
Pinamar, además de destacarse como un destino turístico emblemático de la Costa Atlántica, desarrolló a lo largo de los años un vínculo significativo con el arte contemporáneo. Desde el municipio, junto con el sector privado, promovieron espacios donde las expresiones artísticas se fusionan con el entorno natural y ampliaron de esa manera las alternativas más allá de las propuestas típicas de sol y playa.
Para aquellos veraneantes interesados en el turismo cultural, Pinamar ofrece distintas propuestas. Entre ellas, el Parque Escultórico Pinamar (PEP), que reúne más de 70 obras distribuidas en puntos estratégicos de la ciudad, creando un itinerario que combina arte, bosque y mar.
Esta temporada, ese recorrido se enriquece con “Nómades”, una obra de gran escala de la artista Ximena Ibáñez.

“Nómades” se emplaza en el barrio Bosques, en la zona norte de Pinamar, y presenta tres casas elevadas sobre delgados palafitos que desafían la gravedad. Estas estructuras, diseñadas para dialogar con el entorno natural, simbolizan el concepto de un hogar en constante movimiento, una metáfora que recorre toda la obra de Ibáñez.
La instalación combina delicadeza y monumentalidad, y pretende mantener la poética que caracteriza a la artista, quien trabajó históricamente en pequeñas escalas. Según relató Ibáñez, el desafío principal fue justamente trasladar la esencia de su trabajo en cerámica y bordado, materiales caracterizados por su carácter táctil, a una escala tan amplia sin perder el clima íntimo que define su estilo.
“El logro de esta obra fue mantener lo que quería comunicar. Siempre manejé escalas casi minimalistas, obras pequeñas que uno observa de cerca. Esta vez el personaje pequeño somos nosotros, parados junto a la obra”, contó la artista en diálogo con Infobae.

La temática del arraigo y el desarraigo atraviesa el concepto de “Nómades”, reflejo de la propia experiencia de vida de la artista. De madre española y padre argentino, Ibáñez nació en los Países Bajos, creció en Argentina y vivió un tiempo en España. Este recorrido la llevó a explorar en su obra el vínculo entre el hombre y el paisaje. “Estas casas son la metáfora del hogar nómade, que se traslada y se afinca en distintos paisajes. El hogar es uno y lo lleva consigo mismo”, explicó.

La propuesta de desarrollar esta obra surgió a principios del año pasado y tomó forma en colaboración con un equipo instalado en Pinamar liderado por Alejandro Tobe, con quienes la artista trabajó en la distancia, supervisando cada etapa del desarrollo. Del proceso de planos y renders también participó la arquitecta Malena Canale. Junto a Ibáñez, ambas imaginaron cómo luciría la instalación en el bosque. La construcción comenzó a mediados de 2024.

Las casas están realizadas en aglomerado de madera tratado para resistir a la intemperie, mientras que las patas de hierro fueron diseñadas para ser lo más delgadas y altas posible, respetando la delicadeza visual de la obra.
“Hace un año y medio que trabajo con el tema del bosque en mi obra, sin saber adónde me llevaría”, contó la artista. Este lunes viajó a Pinamar para supervisar los ajustes finales del emplazamiento de las casas en el bosque y colaborar en las terminaciones, asegurándose de que todo estuviera en óptimas condiciones. Luego, celebró en las redes sociales: “Gracias al maravilloso equipo que hizo posible esta proyecto tan especial”.

Este verano, Pinamar suma otra propuesta al aire libre con la reciente inauguración de la obra “Arbor de árbol” de Donjo León, emplazada en el vivero forestal de la ciudad. Se trata de la primera ganadora del premio Pinamar #2254, una iniciativa conjunta de Fundación Arteba y Pinamar S.A., que busca potenciar el diálogo entre arte contemporáneo, urbanismo y naturaleza.
“Arbor de árbol” reflexiona sobre los distintos ciclos del pino, desde su estado natural hasta su descomposición. La obra consiste en una estructura hermética recubierta de madera de pino que contiene un tronco en proceso de desintegración. Con un diseño que evoca un hongo, el ambiente incluye receptáculos para agua de lluvia que mantienen el tronco húmedo, permitiendo la proliferación de hongos e insectos. La instalación, con una estética que recuerda un laboratorio, busca exponer los ciclos de vida y regeneración del bosque, conectando al visitante con los misterios naturales.
El diseño incluye un calado frontal en forma de medialuna iluminado, a modo de sonrisa, que invita a explorar la obra. Por el lado opuesto, un gran ventanal permite observar el tronco en pleno proceso de transformación, subrayando la relación entre la descomposición y el renacimiento en la naturaleza.
Fotos: Pablo Kauffer
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