
“¡Lo logré! Saquen entrada para mí. Ubiqué a la niña”. Un viernes a la tarde en un grupo de WhatsApp de amigas post cuarenta comienzan a circular acelerados los mensajes que anticipan la noche. “Hoy Carmín vomitó. Pero ya se siente bien. Se queda con mi mamá. ¿Nos encontramos tipo 22 horas? ¿O mejor 21.30?” El plan propone vinito, comida rica y reírse mucho con el show de Vero Lorca, que se presenta como actriz, comediante, directora y ahora también autora de “Filosofía a conchazos”, su primer libro publicado con el sello de la editorial Chirimbote.
“Chistes de suegras, de gordas, de cornudas, de jabrus, de hincha pelotas, de pesadas, de peludas… el humor fue una forma lastimar, no de hacer gracia. Y la mujer que tenía humor era esa que se reía de los chistes de los varones. Esas eran las inteligentes, las copadas. Por suerte fue cambiando. Empezamos a mirar de otra manera. De a poco pasamos de ser objeto de comedia a ser sujetas. En vez de ser la rompe bolas, hacemos chistes. Ojo: costó mucho y cuesta”, explica Lorca en diálogo con Infobae.
La previa en el camarín se disfruta con un tinto. Vero Lorca desconfía de las personas abstemias, no las entiende, cree que incluso podrían ser peligrosas. “¿Cómo se explica que estén conectados con la realidad 24 horas? Para mí toman drogas, pastillas o un día salen con una ametralladora”.
Frente al espejo da los últimos retoques al maquillaje. Las sombras y labiales se mezclan con el guión del monólogo que está a punto de subir al escenario del Centro Cultural Morán, en el barrio porteño de Agronomía. Un show que contagia carcajadas desde hace rato, pero que todavía le genera vértigo.

“Antes de cada función siempre surge la pregunta de `¿por qué me metí en esto? Voy a estar sola ahí arriba hablando´… es tremendo. Pero al rato empiezo a intercambiar con la gente, los escucho reír, pasarla bien y la sensación es `ok, esto es maravilloso´”.
En 2004, siendo profesora de teatro, Vero Lorca se enteró de la existencia del género stand up y fue un viaje de ida. Aunque a los ponchazos.
“Éramos una o dos mujeres más haciendo stand up, muy pocas cuando arrancamos. Y nos fuimos juntando. Ocurría algo bastante tremendo que era que no llamaban a más de una mujer por elenco porque decían que `desbalanceaba´, que `muchas minas juntas gritan mucho y no son graciosas´. El primer espectáculo que hicimos se llamó Humor de Perras, en el Terraza Teatro Bar de La Plaza. Éramos cuatro minas y cuando volanteábamos en la calle nos preguntaban si los varones podían entrar. Nadie preguntaría si puede entrar una mujer a un espectáculo de cuatro monologuistas varones. Pero está instalada la idea de que los varones hacen humor universal y las mujeres humor de minita, de nicho, para ellas, femenino”.
“Filosofía a conchazos” nació como columna de radio ocupada en desarmar ideas de Nietzsche, de Aristóteles y Rousseau. Con el tiempo vinieron los shows y el libro, y se fueron a la vez ampliando los análisis, las reflexiones, las vivencias y ganas de repensarlo todo.
“Escribo humor desde mi mirada feminista, atravesada por ser mujer blanca cis heterosexual de clase media y de Buenos Aires. No soy universal, estoy hablando desde un lugar sabiendo que tengo un montón de privilegios. Tampoco planteo verdades. No las tengo. Tengo una visión sesgada desde donde hago humor”.
Los temas que se convierten en musa son resultado de los gustos y traumas y preocupaciones e intereses de quien escribe, combinados en cada momento y lugar.

“Hablé en distintas épocas de mi vida. Cuando empecé estaba viviendo la crisis de los 30 años, después estuve mucho tiempo en pareja, después me separé y atravesé mi etapa de apps de citas. En la actualidad estoy en pareja de nuevo, tengo otra edad y me pasan otras cosas. Por ejemplo mi pareja es papá de dos hijas, entonces estoy madrastreando y esas experiencias también las llevo a los shows. O me interpela algo que pasa alrededor, algo que me llamó la atención, un piropo, un cartel, las elecciones”.
Vero Lorca invita al público a escuchar canciones que hicieron bailar y seguro acompañaron algún recuerdo de sus vidas. Clásicos, hits, esos temones que arrancan una sonrisa de solo tararearlos… hasta que afinamos el oído, revisamos las letras y el grito en la sala es unísono: “Noooooooooooo”. Melodías de Arjona, de Los Wawancó, Fofó el payaso, Attaque 77, Pappo y el rapero panameño El General caen en la volteada.
“Trato de que mi humor sea para todo el mundo, que los varones no queden afuera, no busco atacarlos. Además soy heterosexual, ya le fallé al feminismo y soy demodé porque me gustan los tipos… no me voy a pelear con ellos. Por otro lado, me parece interesante que escuchen. Los varones me suelen seguir con buena onda. Claro que siempre tenés alguno que te quiere explicar. El mansplaining es la verdadera esencia del hombre machirulo. Los ves venir y ya te das cuenta de que están `que se explican encima´”.
- ¿Cambió el humor?
- Yo creo que sí, que cambió el humor. En la década del noventa no solamente las mujeres éramos `lo otro´, sino todo `lo diferente´. El enano, el petiso, el gordo, el homosexual y nos reíamos de eso. Era la burla al de al lado. Y no creo que ahora no podamos reírnos de nada. Es que ya no nos reímos de eso porque evolucionamos como sociedad. Pero no porque nosotras, las mujeres, digamos que no se puede. Sino que de verdad le das una vuelta de rosca en tu cabeza y decís `Che, me parece que no da´. Y como sociedad evolucionamos en el humor como en otro montón de cosas. No podemos quedarnos aferrados a esos chistes y decretar que sin esos chistes el humor no existe. Es decir, sí, nos podemos reír, pero siempre depende de dónde estés parado. Incentivar la pregunta: ¿de qué te estás riendo? ¿De quién te estás riendo? ¿De qué lado estás: del lado de los opresores o de los oprimidos? El humor machista es el pasado. El futuro es de nuestras carcajadas.
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