
El fantasma de la muerte sigue sobrevolando y estando presente en lo que se calificó como el “caso Barreda” desde que el 15 de noviembre de 1992, Ricardo, el odontólogo, decidió matar a escopetazos a su mujer, Gladys Mac Donald, sus hijas, Cecilia y Adriana, y su suegra, Elena Arreche en la casona familiar de la calle 48 en La Plata.
El Juzgado Civil y Comercial N°17 dispuso recientemente que los herederos legítimos del dentista son los sobrinos nietos de la mencionada Elena, siempre teniendo en cuenta que Barreda había sido declarado indigno para heredar debido a que fue quien cometió los crímenes.
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Lo que queda a dirimir como patrimonio una vez que se lleve a cabo la tasación correspondiente es la casa donde el dentista cometió los homicidios y una vivienda familiar situada en Mar del Plata que fue usurpada. En segundo orden, por su estado de deterioro se encuentran en un depósito de fiscalía un automóvil DKW y su Falcon verde, modelo más que estigmatizado por haber sido el más usado por la dictadura militar para secuestrar personas con fines de tortura y muerte.
Vale aclarar que la casona terminó expropiada por ley el 15 de noviembre de 2012 al cumplirse 20 años de los crímenes y declarada de utilidad pública como símbolo y respuesta a la violencia contra las mujeres, pasando a ser patrimonio de la Municipalidad de La Plata. A propósito de esto, Barreda había presentado por intermedio de sus abogados una contrademanda que resultó infructuosa.
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Días atrás se produjo otra novedad más que importante, ya que el mismo juzgado además declaró abandonados los bienes muebles que están en la vivienda. Y ordenó que al igual que la casa, también queden a disposición del ministerio de mujeres bonaerense. La resolución fue firmada por la jueza Sandra Nilda Grahl, del Juzgado Civil y Comercial Nº 17 de La Plata a cargo de la sucesión que declaró indigno al odontólogo.
En los fundamentos citó la causa “Fisco de la Provincia de Buenos Aires c/ Ricardo Barreda y otro s/ Expropiación directa”, expediente 38363, en trámite por ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo N° 3 de La Plata, que ordenó otorgar la posesión del inmueble a la Subsecretaria Técnica, Administrativa y Legal del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Géneros y Diversidad Sexual, que terminó concretándose el 20 de octubre de 2021.
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En julio del año pasado se había intimado a los herederos para que manifestaran su interés respecto de esos bienes muebles que todavía permanecen en la propiedad, bajo apercibimiento en caso de silencio de considerarlos abandonados por sus dueños, hecho que terminó ocurriendo. Por eso la jueza sentenció con criterio: “El plazo concedido para efectuar dicha manifestación se encuentra holgadamente vencido”. Lo que resta ahora es la inscripción en el registro de bienes.

La indignidad del asesino
Como Barreda había sido declarado indigno, no podía heredar la mitad del inmueble que le correspondía a su esposa por haberla matado, como ya se dijo. Pero sí tenía derecho a cobrar su mitad. Mientras estuvo con vida siempre lo intentó. Ese era su objetivo y su derecho que no podían negarle. Así lo explica a Infobae el periodista que más sabe sobre su vida y su muerte, Pablo Marti Krenz: “Ningún asesino pierde los derechos de propiedad sobre su vivienda. Se lo condena y debe cumplir la pena. Cuando sale el inmueble le sigue perteneciendo. Por eso él estaba esperanzado en cobrar y trataba de acelerar ese trámite, pero la muerte se lo impidió”, detalla.
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Según el biógrafo, lo que corresponde que suceda de hoy en más es que se resuelva el monto de venta de la casa, que va a plantear dos cifras muy distintas: la del valor fiscal, siempre bastante menor que el que correspondería. Y la que se puede producir a través de la oferta y la demanda que establece el mercado inmobiliario, valor estimado aproximadamente en 350 mil dólares.

Una muerte tras otra
Acá es donde reaparece el fantasma de la muerte. Porque si bien Barreda falleció en 2020, dejó firmado un par de testamentos a diferentes personas. Así lo sigue desarrollando Krenz: “Uno lo hace a favor de su abogado de siempre, Eduardo Gutiérrez, pero su muerte ocurrida el año pasado volvió a complicar aún más los trámites judiciales. El otro testamento beneficiaba a un psicólogo del Patronato de Liberados de apellido Clara que todavía vive. El letrado tenía ese instrumento como para protegerlo por si aparecía algún atrevido con intenciones de despojarlo en el transcurso de todo el tiempo en el que Barreda anduvo sin rumbo. Como para que nadie se aprovechara. Cuando Barreda muere se inicia la sucesión en el Departamento Judicial de San Martín. La justicia citó a ambos. Gutiérrez, el abogado se presentó con su testamento, que como es posterior al del psicólogo, es el que tendría validez. Pero, ¿qué ocurrió? El psicólogo alegó que cuando firmaron el segundo, era probable que el dentista ya padeciera insanía. Gutiérrez, un hombre correcto que siempre lo cuidó y no pensaba quedarse con nada, solo trataba de que no lo dejaran sin un peso. Barreda lo respetaba mucho, por eso le firmó el último testamento. El tema es que al fallecer Gutiérrez se provocó otra sucesión y otra complicación extra. La justicia deberá dirimir a quién le corresponde realmente esa parte”.
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Otro inmueble que también forma parte de la herencia familiar es la vivienda ubicada en la calle 40 en La Plata, propiedad de Elena Arreche, cercana a la estación terminal de trenes, que además tiene una historia muy particular. Allí iba a ir a vivir Adriana, su hija menor y preferida, quien ya había hecho todos los preparativos y tenía no solo el vestido de novia elegido y preparado, sino también fecha para casarse el 4 de febrero. Lo iba a hacer con Alejandro, su novio de entonces, médico de profesión, quien hoy tiene su propia familia y reside en la costa atlántica.
Párrafo aparte para la casa de Mar del Plata que como mencionamos también forma parte del patrimonio. Cuando a Ricardo Barreda lo detienen y luego lo condenan a prisión perpetua terminó usurpada y en ese estado se encuentra hasta la actualidad. En “La Feliz” vivía otra de sus amantes, además de las ya conocidas, la pitonisa Pirucha Guastavino y Nilda Bono, con quien se fue a un hotel alojamiento para tener sexo la noche de los crímenes, minutos después de la masacre. La marplatense se llamaba Ester y con ella solía compartir sus escapadas cada verano.
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