Elizabeth Zurita, muerta a los 33 años en un hospital de Baradero: la Justicia investiga las lesiones que sufrió.
Elizabeth Zurita, muerta a los 33 años en un hospital de Baradero: la Justicia investiga las lesiones que sufrió.

La ciudad bonaerense de Baradero está conmovida después de que Elizabeth Zurita, una interna psiquiátrica de la institución Asociación Pro Ayuda a la Niñez Desamparada (APAND), murió este martes a los 33 años luego de complicaciones cardiorrespiratorias en el hospital municipal Lino Piñeiro. Zurita llegó al lugar en un remise salvajemente golpeada, en condiciones de extrema fragilidad que le habrían causado la muerte.

El caso no es el primero y se suma a una serie macabra de denuncias de golpizas y torturas a la institución, una prestataria que aloja a pacientes de condiciones psiquiátricas graves de diversos lugares de la región (desde la ciudad de Buenos Aires hasta la provincia de La Pampa), a afiliados de obras sociales como IOMA, que brinda cobertura a los empleados estatales de la provincia de Buenos Aires.

Mientras tanto, la población baradense se moviliza en busca de respuestas sobre la responsabilidad de Teresa Zuloaga, cabeza de la institución.

"Entró al hospital con la cara desfigurada y hematomas en todo el cuerpo" dice Jorge Silveyra, sobrino de Elizabeth Zurita: "Nos habían dicho que estaba en la guardia, pero estaba en terapia intensiva conectada a un respirador artificial".

Las heridas en el cuerpo de Elizabeth.
Las heridas en el cuerpo de Elizabeth.

Elizabeth tenía un retraso madurativo severo y ataques de epilepsia que determinaron su internación. Las sensibles imágenes a las que accedió Infobae muestran los golpes que su cuerpo mostraba antes de morir.

"Fue ingresada el 18 de julio y según los registros tenía una supuesta neumonía, que sería la causa última de su fallecimiento", continúa Silveyra. "Pero su cara estaba desfigurada. Su estado era crítico. El cuerpo no llegó siquiera en una ambulancia, sino que la trajeron y abandonaron en un remise. Llegó muerta en vida. Una médica dijo que si no la hubieran intubado de inmediato, se moría. Estaba llena de piojos. Estaba abandonada", sigue su sobrino.

Las fotos son contundentes: algunas no son publicadas en este artículo por ser extremadamente gráficas. Los rastros de los golpes recorren todo el cuerpo de Elizabeth. Su sobrino continúa: "La tomografía indicó que tenía dañados los dos pulmones, que había sangre en su interior  y que tenía comprometido el bazo. A los médicos les preocupaba el golpe en el pómulo porque estaba hinchada por dentro, luego pudieron ver que no estaba fracturada".

El fiscal Vicente Gómez, a cargo de la Unidad Fiscal 9 de Baradero, tomó el caso: "Se constató la presencia de golpes en el cuerpo de Zurita a la vez que se ha descartado que estos golpes tuvieran relación con su fallecimiento", dijo el fiscal a medios locales: "Lo que sabemos es que los golpes no produjeron el final de Zurita, son lesiones contusas, no sabemos cómo se produjeron esas lesiones y, en todo caso, quién se las produjo. En esa tarea estamos".

La familia de Zurita asegura que las autoridades del hospital Piñeiro llamaron a un patrullero al ver las lesiones. Fuentes policiales confirmaron que la denuncia hecha desde el hospital por un médico de guardia fue lo que motivó la causa a cargo de la UFI Nº9 del fiscal Gómez. Al psiquiátrico se lo investiga, aseguran las mismas fuentes, por "malos tratos".

En su sitio web, APAND no habla de atención a adultos: se reconoce como un "centro de estimulación y aprendizaje" de "educación para niños con autismo" con "tres décadas de experiencia".

Milagros Martínez es una ex empleada que asegura haber presenciado golpes a chicos en el lugar.

Marcha por Elizabeth en Baradero.
Marcha por Elizabeth en Baradero.

"Hace un mes estuve a prueba en el turno noche de APAND pero me fui porque no podía soportar cómo maltrataban a los chicos, cómo los golpeaban", dice a Infobae Martínez, que cuenta: "A las siete u ocho de la noche los ponían a dormir con pastillas, después los despertaban a las tres de la mañana y los dejaban en el comedor hasta que llegaba el nuevo turno. Depende el humor con el que estaban, los bañaban con agua caliente o con agua fría, si estaban renegados. Cuando estuve ahí, una nena de 14 años se levantó y después de bañarse quería ponerse un pantalón de jean. 'No le hagas caso, si les das las mañas se ponen caprichosos', me dijeron mis compañeras".

La paciente insistió con su pedido. Empezó a golpearse la cabeza contra la pared: "Entonces mi compañera fue y le golpeaba la cabeza ella misma contra la pared y después con un cucharón le daba golpes en la cabeza y la pateaba. A las ocho de la mañana llegó una mujer, no me dijeron el nombre, que dijo: '¿Así que vos sos loquita? Yo te voy a sacar la locura a vos', le dijo y le empezó a pegar patadas, le pegaba mal".

Atender a menores con problemas psiquiátricos implicaría cierta preparación, saber algo. Martínez no tiene esa preparación.

–¿Usted es enfermera o tiene experiencia en el tratamiento de estos pacientes?

–No, yo necesitaba el trabajo. Toman a cualquiera. No somos profesionales.

La señora dueña

La familia de Elizabeth Zurita, asegura, recibió un supuesto llamado de Zuloaga antes de su fallecimiento. Quería arreglar el entierro. Pero Elizabeth no estaba muerta. Seguía con vida.

Zuloaga les habría dicho: "Les puedo mandar un auto para que vengan a mi casa y discutamos cuál es su voluntad, porque la costumbre que tenemos es que se haga el velorio a cargo de APAND en lo de Drago y los sepultamos en el cementerio Parque, donde están todos los chicos de APAND. Por ahí tienen otra voluntad y le tengo que decir a la jueza, porque ella está a cargo mío, más allá de que yo la haya cuidado bien o mal. Por eso quiero conversar con ustedes para ver qué es lo que quieren hacer".

El azoro había tomado a los familiares: "¿No te estarás confundiendo de paciente? Estás hablando con la hermana de Elizabeth Zurita". Pero no: Zuloaga estaba planificando en vida los preparativos de los rituales de la muerte. "Estoy hablando de Zurita que está en el hospital muy grave. Entonces como me tengo que comunicar con la jueza, quiero darle la oportunidad a ustedes por si quieren hacer otra cosa. Si no, lo que se hace es lo que les dije".

Teresita Zuloaga, dueña de la clínica.
Teresita Zuloaga, dueña de la clínica.

Lo macabro del asunto es que en su Facebook personal Zuloaga se atribuye la propiedad del camposanto o un fuerte vínculo institucional. Con ese rol festejó los veinte años de aniversario del lugar.

Es decir, el cementerio donde van todos los muertos de APAND, menores y adultos.

Elizabeth Zurita no fue la primera. En 2016, Elvio Álvarez también fue trasladado con varios golpes al hospital de Baradero, luego fue derivado al sanatorio Güemes en la ciudad de Buenos Aires para morir cerca de un año después. En la causa judicial iniciada para que se investigara el fallecimiento, Juan Álvarez –padre de Elvio– declaró haberlo visto en varias visitas realizadas desde su internación en 2002 con golpes evidentes. En 2016 encontró a su hijo en terapia intensiva con golpes en las piernas y una neumonía.

La movilización para exigir justicia por Elizabeth recorrió las calles de Baradero e incluso se cruzó con el auto de Zuloaga, a quien los manifestantes pidieron explicaciones. Tuvieron mejor suerte que Infobae, que llamó a los teléfonos de APAND, al celular personal de Zuloaga y a su teléfono domiciliario sin que nadie respondiera. El diario Baradero Hoy aseguró que la sede de la calle Belgrano del instituto psiquiátrico fue allanada y que se secuestró documentación, además de revisar el estado de los pacientes que siguen con su rutina, día a día, de encierro, pastillas e incertidumbre ante la violencia.

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