“Tardé años en aceptar lo que sentía”
Lo que estaba en juego era mucho más difícil de medir: cuánto de nuestra vida debemos respetar por todo lo que invertimos en ella y cuánto estamos dispuestos a arriesgar cuando descubrimos que algo distinto nos representa de una manera más verdadera

“El error más caro de mi vida”
El directorio dejó la decisión en mis manos, aunque la inversión representaba más del veinte por ciento de todos los fondos disponibles de nuestra organización. Plenamente convencido, llamé a quien lideraba el proyecto, confirmé que invertiríamos seis millones de dólares y ese mismo día firmé electrónicamente los contratos

“¿Cuántas cosas abandonamos porque nos dijeron que no podíamos?"
Hay límites que son definitivos, y otros que son solo pronósticos, probabilidades, advertencias. El problema es que, cuando estamos asustados, solemos confundir unos con otros. Yo necesitaba averiguar cuáles eran los míos

“Durante años pensé que había algo mal en mí, hasta que descubrí la verdad”
Me desperté muy angustiada y durante los días siguientes no pude sacarme esas imágenes de la cabeza. Cuando se las conté a mi terapeuta apareció una pregunta que me resultaba insoportable: ¿había sido simplemente una pesadilla o podía haber algo más detrás de ella?

“Me separé de quien amaba y tres años después me di cuenta de que era por una razón distinta de la que creía”
Surgió entonces una pregunta que me resultaba bastante más incómoda que el hecho de si quería o no quería tener hijos con él. ¿Cuántas de las decisiones que tomé en nombre de mi libertad habían nacido condicionadas por el miedo?

“Me pasé la vida fingiendo que no me dolía”
Durante años pensé que estaba cansada porque trabajaba mucho. Que dormía mal por el estrés. Que las contracturas del cuello eran normales. Que cierta angustia aparecía “porque sí”. Recién mucho después empecé a preguntarme si mi cuerpo no estaría intentando decir lo que yo llevaba décadas impidiéndome decir con palabras

“Me pasé la vida fingiendo que no me dolía”
Los hijos no solo reciben las intenciones de sus padres, sino especialmente sus palabras, sus silencios, sus miradas, sus miedos. Y todo eso, cuando uno es chico, se mete muy adentro

“Toda mi vida me pregunté por qué elegía tan mal, hasta que entendí el porqué”
Quizás todos creemos que tomamos decisiones libres cuando, en realidad, es nuestra propia historia la que elige por nosotros. Elegimos con el amor que recibimos, con los miedos que aprendimos, con las ausencias que nos marcaron y con las estrategias que alguna vez inventamos para sobrevivir

“Llegué hasta donde no había salida y ahí tomé la decisión más importante de mi vida”
“¿Qué pensás?“, le pregunté a Roberto como queriendo evadirme de mis pensamientos. “Que solo podemos elegir cómo morir”. Lo miré sin querer entender. “Si queremos morir esperando, en el fuselaje del avión, compartiendo nuestros últimos momentos con los compañeros, o si preferimos morir caminando”

“Vivir fingiendo era agotador”
No tengo más ganas de sostener una fachada. De ahora en más, quiero que de entrada me conozcan como soy. Al que le guste, bien, y si no, mala suerte. No quiero más engaños ni simulaciones. Soy esto, tómenlo o déjenlo

