Juan Tonelli

“Durante años pensé que había algo mal en mí, hasta que descubrí la verdad”

Me desperté muy angustiada y durante los días siguientes no pude sacarme esas imágenes de la cabeza. Cuando se las conté a mi terapeuta apareció una pregunta que me resultaba insoportable: ¿había sido simplemente una pesadilla o podía haber algo más detrás de ella?

“Durante años pensé que había algo mal en mí, hasta que descubrí la verdad”

“Me separé de quien amaba y tres años después me di cuenta de que era por una razón distinta de la que creía”

Surgió entonces una pregunta que me resultaba bastante más incómoda que el hecho de si quería o no quería tener hijos con él. ¿Cuántas de las decisiones que tomé en nombre de mi libertad habían nacido condicionadas por el miedo?

“Me separé de quien amaba y tres años después me di cuenta de que era por una razón distinta de la que creía”

“Me pasé la vida fingiendo que no me dolía”

Durante años pensé que estaba cansada porque trabajaba mucho. Que dormía mal por el estrés. Que las contracturas del cuello eran normales. Que cierta angustia aparecía “porque sí”. Recién mucho después empecé a preguntarme si mi cuerpo no estaría intentando decir lo que yo llevaba décadas impidiéndome decir con palabras

“Me pasé la vida fingiendo que no me dolía”

“Me pasé la vida fingiendo que no me dolía”

Los hijos no solo reciben las intenciones de sus padres, sino especialmente sus palabras, sus silencios, sus miradas, sus miedos. Y todo eso, cuando uno es chico, se mete muy adentro

“Me pasé la vida fingiendo que no me dolía”

“Toda mi vida me pregunté por qué elegía tan mal, hasta que entendí el porqué”

Quizás todos creemos que tomamos decisiones libres cuando, en realidad, es nuestra propia historia la que elige por nosotros. Elegimos con el amor que recibimos, con los miedos que aprendimos, con las ausencias que nos marcaron y con las estrategias que alguna vez inventamos para sobrevivir

“Toda mi vida me pregunté por qué elegía tan mal, hasta que entendí el porqué”

“Llegué hasta donde no había salida y ahí tomé la decisión más importante de mi vida”

“¿Qué pensás?“, le pregunté a Roberto como queriendo evadirme de mis pensamientos. “Que solo podemos elegir cómo morir”. Lo miré sin querer entender. “Si queremos morir esperando, en el fuselaje del avión, compartiendo nuestros últimos momentos con los compañeros, o si preferimos morir caminando”

“Llegué hasta donde no había salida y ahí tomé la decisión más importante de mi vida”

“Vivir fingiendo era agotador”

No tengo más ganas de sostener una fachada. De ahora en más, quiero que de entrada me conozcan como soy. Al que le guste, bien, y si no, mala suerte. No quiero más engaños ni simulaciones. Soy esto, tómenlo o déjenlo

“Vivir fingiendo era agotador”

“Nunca imaginé que unos pocos mensajes podían cambiarlo todo”

La verdad es que no sé qué tengo que hacer, y mucho menos, qué es lo “correcto” cuando el corazón se parte en dos. Solo sé que no quiero dejar de sentir, ni perder lo que tengo, ni hacerle daño a nadie. Pero pareciera que no es posible tenerlo todo, siempre hay algo que sacrificar cuando se trata de amor

“Nunca imaginé que unos pocos mensajes podían cambiarlo todo”

“Creí que buscaba sexo, cuando lo que necesitaba en realidad era otra cosa”

Me siento mal porque sé que no hay ninguna salida posible sin dolor. Haga lo que haga, habrá pérdidas y sufrimiento. A veces creo que frente a ciertos problemas, lo mejor es no tener avidez por querer resolverlos. Pero por momentos el conflicto se me hace insoportable

“Creí que buscaba sexo, cuando lo que necesitaba en realidad era otra cosa”

“No puedo parar, mi productividad era solo una forma de calmar el vacío”

Se suele decir que la intensidad nos hace sentir más vivos que nunca, pero creo que hay algo anterior. Cuando nos sentimos muy vacíos, necesitamos ir al extremo para sentir que todavía nos circula sangre por las venas, que pasa algo en nuestra vida

“No puedo parar, mi productividad era solo una forma de calmar el vacío”