
No entiendo por qué me perdonó la vida. Todavía hoy, cuando cierro los ojos y vuelvo a esa madrugada de humo y sangre. A esa roca helada donde me acurruqué junto al cuerpo de mi sargento, mientras el aire se llenaba de silbidos mortales y olor a pólvora.
La guerra cuerpo a cuerpo no tiene normas. No hay Convención de Ginebra cuando el otro te apunta a la cara y vos tenés que apretar el gatillo antes que él. No hay discursos sobre derechos humanos cuando sabés que si dudas no volvés a casa. Ahí no se habla de humanidad, solo se sobrevive. Lo demás son teorías bien intencionadas pensadas por funcionarios de escritorio.
PUBLICIDAD
Hay un refrán inglés que dice “Juego de reglas y de suertes sin más trampas que las necesarias”. ¿Cuáles son las trampas necesarias? En la guerra todo es necesario para seguir vivo. En mi último combate nocturno me quedé sin balas y desesperado, agarré el fusil caliente de un enemigo que acababa de matar. Tenía mira infrarroja. Miré a través de ella y pude ver como si fuera de día.
Después de unos segundos de asombro y entusiasmo por acceder a esa tecnología, me aterroricé. Hasta ese momento había asumido ingenuamente que el enemigo también peleaba a ciegas como nosotros. Pero no, ellos podían ver los botones de mi uniforme. Aunque ahora yo también podría verlos, me sentí infinitamente más expuesto. Ver no siempre libera. A veces la ignorancia nos da tranquilidad, aunque la realidad esté a punto de aplastarnos.
PUBLICIDAD
Minutos después mi jefe cayó herido. Lo arrastré como pude detrás de una roca que apenas nos cubría. Tenía un muslo empapado de sangre. Le hice un torniquete improvisado con pedazos de tela, mientras el me miraba como un padre.
—Andate, yo estoy en paz.
PUBLICIDAD
—Ni en pedo —le dije mientras intentaba mantener a raya a nuestros enemigos.
—Dejate de joder y salvate, yo estoy en paz con lo que hicimos —insistió.
PUBLICIDAD
En medio de ese infierno, aquella paz suya me hizo sentir protegido. Lo abracé, apoyé mi cabeza sobre su pecho y lloré como un nene mientras las balas seguían zumbando.
Cuando volví a asomarme, estaban rodeándonos. Disparé lo que pude hasta quedarme otra vez sin municiones. Entonces agarré el cuchillo. Ya no era por mí: no iba a dejar a mi jefe tirado ahí como un perro moribundo. Si me tocaba morir, moriría peleando.
PUBLICIDAD
Cinco soldados enemigos se acercaron. Yo levanté los brazos para fingir que me rendía, consciente de que podía recibir la ráfaga final. No pasó.
El que parecía el jefe se acercó y me hizo señas para que tirara el cuchillo. Dudé, lo insulté por dentro, pero finalmente lo tiré. Hijo de puta.
PUBLICIDAD
El tipo se dio media vuelta y les dijo algo al resto que no entendí. Después se me acercó y me abrazó.
Un abrazo real, humano, sincero.
PUBLICIDAD
Me quebré. Lloré por segunda vez en esa noche infinita. Esta vez no de miedo, ni de furia, ni de agotamiento. Lloré de desconcierto, de alivio, de esa mezcla de ternura y culpa que te parte al medio cuando el enemigo te da un abrazo.
Amanecía. Me indicaron que los ayudara a cargar cadáveres, varios de los cuales había matado yo.
PUBLICIDAD
—Tuviste suerte –me dijo un soldado inglés en un español dificultoso. Nuestro jefe tiene un código de honor: al enemigo que arriesga su vida para proteger a un compañero herido, se le perdona la vida.
Me quedé en silencio, sin entender nada. ¿Cómo podía ser que en ese infierno alguien todavía escuchase el alma? ¿Cómo era posible que en medio de tanta destrucción alguien eligiese abrazar al otro?
Quizás por eso me perdonó la vida. No lo hizo por mí, sino por él. Porque mientras todos peleábamos por no morir en esa guerra sin alma, él hizo lo que pocos pueden: se detuvo en el borde del abismo, resistiendo a que el miedo decidiera por él. Y en esa decisión silenciosa, sin gloria ni testigos, fue más fuerte que cualquier ejército.
* Inspirada en la historia del cabo Roberto Baruzzo.
* Juan Tonelli es escritor y speaker, autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”. www.youtube.com/juantonelli
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Cómo estará el tiempo en el AMBA: días frescos, cielo despejado y sin lluvias
El pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional anticipó temperaturas de entre 6 y 19 grados durante toda la semana, con estabilidad climática en la Ciudad y el conurbano

A un mes del juicio por Loan, los jueces recorrerán los últimos lugares donde estuvo el niño: cómo será el proceso
La inspección ocular se realizará este martes con la presencia de testigos y partes. Será en tres zonas clave. Cuáles son

Desbarataron una banda narco en Quilmes y detuvieron a siete personas
Hubo al menos tres allanamientos en donde secuestraron droga, dinero en efectivo y celulares. La Justicia los imputó por comercialización de estupefacientes y tenencia ilegal de armas

ANMAT prohibió más de cinco marcas de filtros de agua y un limpia tapizados
La medida se tomó tras detectar la comercialización sin registro sanitario ni garantías de seguridad

Ocho dirigentes sindicales mendocinos llegaron armados a Salta para atacar un acto gremial
La Policía provincial interceptó dos camionetas del Sindicato de Petróleo y Gas de Cuyo que portaban armas de fuego calibre 40 y 9 milímetros, más de 200 cartuchos, miguelitos y bates de béisbol, en el acceso a General Güemes




