La contaminación por plásticos es un problema global que afecta a la totalidad de los ecosistemas del planeta; los más afectados, sin duda, son los marinos. No hablamos solo de la presencia de microplásticos en océanos y zonas costeras, sino también de la existencia de otros productos de mayor tamaño que ponen en peligro la supervivencia de miles de especies.
Uno de los animales más afectados por esta amenaza son las tortugas marinas, que tienden a ingerir residuos plásticos presentes en el medio o a quedar atrapadas en ellos. Debido a su amplia distribución —habitan desde el fondo hasta la superficie— y a su interacción con distintos hábitats marinos, estos individuos son considerados como un bioindicador clave para evaluar el nivel de contaminación marina.
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Los recientes resultados de la Fundación para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos (CRAM) revelan un panorama bastante preocupante: el 74 % de las tortugas marinas que han sido atendidas en el año 2025 en su Área de Clínica y Rescate mostraron presencia de restos de plástico, ya fuese en sus heces o contenido digestivo, o habiendo llegado enmalladas en artes de pesca o basura marina.

Una cría de tortuga, ejemplo de la magnitud del problema
A Pepe, la tortuga número 14 que llegó el año pasado a las instalaciones de Fundación CRAM —entidad privada sin ánimo de lucro que se dedica a la protección del medio marino y de las especies que lo habitan—, se le detectó una importante acumulación de gas en el aparato digestivo, un síntoma compatible con una posible obstrucción gástrica.
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Por ello, fue sometido a una endoscopia de urgencia y se le extrajo un fragmento de plástico de gran tamaño que podría estar obstruyendo su estómago. Además, en los días posteriores expulsó una gran cantidad de residuos, entre los que se encontró el tapón de una botella.
El de Pepe no es el único caso que ha sorprendido a los investigadores de la Fundación CRAM. Al centro de rescate llegó una cría de tortuga que apenas tenía un año. Esta, pese a su corta edad, expulsó una cantidad considerable de plástico, lo que demuestra que las exposiciones muy breves al medio natural son suficientes para que las tortugas entren en contacto e ingieran los residuos.
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Obstrucciones intestinales y amputaciones
Desde que la Fundación CRAM fue creada, han atendido a más de 1.400 tortugas marinas y más de 720 cetáceos. Por sus instalaciones han pasado este año 98 ejemplares de tortuga: 95 de la especie boba (Caretta caretta), una verde (Chelonia mydas) y dos tortugas laúd (Dermochelys coriacea), que es la primera vez que se trata viva en este centro. Así, 2025 ha sido el año con un mayor número de ingresos en la historia reciente de la Fundación CRAM.
De las 58 muestras de heces procedentes de tortugas en recuperación, los investigadores han hallado restos de plástico en 43 de ellas. Además, en 5 de las 7 necropsias realizadas a ejemplares fallecidos se detectaron en el contenido digestivo. Aunque desde la Fundación CRAM señalan que esta no fue la causa directa de la muerte de los individuos, sí provocan serios daños para su salud, como enteritis severa, que es una inflamación intestinal que puede provocar dolor, anorexia y comprometer el sistema inmunitario del animal.
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La ingesta de plástico también puede generar obstrucciones intestinales, inflamación crónica, alteraciones nutricionales y debilitamiento general. Además, este material actúa como vector de contaminantes químicos al absorber metales pesados y compuestos orgánicos que entran en la cadena trófica.

La Fundación CRAM también atendió a 10 tortugas marinas enmalladas, siendo necesarias 4 cirugías de amputación. Los expertos destacan que, en caso de encontrar un ejemplar enredado, es fundamental no intentar retirar el material y avisar inmediatamente al 112 para que aumenten sus posibilidades de recuperación.
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Un problema global que pone en peligro los océanos
El elevado número de tortugas atendidas por la Fundación CRAM permite aportar información sobre el estado de contaminación del mar Mediterráneo. Así, se refleja la persistente presencia de estos residuos. “El plástico no solo representa un contaminante físico para la fauna marina, sino que también puede actuar como esponja química, acumulando sustancias potencialmente nocivas para la salud de los animales”, explican.
A nivel mundial, la contaminación por plásticos constituye uno de los principales desafíos ambientales. De hecho, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), representan entre el 60 y el 80 % de los residuos marinos.
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Este problema no se limita a los macroplásticos, que son visibles, sino que con el tiempo estos se fragmentan en mesoplásticos, microplásticos y nanoplásticos, aumentando la posibilidad de que los organismos marinos los ingieran. Esta amenaza no solo afecta a la biodiversidad, sino que también supone un peligro para nosotros por el consumo de productos del mar o del propio ciclo del agua.
El daño causado por la contaminación marina no va a desaparecer en el corto plazo. De hecho, los residuos que se han acumulado durante décadas siguen presentes en la naturaleza y van a seguir afectando a la fauna durante años. “Su mitigación exigirá constancia, cooperación institucional, responsabilidad empresarial y compromiso ciudadano. Pero los datos de 2025 indican que, aunque el problema persiste, la respuesta social es cada vez más sólida”, explican desde la Fundación CRAM. “El mar Mediterráneo necesita tiempo para recuperarse. Y necesita que sigamos actuando”.
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