Pero nunca fui de su círculo íntimo ni de confianza”, declaró.
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Los jueces chaqueños que debían resolver la causa paralela a Carbón Blanco, la de los delitos económicos por el lavado del dinero adquirido por la asociación ilícita cuyo jefe era Salvatore padre, le creyeron. Carla Yanina Salvatore D’Ursi fue absuelta, sin demasiadas fundamentaciones según apeló el Ministerio Público Fiscal, que había pedido cinco años de prisión para ella. Y volvió a su casa.
Carla fue la única de todos los imputados -entre los que estaba también la última esposa del jefe del clan- que salió ilesa de los Tribunales de Resistencia y lo celebró con una fiesta en su casa. Con la fastuosidad heredada vía ADN paterno (Salvatore un hombre que se caracterizó por una sed de poder y dinero insaciables que lo llevó a morir esposado a una cama de hospital), invitó a sus seres querido a la Fiesta de la Justicia o “Justice Party”.
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Mientras Carla Salvatore celebraba su absolución, el fiscal federal de Resistencia, Federico Carniel, se quedó con el sabor de la injusticia. Y apeló el fallo porque considera que la liberación de Carla Salvatore del delito de lavado de activos de origen delictivo “adolece de vicios de fundamentación”. Además, apuntó contra los jueces por haber valorado “erróneamente” prueba y ser contradictorios en sus argumentaciones. Por su parte, la Unidad de Información Financiera sostuvo que el tribunal previo había incurrido en una errónea aplicación de la ley.
¿Qué es lo que cree Carniel que Carla Salvatore hizo y no fue considerado por los jueces? Se lo escribió al Tribunal Federal de Casación: que su aporte a la empresa de su padre fue fundamental. ¿Por qué? Porque contribuyó dolosamente -mediante su labor en el mercado de intermediación inmobiliaria- a que bienes originados en hechos ilícitos adquirieran apariencia de licitud.
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Martín Olari Ugrotte, como abogado representante de la Unidad de Información Financiera en el juicio, había pedido siete años de prisión para Carla y tras el fallo de los jueces de Resistencia también apeló y apuntó contra ellos: “Se encuentra acreditado que Carla Yanina Salvatore D´Ursi insertó en el mercado formal capitales provenientes de la actividad ilícita de su padre mediante la efectiva comercialización de inmuebles”.
Los investigadores, en efecto, creen que lejos de tener una relación distante con su padre, Carla era una tentáculo importante y efectivo de la organización ya que conocía las propiedades, los negocios y la situación de Salvatore ante la Justicia.
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Además de Carla, la asociación ilícita estaba integrada por la última esposa del jefe, Silvia Susana Vallés Paradiso, por el padre de ella, Santiago Vallés Ferrer, y por Ricardo Gassan Saba, socio de Salvatore. Todos condenados en primera instancia a siete, siete y medio y nueve años de prisión respectivamente.
Con lo que juntó de la venta de cocaína en Europa (la mandaba escondida en bolsas de carbón que salían de Quitilipi, Chaco) el jefe deplegó sociedades aparentemente legales que manejaban los otros imputados con el fin de lavar el resto de la plata. Algunos de esos bienes los administraba Carla; concretamente, decenas de departamentos.
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Carla declaró en su indagatoria que “las sociedades solo se formaron para poner el departamento a nombre de la sociedad, las sociedades no se dedican a ninguna actividad, no trabaja la sociedad".
Sin embargo, los fiscales atribuyeron a Carla haber participado en la circulación, administración, venta y transferencia de activos. De esta forma, por caso, compró con fondos de procedencia ilícita una Ford Ecosport en julio de 2013, un Fiat Palio Adventure el mes siguiente, un departamento en el partido de Malvinas Argentinas y haber ingresado al sistema financiero fondos de procedencia ilícita, entre agosto y diciembre de 2012 por $265.724 en una cuenta del BBVA Francés, de los cuales $165.125 fueron realizados en efectivo. En dicha caja se acreditaron fondos producto de transferencias y depósitos en efectivo que no fueron respaldados con la documentación correspondiente.
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En ese mismo momento Carla Salvatore, que había conseguido el título de martillera pública, abrió con un socio la firma CEC Brokers que comercializaba inmuebles en Capital Federal y en Mar del Plata y “habría sido constituida al solo efecto de brindar apariencia lícita a la comercialización de determinados inmuebles vinculados al Grupo Salvatore”, según denunciaron los investigadores.

Los representantes de la Unidad de Información Financiera agregaron que ella sabía lo que hacía su padre y que rn las excusas que planteó en el juicio no logró explicar todos los movimientos administrativos que fue haciendo.
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Sin embargo, los jueces del Tribunal la absolvieron porque consideraron que el patrimonio de la imputada se encuentra justificado en su actividad comercial, que es la intermediación inmobiliaria), y que no se pudo acreditar una conexión entre Salvatore D´Ursi (junto con Salcroi S.R.L. -la sociedad que integraba con su marido, Esteban Fernando Croitoru y que tenía como nombre comercial CEC Brokers) y las maniobras de lavado de activos de “Grupo Salvatore”.
El mecanismo de lavado del clan consistió en la constitución de un complejo entramado de sociedades comerciales sin actividad real, creadas solo para inyectar el constante flujo de dinero proveniente del narcotráfico. Salvatore, consideró la Justicia, ocupaba un rol central en las sociedades pantallas o designaba a personas de su círculo íntimo, así metió a su hija. Y tuvo una amplia diversificación de actividades económicas, que van desde la construcción de edificios en Mar del Plata hasta la producción cinematográfica.
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Las operaciones de lavado incluyeron además la utilización de una organización sin fines de lucro llamada “Fundación Salvatore para el Estudio e Investigación de Enfermedades, Tratamientos y Recuperación de Pacientes”, que tenía como objeto presunto realizar actividades académicas, de diagnóstico, rehabilitación y reinserción social de pacientes, entre otras.

Para los fiscales, en efecto, la intermediación inmobiliaria de Carla era justamente el montaje perfecto para mover los departamentos que compraba Salvatore con plata de la venta de cocaína. “Las ofertas efectuadas por la organización, comparadas con valores de mercado fueron cuanto menos, atípicas”, remarcaron los fiscales para quienes en el juicio quedó claro que las inversiones realizadas por la organización en Mar del Plata “no tenían como objeto primario apostar a un proyecto inmobiliario real ni redituable, sino que se buscaba la colocación del dinero proveniente del narcotráfico en obras, y en dicho esquema, el recupero o ganancia era una consecuencia posible, pero secundaria".
Por eso consideran que la empresa de Carla fue “clave en el esquema de reciclaje de activos de origen ilícito" y una de las pruebas es un mail que Carlos Salvatore mandó a su contadora para que arme la SRL Salcroi: “Necesitan cuanto antes la sociedad, comienzan a trabajar con art. importados de EEUU, y quieren adquirir teléfonos por flota, cambiar el auto etc. etc. es realmente urgente. Obviamente con trámite de Cuit. y lo que necesiten” (SIC).
Además en varias operaciones Salvatore usaba como datos de su empresa (otra) Salvatore Construcciones los de CEC Brokers. Este dato, según los fiscales no fue ponderado por los jueces que absolvieron a la hija del jefe.
Pero los jueces de primera instancia consideraron que Carla Salvatore justificó su actividad comercial y que no pudieron confirmaron el vínculo de ella con los negocios sucios de su padre y que el patrimonio de la imputada no era exorbitante.
Pero la causa llegó a la Sala IV del Tribunal Federal de Casación, integrado por los jueces Gustavo Hornos, Mariano Borinsky y Javier Carabajo. Y en un fallo publicado días atrás los jueces resolvieron que había que revisar la situación de Carla Salvatore.
Por eso, los magistrados revocaron la absolución en un fallo de más de más de 100 páginas. “Los fundamentos y motivaciones en la que se sustentó la absolución resultan también carentes de basamento probatorio pues revisten una argumentación aparente”, remarcó el Tribunal.
“Es una más del clan Salvatore, que prestó su nombre para lavar plata, concretamente en la comercializacion de departamentos junto a su marido”, comentó una fuente de la investigación a Infobae.
Excepto los jueces del Tribunal Federal de Resistencia, todos creen que Carla sabía lo que hacía su padre. “Disfrutaron de los beneficios del papá empresario, en todo momento ella quiso dejar claro que era la bastarda, que el padre la odiaba, pero cuando el padre le armó una SRL para poner una inmobiliaria no se negó, y menos le preguntaba al padre que la odiaba de dónde venían esos departamentos”, ironizó una fuente de la causa.
“Hay muchas pruebas, escuchas, mails y los papeles de las sociedades que indican dos cosas: ella lavaba a través de la venta de departamentos y no podía desconocer que su papá era un narcotraficante”, comentó, antes de usar el sarcasmo para definir el probable futuro de Carla Salvatore: “Si cuando la absolvieron hizo la fiesta de la Justicia, en unos meses tal vez hará la Fiesta de la Cárcel”.
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