El Vaticano autorizó la apertura de la causa de beatificación del coronel Argentino del Valle Larrabure, secuestrado por el ERP y asesinado en el año 1975.
“Examinado el asunto, me complace informar a vuestra excelencia que, por parte de la Santa Sede, nada puede impedir la causa de beatificación y canonización del mencionado Siervo de Dios”, dice la comunicación enviada por el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, al obispo castrense, monseñor Santiago Olivera.
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Nihil obsta es la fórmula en latín que usa la Santa Sede: nada obsta, no existe impedimento alguno, para iniciar el proceso que puede llevar al altar a Larrabure. El Vaticano responde así a la solicitud enviada desde la Argentina, junto con los antecedentes que, en opinión de las diócesis locales, ameritan iniciar el proceso de beatificación de una persona.
En agosto de 1974, durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, un comando de 70 guerrilleros del ERP tomó por asalto la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María, en Córdoba, y secuestró a su subdirector, el mayor Argentino del Valle Larrabure. También se llevaron armas y explosivos.
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Larrabure fue encerrado en una “cárcel del pueblo”, un calabozo húmedo, sin luz y con escasa ventilación -que él mismo llamó “canil”-, disimulado en el local de una mercería en el barrio Bellavista de Rosario. Después de algo más de un año de encierro -376 días-, Larrabure fue ejecutado por sus captores, se cree que el 19 de agosto de 1975, y su cuerpo arrojado a una zanja. Tenía 43 años. Fue ascendido a coronel postmortem.
El obispo castrense Santiago Olivera es también Delegado Episcopal de la Causa de los Santos de la Conferencia Episcopal de Argentina. En esa doble condición, asumió la investigación preliminar que fue elevada a la Santa Sede para obtener el nihil obsta.
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En diálogo con Infobae, Olivera destaca el modo en que Larrabure encarnó la fe sin flaquear durante el difícil trance que le tocó vivir y de la que dejó un testimonio profundo y descarnado en las pocas cartas que pudo enviar y en anotaciones diarias. Su ejemplo es también un aporte a una mirada más completa de nuestra historia. Monseñor Olivera cree que los argentinos debemos mirar de frente la verdad, que asumirla “nos hará libres”, como dice el Evangelio. Y, sobre todo, “nos puede poner en el camino de sanar”. “Que no reine el odio, que no generemos más grietas”, pide.

— ¿Cuáles son los hechos de la vida del coronel Larrabure que lo ponen en este camino de santidad?
— Durante su cautiverio, todas las oportunidades que tuvo de comunicarse con su familia, de enviar cartas, pese a lo mucho que sufrió, pese a que lo tentaron con propuestas de liberación a cambio de traicionarse, las usó únicamente para instar al perdón, para pedir que no anidara el odio en los corazones de sus hijos, que no decayera la fe de su esposa; es decir, proclamó el Evangelio, como Jesús cuando en la cruz dijo “perdónalos porque no saben lo que hacen”. Permanentemente testimonió su aceptación de la voluntad de Dios.
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— ¿Podemos hablar de martirio por la fe en este caso?
— Exactamente, martirio por la fe. Encarnó la fe. La fe se hizo carne en su propia vida. Eso se tradujo en el perdón, vivió en paz interior y cumplió el mandato de perdonar y de amar al enemigo.
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— Usted dijo que lo tentaron con la libertad. ¿A cambio de qué?
— Larrabure era ingeniero en Fabricaciones Militares. Le ofrecieron liberarlo si entregaba oles por ejemplo fórmulas industriales o les enseñaba a fabricar armamento. Él se negó: las armas no son para que los argentinos nos matemos entre nosotros, dijo.
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— Cómo sintetizaría el testimonio que ha dejado Larrabure?
— Para mí su figura es providencial porque en tiempos de enfrentamientos él nos invita al encuentro, a reconocer errores, a pedir perdón y a perdonar. Sólo perdonando podemos mirar al futuro habiendo sanado mental y espiritualmente. La verdad nos hace libres. Como dice el título del libro que la Comisión Espiscopal le encargó a la UCA, “La verdad os hará libres”, tenemos que asumir ese pasado con sus luces y sus sombras, eso es muy importante. Creo profundamente en el mensaje evangélico de ese título.
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— ¿Qué nos dice el caso Larrabure sobre cómo nos relacionamos con el pasado, con nuestra historia?
— Este acontecimiento, el martirio de Larrabure, muestra un período de nuestra historia que es parte de la verdad. En tiempos de democracia también hubo violencia. La verdad, si se asume, puede ser redimida. Ese título (la Verdad nos hará libres) tiene una fuerza enorme… Vivamos la verdad, asumámosla. Sin negar lo que vino luego, no podemos negar esos atropellos. La Realidad es la Verdad, o la única verdad es la realidad, como le gustaba decir a Perón. Y este caso nos da una mirada de la historia que a todos nos puede poner en el camino de sanar. Que no reine el odio, que no generemos más grietas.
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— Cree que la apertura de esta causa de beatificación de Larrabure -y un eventual futuro reconocimiento de su martirio- puede ser una esperanza para las víctimas no reconocidas de la violencia de los 70, para las víctimas de la violencia guerrillera?
— Creo que poner la mirada en esta parte de la historia puede ampliar ese reconocimiento y beneficiar a tantos. La figura de Larrabure es emblemática pero nosotros lo proponemos desde el lado de la fe. Esto no sustituye el trabajo de la justicia que sin duda tiene que hacer su camino. Quiera Dios que pueda considerarse los derechos de todas las personas que han sido perjudicadas, pero nuestro foco está en presentar la figura de un hombre que por su coherencia en ese momento dramático de su vida y de tanta vulnerabilidad plasma los valores del Evangelio e invit al perdón, perdonando él, y pidiendo que no anide el odio. Pero considero que, sin lugar a dudas, esta parte de nuestra historia pueda amplificar la mirada de otros tantos que pueden sentir que en sus derechos no fueron respetados. Hay muchos que están tratando de abrir ese camino, que están buscando el reconocimiento. Los derechos humanos son para todos los humanos.

— Larrabure ya es un Siervo de Dios. ¿Qué significa eso?
— Se considera a la persona Siervo de Dios cuando el Dicasterio para las Causas de los Santos autoriza la apertura del proceso de beatificación
— ¿Cómo se llegó a eso?
— Previamente hubo un proceso de investigación, de recolección de testimonios, yo hablé con testigos, y además consulté con varios obispos, por ejemplo de las diócesis donde estuvo Larrabure (Córdoba, Santa Fe), les pedí su parecer. Una vez reunido ese material, escribí a Roma, enviando la documentación, para solicitar la apertura del proceso. Eso fue en septiembre del año pasado. Respondieron que estudiarían el caso y consultarían con otros dicasterios competentes en la materia. Y este año, en marzo, recibí el parecer favorable, el nihil obsta de la Santa Sede, es decir que no hay obstáculos para iniciar la causa de beatificación.
— ¿Qué sigue ahora?
— Ahora se abre la etapa diocesana, local. Hay que formar un tribunal. Integrado por religiosos y laicos, especialistas en derecho canónico, peritos en historia, notarios que certificaron los testimonios, etc. Cuando esa etapa haya concluido, todo el material se enviará a Roma, para que sea estudiado y evaluado.

Invitación al perdón
Si se reconoce su martirio por la fe, el coronel Argentino del Valle Larrabure podrá ser proclamado beato, sin necesidad de acreditar un milagro realizado por su intercesión. Lo que sí será necesario para canonizarlo. No sería el primer laico beato en Argentina, pero sí el primero militar.
Luego de recibido el nihil obsta del Vaticano, monseñor Olivera escribió: “La figura de Argentino del Valle Larrabure nos remite a muy tristes y difíciles momentos en tiempos de democracia. Tiempos marcados por la violencia, atentados, sin respeto a los Derechos Humanos y muertes. Pero el coronel es una figura que -objeto de esa violencia- lejos de albergar sentimientos de odio o venganza, invitó al perdón y al amor”.
También subrayó en su carta la actualidad del testimonio de Larrabure: “Es providencial, y nos toca a nosotros, aprovechar la vida del Siervo de Dios para la actualidad del testimonio de Larrabure: “Es providencial, y nos toca a nosotros, aprovechar la vida del Siervo de Dios para sumarnos a su pedido de deponer sentimientos de ‘enfrentamiento, de enemistad y de odio’; queremos seguir los consejos que hoy con mucha fuerza volvemos a recordar”.
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