
Ya había muerto. O, al menos, eso se había dicho. Pero el 23 de septiembre de 1969, comenzó a correr la versión de que Paul McCartney había perdido la vida en un accidente automovilístico varios años atrás. Y los medios se hicieron eco de eso. Todo comenzó con un artículo publicado en el periódico universitario The Northern Star, de la Universidad del Norte de Illinois. Y, para intentar frenar la locura que se generó en torno a este rumor conocido como Paul is Dead (Paul está muerto), el mismo integrante de The Beatles tuvo que salir a desmentir la información.
¿En qué se basaban los estudiantes que escribieron el artículo con la teoría conspirativa sobre la muerte del músico? La realidad es que, después de un breve tiempo en el que Paul se habría alejado de los medios, se dijo que había fallecido el 9 de noviembre del año 1966 luego de haber protagonizado un choque con su auto. Pero que, para poder seguir adelante con el éxito de la banda oriunda de Liverpool, el resto del grupo y la discográfica habrían decidido no dar esta noticia y reemplazar a McCartney con un doble. De hecho, hasta se mencionó a un actor llamado William Campbell, como la persona a quien habrían convencido de ocupar su lugar para seguir adelante con las presentaciones engañando al público.

La historia era, a todas luces, disparatada. Sin embargo, se basaba en el análisis minucioso de algunos indicios con los que los mismos músicos habrían tratado de deslizar la “verdad”. El principal tenía que ver con la portada del álbum Abbey Road y la supuesta prueba de que Paul estaba muerto radicaba en el hecho de que los cuatro integrantes de The Beatles marchaban sobre la senda peatonal como en una procesión fúnebre. ¿Qué? Así como suena. John Lennon iba vestido de blanco, lo cual le otorgaba el rol de sacerdote. Ringo Starr era el encargado del cortejo por lucir un traje negro. George Harrison, el único de jeans, era sin lugar a dudas el sepulturero. Y McCartney, que iba con sus pies descalzos y sus ojos cerrados, definitivamente era el difunto. ¿Algo más? En la foto se veía un Volkswagen Beetle con placa 28 IF, la que sería la edad que este último hubiera tenido para esa fecha si hubiera estado vivo.
Pero había otros detalles que avalaban la teoría de que el lugar de Paul había sido ocupado por un intruso. En la estación de radio de Detroit, WKNR-FM, un oyente anónimo advirtió que si se escuchaba al revés la canción Revolution 9 del Álbum blanco de la banda de Liverpool, se podía oír la frase “turn me on dead man” (“enciéndeme, hombre muerto”), que creían hablaba ni más ni menos que de McCartney.
Por otra parte, algunos creyeron escuchar que en Strawberry Fields Forever, John cantaba “I buried Paul” (“yo enterré a Paul”), aunque él mismo explicó que decía “cranberry sauce” (“salsa de arándanos”). ¿Acaso sería una coartada? Como si todo esto fuera poco, en la contraportada del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, McCartney era el único que estaba de espaldas a la cámara. Demasiadas coincidencias como para que el mito no tomara dimensiones escandalosas.

Cabe señalar que, aunque la oficina de prensa de la compañía Apple insistía en negar esta versión, el hecho de que Paul no se mostrara en público no hizo más que alimentar el rumor. Años más tarde, el mismo músico confesó en la única biografía autorizada sobre su vida que escribió el periodista Philip Norman en 2016, que por entonces había decidido viajar a Escocia con su familia después de un enfrentamiento con John. Y, de un momento o otro, se volvió inaccesible para los medios. De hecho, ni siquiera su padre, Jim McCartney, había aceptado compartir la ubicación del refugio donde se encontraba su hijo al ser consultado al respecto. Algo que resultaba sumamente sospechoso para los periodistas.
En noviembre de ese año, sin embargo, un reportero y un fotógrafo de la revista Life viajaron a una granja de High Park y confirmaron la información que venían barajando: Paul se encontraba escondido allí. Obviamente, al músico no le gustó la idea de sentirse descubierto. Y recibió a sus visitantes con un baldazo de excremento de gallinas. Sin embargo, al comprobar que su reacción había quedado registrada por una cámara, decidió negociar con sus inesperados huéspedes y les terminó brindando una entrevista a cambio de la promesa de que esas imágenes impropias de una estrella nunca vieran la luz.
Así fue como McCartney terminó desmintiendo su propia muerte. La tapa de la revista fechada el día 7 de ese mes, lo mostraba algo desalineado, con su esposa Linda a su lado, su beba Mary en brazos y su hijo Heather, de 6 años, como si estuviera apunto de salir a pastorear. “Paul is still with us” (“Paul sigue entre nosotros”), decía el titular con el que se intentó llevar tranquilidad a miles de fanáticos. Aunque muchos de ellos prefirieron seguir escribiendo la leyenda que daba por muerto al beatle.

“Los rumores sobre mi muerte han sido extremadamente exagerados. Tal vez el rumor se iniciara porque no he aparecido mucho en la prensa en los últimos tiempos. He salido suficientes veces en la prensa para toda una vida y no tengo nada que decir estos días. Me siento feliz de estar con mi familia y trabajaré cuando vaya a hacerlo. He estado encendido durante diez años y jamás me he apagado. Ahora me desconecto cada vez que puedo. Me gustaría ser un poco menos famoso en estos días”, explicaba Paul en la nota.
Tiempo después, la banda grabó su último disco, Let It Be, que se editó el 8 de mayo de 1970. Y luego se disolvió, tal como McCartney había dado a entender en aquella entrevista. Entonces, el músico comenzó su carrera solista. Y, el 15 de noviembre de 1993, sacó su tercer álbum en directo con la compañía discográfica Parlophone, Paul is live (Paul está vivo), grabado durante su gira The New World Tour. Obviamente, se trataba de una broma sobre el rumor de su muerte. Aunque la realidad es que hoy, que ya cumplió los 83 años y sigue activo con su gira Got Back Tour, muchos prefieren seguir creyendo que en realidad es un doble y que el real murió en un accidente, allá por el año 1966.
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