El viernes en un departamento de San Fernando, el ilusionista Leonardo Fernández, que actuaba en fiestas y cumpleaños de 15, y su pareja y asistente Jessica Cíngola fueron encontrados muertos; las autopsias revelaron varias puñaladas. El cuerpo de Fernández presentó una doble fractura de cráneo. El doble crimen, sin embargo, se convirtió en una investigación de dos despachos con un trabajo comandado por la Policía de la Ciudad con asistencia de efectivos de la DDI de San Isidro de la Policía Bonaerense.
El hallazgo de los cadáveres disparó una causa a cargo del fiscal Fernando Musso. Por otra parte, hubo una coincidencia que motivó la intervención del juez porteño Gustavo Pierretti. Dos días antes de la aparición de los cadáveres, vecinos de Parque Patricios alertaron al 911 por ruidos extraños que se oían en una casa sobre la calle La Rioja al 1700.
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La Policía de la Ciudad al llegar al lugar encontró una camioneta Ford Eco Sport que pertenecía al dueño de esa casa, precisamente el mago Leonardo Fernández. El hombre en la camioneta, llamado Alexis Bonnet, oriundo de Don Torcuato, fue detenido en el acto.
La casa fue inspeccionada: los cajones y guardarropas habían sido revueltos. Era evidente un intento de robo, o un robo consumado.
Poco después, Rubén Andrés Grasso, el supuesto dueño del departamento en donde fueron asesinados Fernández y su pareja, fue detenido en un hotel de San Fernando, acusado de ser el supuesto asesino. El robo a la casa de Fernández indica que Bonnet y Grasso, si es que son culpables del doble crimen, sabían algo y lo buscaban.
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Mariela, la madre de Jessica, aseguró en declaraciones televisivas que su hija y el mago “Alex” habían vendido un departamento en 150 mil dólares.

Entonces, si el móvil del doble crimen fue el dinero, si efectivamente Bonnet y Grasso invitaron a la pareja a cenar para matarla y desvalijarla, ¿qué necesidad los motivó? El perfil comercial y crediticio de Grasso contiene información reveladora al respecto.
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El sospechoso, de 36 años, tuvo ocho empleos en blanco en los últimos 12 años, en guarderías de la zona y empresas de seguridad privada. Había perdido su último trabajo en febrero, en una empresa ferroviaria. Arrastraba al momento del crimen una deuda de más de 480 mil pesos entre microcréditos y entidades bancarias que le habían dado dinero; su estado había pasado del amarillo al rojo en los últimos meses.
Al ser detenido, Grasso tenía un sobre de cocaína, dos teléfonos celulares, 500 pesos y, como si fuera poco, guardaba entre sus pertenencias el DNI de una de las víctimas fatales. La calificación en su contra es de “robo en ausencia de moradores y privación ilegítima de la libertad seguida de homicidio”.
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Mientras tanto, los investigadores del caso investigan otro móvil: una pista ligada a la venta de drogas. Se cree que Fernández, según aseguraron fuentes cercanas a la investigación a Infobae, habría estado involucrado junto a Grasso y su hermanastro, buscado como prófugo en la causa, en situaciones de menudeo narco. El mago “Alex”, por otra parte, había dejado el ilusionismo “hace años”, dice el investigador.
La casa de Fernández fue registrada por la Policía de la Ciudad en horas del mediodía. Se encontró cocaína en el lugar.
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