Gary Cooper, el galán de mirada azul que enamoró a Hollywood: sus romances más escandalosos y la lealtad sin fisuras de su esposa

Solo se casó una vez con la actriz Verónica Balfe, a quien permaneció unido hasta el final de sus días. Sus amoríos con famosas alimentaron a las revistas de la época

Gaby Cooper
Gaby Cooper
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Era un seductor nato. Y tenía debilidad por sus compañeras de trabajo. Por eso, a lo largo de su extensa carrera, Gary Cooper se vio envuelto en más de un escándalo de polleras. De hecho, entre su larga lista de amoríos, figuran las mujeres más emblemáticas de su época. Mujeres a las que nunca habría podido enamorar si no fuera porque, un día, decidió dejar de ser un simple vaquero para convertirse en actor.

Había nacido bajo el nombre de Frank James Cooper el 7 de mayo de 1901 en Helena, Montana, un pueblo ubicado en la región Noroeste de los Estados Unidos. Era hijo de Alice Brazier y Charles Henry Cooper, un ranchero que también oficiaba como juez de la Corte Suprema local. Y no tenía otra ambición que no fuera seguir los pasos de su padre montando un caballo. A tal punto que, cuando cumplió los 18 años y éste insistió varias veces para hacerlo estudiar, él optó por abandonar los libros para ponerse el sombrero de cowboy y ocuparse del rancho de 240 hectáreas de su familia.

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Claro que en estos pequeños pasos por colegios como la Gallatin County High School de Bozeman o el Grinnell College, Cooper empezó a interesarse por el arte en sus distintas facetas: pintura, literatura. Y, finalmente, acompañando a su padre a Los Ángeles, donde debía hacerse cargo de unas propiedades, descubrió que sus habilidades como vaquero le podían abrir las puertas de la actuación. Fue casi de casualidad, como suele ocurrir en estos casos. Participó en un casting. Y debutó en la pantalla grande trabajando como extra por 5 dólares al día y, como doble de acción, por 10.

Pronto cambió su Frank natal por Gary, un nombre mucho más atractivo a nivel comercial. Y, tras participar en 19 películas como extra, entre las que figuraban Dick Turpin, Ben-Hur, La colina encantada y El águila negra, logró un contrato por 50 dólares a la semana con Samuel Goldwyn, quien ya había vendido su compañía Goldwyn Pictures a los creadores de la Metro-Goldwyn-Meyer.

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Gary Cooper, como el sargento York, en la película de 1941
Gary Cooper, como el sargento York, en la película de 1941

El resto es historia conocida. Gary rodó alrededor de 90 films. Y estuvo presente en la primera entrega de los Premios Oscar, por haber participado de Alas, film que obtuvo la estatuilla como Mejor Película en el año 1929. Adiós a las armas, Deseo, El secreto de vivir, El sargento York, Sus dos pasiones y A la hora señalada fueron algunos de los films que lo tuvieron como protagonista. Su nombre resonaba en las revistas de la época tanto por sus trabajos como por sus romances.

Una de las primeras novias que se le conoció fue la actriz Clara Bow, a quien vio por azar en una fiesta en 1926. Ella ya era una estrella de Hollywood donde, incluso, llegó a ser la mejor paga. Gary, en cambio, era un joven al que todavía le faltaba mucho para lograr que su nombre tuviera estelaridad. Este amorío, obviamente, lo favoreció a la hora de ganar popularidad. Con ella rodó algunos films como Hijos del divorcio. Y cuentan que, en aquel momento, Cooper llegó a pedirle matrimonio. Pero ella lo rechazó.

Todo lo contrario le pasó con Evelyn Brent, quien sí estaba dispuesta a contraer enlace con él. Sin embargo, en ese caso, Gary esquivó las formalidades hasta que la historia se terminó. Lo cierto es que en 1929, durante el rodaje de El canto del lobo, conoció a la actriz mexicana Lupe Vélez. Ella era la novia del director de la película, Víctor Fleming. Pero a Cooper no le importó. La relación duró tres años y fue tan apasionada como tormentosa. Pero llegó a su fin, supuestamente, por una infidelidad de él con Marlene Dietrich. Y porque la madre de Cooper, a quien él no se animaba a contradecir, simplemente no la quería.

Durante su estadía en Europa, en un impasse de su carrera que tuvo lugar en 1931, Cooper mantuvo un amorío con la millonaria condesa Dorothy Cadwell Taylor Dentice di Frasso, con quien viajó a África. La había conocido por intermedio de un amigo en común cuando recaló en Villa Madama, Italia. Y cuentan que el actor fue el encargado de ponerle un poco de condimento a la rutinaria vida que la mujer llevaba junto a su marido. Pero la historia duró solo un año, luego de lo cual Gary decidió volver a Hollywood.

Entonces llegó a su vida la que, se supone, fue su gran amor: la actriz Verónica Balfe, a quien sus íntimos llamaban Rocky. Fue la única mujer con la que se casó legalmente en 1933. Y, junto a ella, trajo al mundo a su hija, María Cooper Janis. Nunca se separaron. Y fue ella, su esposa, quien lo acompañó hasta el final de sus días. Sin embargo, él jamás pudo cumplir con su pacto de fidelidad. Y sus relaciones extramatrimoniales terminaron siendo vox populi.

Cooper junto a su única esposa, Veronica Balfe
Cooper junto a su única esposa, Veronica Balfe

Entre las amantes más notorias, figura la legendaria Ingrid Bergman, con quien protagonizó las películas Por quién doblan las campanas en 1943 y La Exótica en 1945. Dicen que ella se enamoró perdidamente de él. Y que eso se evidenciaba en las escenas que compartían. Pero que pocos se hicieron eco de este romance debido al gran respeto que la prensa tenía por la sueca.

Luego apareció la actriz Patricia Neal, con quien Gary coincidió en el film El manantial en 1949. Dicen que, por amor a ella, en 1951 estuvo a punto de terminar con su matrimonio, pero que no tuvo la valentía para divorciarse. Neal, que según trascendió habría abortado un hijo del actor, terminó muy afectada psicológicamente tras la ruptura.

Tiempo después, Cooper conoció a la española Sara Montiel en la película Vera Cruz de 1954, donde por cuestiones de trabajo se habían tenido que fundir en un intenso beso. Y los rumores sobre este affaire recorrieron todas las redacciones. Pero la relación no pasó a mayores.

Pasó varios años lidiando con achaques de salud, que lo habían llevado incluso a replantearse su espiritualidad. Y, aunque había nacido protestante, en 1959 Cooper recibió el bautismo en la iglesia católica. Sonaba rara su decisión, siendo un hombre que pregonaba la libertad y que, sobre todo, la ejercía. Pero, para entonces, ya estaba muy desmejorado físicamente. Murió el 13 de mayo de 1961, seis días después de haber cumplido los 60, a raíz de un cáncer que se había ido extendiendo por todo su cuerpo. Y a su lado estaba Rocky, su legítima esposa, la mujer que nunca lo abandonó.

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