
La Argentina nunca tuvo realeza ni descendencia de sangre azul, pero tiene un puñado de castillos, erigidos a fines del siglo XIX, de cuando era uno de los países más prósperos del mundo, al mismo tiempo en que se convertía en la tierra de las oportunidades para los inmigrantes. Llegaban expertos europeos en todos los rubros, entre ellos, arquitectos, que dejaron toda la impronta de su lugar de origen en todo el país.

Poco se sabe de los castillos argentinos que son de propiedad privada. Existe un halo de misterio a su alrededor, especialmente si se mantienen las puertas cerradas al público como el Castillo Naveira, en Luján. Pero no es el único. En la provincia de Buenos Aires, 25 de mayo, el Castillo Huetel es un suntuoso palacio de estilo francés, Luis XIII construido por el arquitecto francés Jacques Dunant que perteneció a Concepción Unzué de Casares. También es un enigma por el hermetismo de la familia heredera que lo habita.
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Se suma a la lista, el Castillo La Candelaria de estilo normando, en Lobos. El Castillo de Rafael Obligado en el partido de Ramallo, encargado para su mujer una gran lectora de Walter Scott, que ambientaba sus novelas con un estilo gótico. Y en Córdoba, el valle de Punilla, aloja otra joya arquitectónica, de estilo medieval: el Castillo Hotel, que originariamente fue construido como casco de una estancia de Valle Hermoso, para luego tener otros usos, como colonia de vacaciones de un sindicato y el hotel que es hoy.
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El Naveira, el palacio escondido de Luján es excepcional. De un imponente estilo gótico, como los que suelen verse en Europa, su interior es un enigma más allá de las fotos que circulan y las publicadas por los propietarios en su página de Facebook (@castillodenaveira), no hay más por ver.
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Historia del Castillo de Naveira
La construcción, que data del siglo XIX, tiene su origen por el encargo de un viudo, originario de Leipzig, Alemania, llamado Enrique Beschtedt, acompañado por su única hija, Irene. Compró el terreno, a 10 kilómetros de la Basílica, ahora sobre la calle Beschtedt s/n encantado con los sauces que bordean un arroyo, y contrató a uno de los ocho arquitectos que trabajó en la Basílica de Luján, el belga Ernesto Moreau.
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Padre e hija vivieron en una casa entre dos ombúes que llamaron San Enrique. Tras contraer nupcias con el Dr. Domingo Fernández, Irene se convirtió en madre de 9 hijos: Elina Lucía, José Salvador, Alberto Manuel, Adolfo María, Manuel José María Flavio, Enrique, Alfonso Rodrigo, Enriqueta Matilde y Maria Inés. Lugar no les faltaría para su crianza, pero la familia numerosa dejó el castillo en 1913.

La nueva propietaria fue también una viuda. Matilde Golpe Brañas había estado casada durante 15 años con el español Manuel Naveira González, filántropo, escribano público, nacido en Betanzos, Galicia, quien antes de conocerla había sido Cónsul de la Argentina -aún siendo extranjero-, en ciudades como La Coruña y Barcelona. Manuel, que había muerto a los 64 años, poseía en Buenos Aires casi 160 propiedades y 50 mil hectáreas en La Pampa dedicadas a la agricultura y ganadería. Ambos también tenían un solo hijo: José Roque Naveira Golpe.
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El castillo cambió de nombre y se convirtió en San José, por el patrono de su hijo. “Pepe” Naveira pronto tomó las riendas del lugar y amplió la propiedad, volviendo a contratar al arquitecto original, Ernesto Moreau. Además de conservar el estilo gótico, que se había puesto de moda a fines del siglo XIX, también mantuvo en pie la gran arboleda que lo acompañaba.

¿Con quién se casó Pepe Naveira? Con una antigua habitante de esa misma casa, que había nacido 25 años atrás: Elina Fernández Beschtedt, nieta de Enrique Beschtedt. En 1922 contrajeron matrimonio y más tarde se convirtieron en padres de Matilde Naveira Fernández Beschtedt, Elina Lucía Naveira Fernández Beschtedt y Alfonso Rodrigo Naveira Fernández Beschtedt.
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En la actualidad, resulta imposible atravesar “la muralla” del castillo, porque sus propietarios, celosos de su intimidad, mantienen las puertas cerradas a los visitantes curiosos. Infobae intentó hacer contacto con la familia Naveira, y respondió que no está dispuesta a recibir visitas, que por el momento no les interesa que se publiquen notas porque después “los vuelven locos con las llamadas” y que están determinando entre las generaciones de la familia que harán más adelante respecto de las visitas.
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