Los ecologistas suelen decir que estamos parados sobre una bomba de tiempo. El relojito va marcando cuánto falta para la explosión de la bomba del cambio climático. Y a diferencia de las películas donde el héroe cortaba el cable correcto segundos antes del final. Para el mundo, por ahora no hay nadie que intente desactivar lo que se viene.
Lo que si hay son ecologistas que ponen el cuerpo para intentar mitigar los efectos de la contaminación. Hombres y mujeres que recorren los arroyos y costas levantando uno a uno cada plástico que desborda en todo el conurbano bonaerense de norte a sur.
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Amor al agua
Uno de estos casos es el de Juan Martín Ravettini, fundador de la ONG Yo Río que se dedica a la recolección de plásticos en los arroyos del conurbano norte y la limpieza de sus costas.
Ravettini desde muy chico estuvo en contacto con el río. Siempre se dedicó a la navegación. “Cuando salía en el velero siempre que veía alguna botella o bolsa la levantaba para que mi zona de navegación quede libre –recuerda Juan Martín en diálogo con Infobae-. Desde ese momento empecé a pensar en la necesidad de tener agua limpia como derecho humano”.
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El ecologista, de 49 años, marca que en los últimos 20 años subió en forma exponencial el uso de los envases de plástico. “Cuando era chico se compraban galletitas sueltas o se consumía las gaseosas en botellas de vidrio. Además, otro ejemplo, íbamos a hacer las compras con nuestra propia bolsa de tela”, relata Ravettini.
Plástico en todos lados
Ahora, el plástico lo invade todo en los arroyos del conurbano. Todo esa basura arrojada en basurales a cielo abierto o directamente al río va a parar en forma directa al Río de la Plata. De ahí, de ese río sin orillas color león se toma el agua que todos los días tomamos los porteños cuando abrimos la canilla.
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En ese sentido, un grupo de estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA detectó la contaminación por microplásticos en todas las muestras que tomó de arroyos y plantas de tratamiento de efluentes en aguas de las cuencas del Río Matanza-Riachuelo y del Reconquista en tierra bonaerense.

El mismo estudio indica que las instalaciones de saneamiento removieron hasta un 70% de la contaminación. Los microplásticos son objetos de menos de 5 milímetros de diámetro.
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Ravettini conoce bien la ruta del plástico que todas las semanas cuerpo a cuerpo en las aguas bonaerenses. “El plástico se acumula en los arroyos. El problema surge cuando tiran sillones, heladeras y hasta autos. Esto genera diques que acumula el plástico debajo de los puentes. Después con las lluvias se desbordan y se desparrama toda la basura acumulada”, enumera Juan Martín casi sin dejar espacio para interrupciones .
Todas las semanas, Juan Martín y su equipo eligen un punto del conurbano norte para limpiar. Al mismo tiempo, intentan bajar la huella de carbono con árboles y plantas nativas. “Un estudio indica que cada ser humano en la actualidad debería plantar 200 árboles. Yo ya llevo cumplido con creces ese número”, se sonríe Ravettini. En cada lugar que limpian suelen armar una segunda visita en la que plantan especies nativas a la vera de los arroyos. “Queremos que vuelvan a renacer la fauna silvestre autóctonas como las mariposas y otros insectos característicos de esa flora”, explica el militante ecologista.
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En cada salida, pueden llegar a levantar hasta una bolsa de consorcio repleta en un metro cuadrado. Yo Río, además, suele hacer salidas con empresas para concientizar sobre el cuidado del medioambiente.
En el último video que tuvo amplia repercusión en las redes sociales y que abre esta nota, Ravettini y un grupo de voluntarios realizaron la limpieza del arroyo Basualdo en la zona de Bancalari. Como se ve en las imágenes se metieron con kayak y canoas para limpiar la zona. Tuvieron que sacar toneladas de plástico antes de volver a ver el agua oscura del lugar. Juntaron toda la basura en grandes botes que fueron sacados del lugar por los camiones del municipio.
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En cada incursión por los arroyos, las brigadas de limpieza se encuentran con heladeras, sillones, TVs, cochecitos de bebés, zapatillas, bolsas y miles de botellas de plásticos de todos los colores. Todos los fines de semana, el grupo, a veces de hasta 100 personas, meten sus manos en el barro del conurbano. Con paciencia recolectan miles de kilos de basura. Son jornadas que arrancan temprano y se completan al atardecer. Al terminar, siempre, la foto de la brigada como un equipo de fútbol con toda la basura levantada.

En esta última jornada, Ravettini contó que terminó con vómitos y diarrea. Toda la basura y la contaminación genera que las aguas se emitan gases perjudiciales para la salud. “Las burbujas que muchas veces se ven no son peces, sino el gas metano que emana por el estado de los arroyos”, resalta Juan Martín.
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Pero qué sucede cuando Yo Río deja el lugar. Mientras no haya un cambio en el tratamiento de la basura y en la concientización, los ecologistas parecen quijotes que luchan contra molinos de viento. “Vuelvo un par de semanas después al arroyo Basualdo en Bancalari, por ejemplo, y encuentro la misma cantidad de basura que había sacado”, relata Juan Martín. Esa pelea es desigual por la falta de apoyo también. Yo Río cuenta con una máquina que permite limpiar las aguas de plástico en forma mucho más eficiente. “No la podemos usar porque necesitamos 4 millones de pesos mensuales para que esté operativa”, dice Ravettini.

Pese a los obstáculos, los miembros de Yo Río siguen adelante. “Nos da mucha alegría ver una zona limpia tras el paso de nuestros grupos -dice Juan Martín-. Es importante viralizar las imágenes porque mucha gente se da cuenta a dónde va a parar la basura que muchas veces quedan por las calles. Quizás sea una manera de que tomemos conciencia”.
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En ese sentido, Ravettini sostiene que el cambio climático va a traer una profundización de las diferencias sociales. “Los sectores más vulnerables más van a sufrir la falta de agua o el aumento de temperaturas. Los ricos siempre van a tener la chance de vivir con aire acondicionado”, explica el ecologista.
“Esa destrucción del mundo no será rápida. Vamos a ir sufriendo transformaciones por regiones. puede ser la falta de agua en algunas zonas o temperaturas extremas en otras, como sucedió en Río de Janeiro la semana pasada, que el termómetro llegó casi a los 60 grados”, relata Ravettini.
Así, mientras el tiempo del reloj de la bomba corre, los ecologistas intentan paliar las consecuencias que deja a su paso la contaminación. Mientras tanto, la Tierra va mostrando las consecuencias de lo que viene. Nadie por ahora se anima a cortar el cable correcto para evitar la explosión.
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