
Cuenta el músico Luis Caparra que su primer amor fue el piano, con el que tuvo una rigurosa formación en el Conservatorio Nacional, pero aunque lo ame para siempre en un momento de su vida sintió fascinación por el órgano. Sus manos hoy tocan joyas históricas, órganos tubulares de gran valor patrimonial alojados dentro de grandes templos. Dice que el instrumento que toca es para músicos valientes. Principalmente porque sería imposible tener uno en casa. Dice que disociar los movimientos por los diferentes teclados más el uso de ambos pies en la pedalera ofrece una satisfacción casi triunfal. Caparra se presentará el martes 17 de diciembre con un repertorio de inspiración navideña, a las 13:45 horas en la Basílica Nuestra Señora de La Merced (Reconquista 207) dentro del ciclo Órgano al Mediodía, exclusivamente dedicado a este instrumento. En esta oportunidad, tocará un valioso órgano alemán Walcker de 1897, de 40 timbres instrumentales y más de 3000 tubos sonoros. Los asistentes no podrán ver al maestro Caparra mientras lo ejecuta. Es parte de la magia.
—¿De qué se trata el ciclo “Órgano al mediodía”?
— Es un proyecto musical para nuestra ciudad, ofrecer música en vivo desde un instrumento que necesita ser más conocido en nuestro ámbito, y en nuestra ciudad contamos con valiosos ejemplares que muchas veces están silenciados. Es una idea basada en el compartir el gran repertorio que tiene este instrumento, casi seis siglos de música que los compositores de diferentes regiones del planeta han elegido para perpetuar sus creaciones. Y el sólo motivo de su nombre invita a adentrarse en una experiencia auditiva poco usual, el órgano está instalado en un templo y por su ubicación, no se ve al intérprete mientras hace su ejecución, pero se disfruta a través de la audición observando la belleza arquitectónica y artística del edificio.

— ¿Qué fines persigue G.O.T.B.A., los organizadores?
— Es una asociación sin fines de lucro, “Galería de Órganos Tubulares de Buenos Aires”, que fue impulsada por Alejandro Masseilot hace varios años, y cuyo objetivo es reunir, rodeando a los instrumentos, a todos aquellos interesados en valorizar su objetivo artístico y cultural. Difundirlos, apreciarlos y despertarlos del olvido. Tenemos en nuestra ciudad más de un centenar de ellos, la mayoría instalados en los templos y muy pocos fuera de ellos. Tienen un valor patrimonial, económico y musical que invitan a redescubrirlos. Desde el principio G.O.T.B.A. me ha ofrecido un gran apoyo logístico para difundir este ciclo de mediodía que ya culmina su segunda edición y vamos por la tercera en 2025. Además, cada año, hacemos también mención a compositores que han dedicado bellas composiciones para el órgano y los recordamos por algún aniversario especial. Este año mencionamos los centenarios de fallecimiento de Theodore Dubois y Gabriel Fauré, por lo cual tuvimos el aval de la Embajada de Francia a través de su Instituto Francés de Cultura. El año pasado lo dedicamos a Max Reger y también nos acompañó la Embajada de Alemania.
— ¿Cómo es que estos conciertos están inspirados en los “London Lunch Concerts”?
— He sido invitado a tocar en esa serie de conciertos hace años en Londres, y pude experimentarlo vivamente: conciertos de duración reducida, para el horario del mediodía, donde se ofrece una pausa con buena música, y en un hermoso lugar, para quienes están de recorrida, trámites, o pausa en su día laboral, y pude constatar que la experiencia valía por sí misma. También hay conciertos de mediodía en las principales ciudades de EE.UU. y en Europa. En general son gratuitos y el público agradece ese tiempo de pausa y espiritualidad.
— ¿Qué autores incluye el repertorio de este ciclo?
— Es muy variado, haciendo hincapié en los autores “clásicos” del órgano: Bach y sus predecesores, Reger, Franck, Mozart, Widor, y más especialmente en música nueva, del siglo XX y XXI, sin estridencias disonantes, aquellas músicas que reflejen las bondades acústicas del lugar y del instrumento. Es un repertorio muy variado y además, como expuse, con alguna obra de los compositores “homenajeados” en sus aniversarios. La gran mayoría de las partituras que se interpretan tienen inspiración religiosa, debido a la ubicación histórica (y también actual) de los órganos para los cuales los autores dejaron su legado.
— ¿Quiénes participaron?
— Otro de los objetivos que me propuse es darle visibilidad y una oportunidad con compromiso a mis exalumnos y alumnos aventajados de mi cátedra del DAMus (Departamento de Artes Musicales de la Universidad Nacional de las Artes), para que a la vez que demuestren sus habilidades y progresos, tengan la oportunidad de tocar en un órgano histórico, como los que hay en otras partes del mundo. Para ellos es una experiencia muy valiosa e inspiradora. También yo mismo comparto con ellos este desafío. Este año 2024 hemos compartido nueve conciertos, de abril a diciembre, uno por mes. Diferentes intérpretes hemos participado dando variedad y continuidad, y seguiremos el año próximo.

— ¿Cómo te convertiste en organista?
— Mi instrumento amado inicial fue el piano y lo será por siempre, pero desde joven sentí admiración por el gran repertorio del órgano y su traducción sonora en los distintos instrumentos (una misma partitura no suena igual en órganos diferentes), y esa curiosidad me llevó a ampliar conocimientos, experiencias, visitar y conocer, el inmenso aporte de mis maestros locales y extranjeros, un tiempo de estudio en Alemania, Holanda y España, aumentó la curiosidad que se convirtió en necesidad de aprender y hacer, superando barreras y encontrando mucha satisfacción al escuchar el producto sonoro en todos los órganos que pude tocar, aquí y en el exterior. Mi formación tuvo lugar en el excelente y exigente antiguo Conservatorio Nacional y luego hice posgrados en el extranjero. El impulso a no detener el compromiso que me dieron los premios de concursos, becas y los dos premios Konex son oportunidades de adhesión a una vocación que viene sostenida desde décadas.
— ¿Son pocos los músicos que dominan este instrumento?
— No son todos los que quisiéramos, porque dominar este instrumento es para músicos valientes, no es un instrumento que, por sus dimensiones, se pueda tener en una casa, hay que ir a estudiarlo en algún templo, lo cual aumenta su desventaja o, en el mejor de los casos, despierta un desafío mayor que quienes tocan un instrumento portátil en un estuche (violín, guitarra, flauta, etc.). Pero puedo asegurar que la satisfacción de disociar el juego de las manos en los distintos teclados más el uso de ambos pies en la pedalera, ofrece una satisfacción casi “triunfal”.

—¿Cuáles son las características del órgano de la Basílica de Nuestra Señora de la Merced?
— Por suerte, contamos con este instrumento histórico -alojado en un templo también histórico y muy bello-, que en su momento fue el mejor y mayor de la ciudad, a partir de su instalación en 1897 y hasta 1916, aproximadamente. Proviene de Alemania, fue construido por la firma Walcker y armado aquí con los mejores materiales de su época. Tiene 40 registros (o timbres instrumentales), tres teclados para las manos y uno para los pies (se los llama: teclados manuales y pedalera, respectivamente), y una nobleza tímbrica que alberga desde los sonidos más delicados hasta los más estridentes. Lógicamente, una gran maquinaria que lleva en uso 127 años necesita su mantenimiento, afinación y ajustes, los cuales también están contemplados en este proyecto. Contamos con la pericia y dedicación con todos los cuidados para su mantenimiento con la firma Organería Argentina, que lo tomó para su puesta a punto durante la pandemia, y continúa atendiendo todas las mejoras necesarias, conservando el estado original del instrumento. Ejemplares similares en este estado original ya no quedan en Alemania, por el perjuicio de las guerras y las modas posteriores han sido modificados, y cuando lo visitan organistas alemanes, se sorprenden al encontrar una joya así en nuestra ciudad. Dentro de los varios objetivos de “Órgano al Mediodía - Conciertos en La Merced” está incluido el mantenimiento y celoso cuidado de este ejemplar, único en nuestro país.
—¿Qué recomendás escuchar del género como introducción al repertorio?
— Sin dudas, las obras de Johann Sebastian Bach, el gran prócer de este y de otros instrumentos, sus Toccatas y fugas, Preludios de Corales, Sonatas en Trío, y un largo etcétera, los conciertos de Vivaldi transcritos al órgano, las sinfonías de Charles Marie Widor, las obras para órgano de Mozart, César Franck y también autores de los tiempos del renacimiento y primer barroco, quizá sean una puerta de acceso, y también una seducción difícil de superar.
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