
Omar Abuhid se levanta todas las mañanas a las 7 y arranca su día como un vecino más del conurbano bonaerense. Desayuna con su mujer Celeste, sus hijos Lucía de 12 años y Mirko de 18. Apura las tostadas con manteca y se toma el último mate, antes de subir a toda su familia al auto. Lleva a los chicos al colegio y a su pareja hasta la oficina estatal en la que trabaja.
Luego visita los talleres de costura en los que se fabrica la ropa que vende en su puesto de La Salada los miércoles, viernes y sábado. Al mediodía almuerzan todos juntos. En ese momento, Omar se convierte en el “Turkito de la gente”. Y arranca su tarea solidaria. Prepara comida para unas 120 personas en situación de calle que viven en su localidad, Tres de Febrero. “A las 18 horas vamos con mi esposa y mi hija Lucía a repartir la comida –explica Omar en diálogo con Infobae-. No sabés la cara de alegría de la gente cuando nos ve llegar. Es un momento todos los días que me llena el alma”.
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Redes solidarias
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Abuhid vive para y por la solidaridad con sus vecinos. “Recibo unos 2300 llamados por días. Me piden de todo desde sillas de ruedas, camas ortopédicas hasta pañales para adultos –enumera Omar casi sin respirar entre las palabras-. Trato de ayudar en todo lo que pueda para mejorar las vidas de las personas”.
Son tiempos en los que Santiago Maratea se hizo famoso. Primero por sus colectas para ayudar a chicos con problemas de salud y ahora por su intento de juntar la plata necesaria para pagar la deuda de Independiente. Dos décadas atrás, Omar ya practicaba la solidaridad y usaba las redes sociales para reunir elementos o juntar plata para lograr que chicos viajen a operarse al exterior o que una mujer tenga los medicamentos necesarios para curarse.
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El Facebook del “Turkito” tiene unos 32.000 miembros y es una muestra de toda la actividad solidaria que lleva adelante Omar con su familia. Hay muchos posteos por día. Gente que agradece. Otros que devuelven lo ya usado para que se pueda reutilizar y personas desesperadas que piden ayuda. Como una nena con piel de cristal que se la ve toda vendada. “Gracias a todos los que colaboran la bebé ya tiene sus parches para paliar los dolores”, cuenta Omar y recibe miles de likes.
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En otros posteos, cuenta historias de personas que caminan de Avellaneda a Villa Bosch para buscar un medicamento o madres que lo abrazan por la silla de ruedas que recibieron para su hijo que no puede caminar. Los que reciben más likes son los que donan medicamentos de cáncer que sus hijos ya no podrán usar.
El mito de iniciación
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Como todo héroe de película, en este caso sin capa, Omar tiene su relato de iniciación. Una causa por la cual se juró que iba a dedicar gran parte de su vida a ayudar a los demás. Su mamá tuvo cáncer hace 20 años, cuando él era un veinteañero. El mundo se le vino abajo. Pensó que no había futuro.

Por la falta de dinero, la mamá de Omar tuvo que vender una casa en Mar del Plata para poder realizarse la primera operación. “Mi viejita tuvo 8 tumores y después tuvo que vender otra propiedad para seguir con el tratamiento –recuerda el “Turkito”-. En ese momento, lo primero que tuve fue un Fotolog y desde ahí pedí ayuda a mis amigos. Y funcionó. Hoy mi mamá sigue viva y mucho tuvo que ver la solidaridad de la gente”.
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Desde ese momento, Omar no paró ni un solo día. Hay escenas muy comunes que suceden en las calles de Villa Bosch, la patria chica de Abuhid. Dos señoras se encuentran en la cola de la verdulería o la carnicería. Hablan sobre la inflación o de la humedad. Hasta que una le cuenta un problema. La obra social tarda en entregarle unos medicamentos oncológicos. Entonces la vecina se acerca para que nadie más escuche y le dice: “¿Y si vas a ver al Turkito de la gente?”. Casi al mismo tiempo, un grupo de vecinos toman café en un bar. Hablan del partido del domingo y de la inflación también. En un momento, uno de los hombres con gesto adusto cuenta que no logra que la prepaga le entregue una cama ortopédica para su mamá enferma. “¿Y si se lo pedís al ´Turkito´?”.
El boca a boca funciona y hace que los vecinos se acerquen hasta el galpón que está adelante de la casa de Omar para pedir ayuda. “Hay que dar y recibir -recalca Abuhid con voz firme-. Por eso, cuando dejás de usar lo que te llevaste de acá hay que devolverlo para que lo pueda usar otra persona que tiene un problema de salud”.
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Solidaridad tiempo completo
El “Turkito” de la gente vive en su casa de Villa Bosch mezclado con cientos de pañales para adultos, repuestos de silla de ruedas y camas oncológicas para las personas que le golpean la puerta a diario. Omar puso un horario de 12 a 18. En ese momento, sus hijos Lucía y Mirko ya volvieron del colegio y pueden ayudarlo con los pedidos. Los chicos están en el galpón y muchas veces reciben las donaciones y también los pedidos.
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Allí pasa la tarde Lucía, la hija de Omar de 12 años. Vuelve del colegio, se saca el guardapolvo, almuerza y enseguida ya está al pie del cañón para recibir a la gente. “Hacemos esto porque nos gusta ayudar a la gente, sería muy difícil si no lo hiciéramos con mucho amor y pasión”.
El año pasado hubo un incendio que consumió varias casas del barrio Esperanza en Virrey del Pino, La Matanza. Y Omar se puso con todo para ayudar. Llamó a varios amigos con corralones de materiales. Así consiguió ladrillos, cemento, arena y todo lo necesario para levantar casas. “Hicimos 14 viviendas completas. Nosotros le dábamos los materiales y los vecinos perjudicados se pusieron manos a la obra. Ahora yo controlo y si veo que vendiste lo que te dí o subís a las redes una foto con una cerveza, en vez de trabajar. Olvidate de mí para siempre”.
Abuhid muchas veces llega donde no llega el Estado. Los vecinos se cansan de los laberintos de la burocracia para conseguir un medicamento o una silla de ruedas para un nene que no puede caminar. Entonces, le cuentan el problema a un amigo o conocido. Luego llegan las palabras mágicas: “¿Y si le pedís al ´Turkito´ de la gente?”.

Omar muchas veces colapsa de pedidos. Pero nunca pensó en abandonar esta tarea. “Cambio el celular cada 6 meses porque se me llena de mensajes y ya no puedo ni ver lo que me escriben mis hijos. La mejor forma de comunicarse conmigo es o tocarme el timbre en casa o mandarme mensajes por redes sociales”, explica Abuhid.
Otros de los eventos multitudinarios que ya realizó varias veces el “Turkito” es la entrega de miles de kilos de carne en la plaza de Tres de Febrero. En el 2021 fueron 20.000 de asado para todos los vecinos que se acercaron. Durante la pandemia, todos los días en su galpón de Villa Bosch, Omar ofrecía unos 7.300 bolsones de comida diarios. Tras el fin de la cuarentena, en el 2023 volvió el evento masivo. Abuhid repartió unos 40.000 kilos de pollo.
¿Por qué hace todo ese trabajo solidario el “Turkito”? Omar tiene la respuesta a flor de piel. A la mayoría de las personas cuando mueren solo las recuerdan sus amigos o los hijos. En mi caso, cuando ya no esté cientos de miles de personas me van a tener presente siempre”.
Omar explica que “los chicos que lo pasan a saludar 10 años después de que los ayudé y me dan un abrazo. Son el mejor regalo que puedo recibir”. Abuhid reniega de los políticos que cuando llegan los años electorales lo llaman para sumarse a sus campañas solidarias. “Yo sólo soy un eslabón más de una cadena inmensa de personas solidarias -resalta el “Turkito”-. Recibo los materiales y los distribuyo, pero no podría hacer nada sin la ayuda de todos los que confían en mi como intermediario para su generosidad”.
Así, Abuhid corta la comunicación con Infobae y antes enumera las actividades del día siguiente. Llevar a los chicos a la escuela, a su mujer al trabajo. Trabajar en la ropa que vende en La Salada. Hasta que llega la tarde y Omar se convierte en el “Turkito de la gente”. El secreto a veces que miles de personas del conurbano se pasan de persona a persona cuando necesitan una mano solidaria.
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