Bajó más de 130 kilos y celebró su nueva vida en Twitter: “El camino parecía imposible”

Hace cinco años Fabio Martínez Meier, oriundo de la localidad bonaerense Saldungaray, decidió someterse a un tipo de cirugía bariátrica porque su cuerpo había encendido todas las alarmas: había sufrido tres infartos. Con un espíritu fuerte de superación, aceptó el desafío de una operación que lo cambió todo. Sin embargo, la solución no era mágica. Tuvo que poner toda su voluntad para lograr ser quien él quería. Y lo consiguió.

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Fabio Martínez Meier
Gracias a un by pass gástrico y mucha voluntad para que fuera exitoso, Fabio Martínez Meier logró bajar de más de 220 a sus actuales 83 kilos

La vida da nuevas oportunidades y hay quienes las toman, las celebran y contagian optimismo. Es el caso de Fabio Martínez Meier (53) que usó la red social Twitter para compartir la decisión que tomó hace cinco años de cambiar y empezar una nueva vida. “De pesar más de 220 kg a hoy 83 que pronto serán menos luego de una cirugía reparadora. Un camino que parecía imposible. Por eso celebro una nueva vida y quería compartir esta experiencia”, escribió el hombre nacido en Saldungaray, localidad situada al oeste de la provincia de Buenos Aires, a 8 kilómetros de Sierra de la Ventana.

Fabio hoy nada en las aguas de su infancia, el arroyo Sauce Grande y vuelve a pedalear en una bicicleta, como en ese entonces, a todas partes. “Acá tenemos un río a 300 metros del pueblo y de chicos íbamos en banda, en bicicleta, para ir a nadar. Éramos un grupo grande, porque se sumaban hermanos y amigos de ellos. Nos tirábamos al agua desde los árboles y barrancos. Éramos bastante revoltosos”, cuenta. Su madre, ceramista, les advertía: “No vengan con el cuento de que uno se ahogó”.

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Fabio Martínez Meier
Una imagen de niño con su madre. Fabio hoy vive en Saldungaray, su lugar de origen, a 8 kilómetros de Sierra de la Ventana

Fue a los 18 cuando terminó el secundario y empezó a subir de peso. “Supongo que fue algún cambio metabólico, no sé qué sería, pero comencé paulatinamente a subir de peso. Subía y subía. Fui a ver a médicos, hice todos los tipos de estudios y dietas pero no había forma. Por ahí podía bajar 5 kilos, pero después subía 7. Cuando terminaba una dieta era más lo que subía que lo que bajaba. Así llegué a pesar más de 220 kilos ”, explica.

La ansiedad que le producía subir de peso, se calmaba con más comida, dice el hombre. “Era una droga, la que más fácil tenés, porque está en todos lados y no es ilegal. La tenés a mano. Da lo mismo comer un kilo de pan, que dos docenas de empanadas. Entonces, comía lo que venía”, cuenta sobre esa época, en la que dejó también su pueblo y se fui a vivir a La Plata a estudiar Derecho. A él le daba lo mismo estar solo, en pareja o con la familia. Vivía con la sensación permanente de no poder bajar de peso y cualquier cosa que comiera le disparaba más la ansiedad.

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Fabio Martínez Meier
Fabio quiso compartir su experiencia y su alegría en la red social

Por cuestiones económicas a los seis meses dejó la carrera y empezó a trabajar. E hizo de todo. Se dedicó al mantenimiento general de casas. Pintó, cuidó parques, casa quintas. Más tarde fue a vivir con él uno de sus seis hermanos.

La obesidad le impuso muchísimas limitaciones. “En todo sentido, el no poder moverte, no poder tomar un transporte público, un colectivo, el no poder sentarte en una silla de plástico porque sabés que se rompe. El tener que pasar algunas puertas de costado porque de ancho no lo pasás, el que te miren raro o se burlarab del gordo que pasaba. Una mole de más de 220 kilos por la vereda se veía desde lejos”, recuerda sobre lo mal que la pasaba en esos años.

Fabio Martínez Meier
Durante muchos años Fabio llevó una vida limitada por su peso y no había dieta que le sirviera

Además, era imposible vestirse sin ir a lugares específicos para comprar ropa, porque era imposible conseguir un pantalón de jean, una chomba o una camisa. Fabio vivía cansado. Le costaba caminar. Durante el día no se daba tanto cuenta del peso que llevaba. Cuando más lo notaba la condición en la que se encontraba era al salir de una pileta “donde todos somos livianos”. A medida que salía empezaba a sentir todo el peso en las rodillas y los tobillos. Era terrible la sensación de volver a la realidad. Después, le dio un aviso el corazón y el hígado de que algo tenía que hacer. A los 40 años tuvo tres infartos.

Durante esos años había progresado en lo laboral. Había conseguido trabajo en el Ministerio de Economía, en La Plata. “Pasé por el edificio enorme y dejé un currículum. Me atendió una persona que justo salía. Era Amílcar Zufriategui. el Tesorero General de la Provincia de Buenos Aires y al poco tiempo me llamaron. Me dijo que lo hacía porque estaba cansado de los políticos que le pedían puestos para familiares y amigos”, explica. Trabajó durante 10 años hasta que en 2005 tuvo la oportunidad de conseguir un pase a Bahía Blanca, en ARBA, a solo 100 kilómetros de su querida Saldungaray, donde volvió a instalarse. Así de a poco, consiguió pases cada vez más cercanos a su casa. Trabajó en Tornquist y desde 2011 está en Sierra de la Ventana, a 10 kilómetros, nada más.

El cuerpo volvió a darle otro aviso. “El hígado casi explota porque se convierte en una masa grasa, hígado graso, además de problemas en los riñones. Mi médico de toda la vida, el doctor Jorge Ducasa, me sugirió hacerme una operación gástrica”. Luego hicieron más consultas porque debían asegurarse que su corazón resistiera la intervención. Tenía que bajar al menos el 20 % de su peso, unos 40 kilos. Fabio se decidió a hacerlo y lo logró.

Fabio Martínez Meier
Tras la operación, siguió al pie de la letra las indicaciones de los médicos. Aprendió a comer diferente y está siempre en movimiento

En noviembre de 2017 le hicieron un bypass gástrico, específicamente una gastrectomía en manga, un procedimiento quirúrgico de pérdida de peso, en que el estómago se reduce de tamaño. Fabio cuenta con sus palabras el procedimiento dentro del quirófano que le permitió pesar 83 kilos. “Te cortan la entrada del estómago, lo ponen a un costado anulado y retiran, no es que te sacan sino que cortan tres metros de intestino y recortan ese recorrido y en la boca donde empezaría el estómago ahí te conectan los intestinos. Cualquier cosa que comas, enseguida estás satisfecho”, agrega y continúa “A partir de ahí hice la dieta que ellos me dieron, siguiendo todo al pie de la letra. Salí a caminar, a andar en bicicleta, al gimnasio. Hubo un momento en que me pasé de largo y llegué a pesar 69 kilos”, recuerda de esta en la que estuvo supervisado por nutricionistas y acompañado por psicólogos.

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Fabio no podía creer la transformación que iba sucediendo en su cuerpo a lo largo de los meses. “El DNI lo cambié cuatro veces en estos cinco años porque fui cambiando la cara. Si no, no me reconocían”, asegura. El mismo no se reconocía en la foto. “Si al verme así ya no era esa persona, no me representaba”, expresa. También le sucede que no lo reconocían en el pueblo hasta que hablaba. Los primeros tiempos estuvo “guardado”, le daba vergüenza salir. “Es que me saqué un Fabio y medio”.

Mientras antes se refugiaba en su casa, porque no le daba el corazón y el cuerpo, y se la pasaban comiendo frente a la tele, hoy su vida dio un giro de 180 grados. “Ahora no va a haber un fin de semana que me vayas a encontrar en casa. A la mañana si el día está lindo salgo en bicicleta y puedo hacer hasta 30 kilómetros entre los caminos vecinales y de sierra que hay en la zona. Tengo caminos rurales, ríos, arroyos para pasear. Ando por todos lados en bicicleta o caminando.

Fabio Martínez Meier
Cuenta el hombre de Saldungaray que con nuevo cuerpo y nueva vida hace todo lo que no pudo hasta ahora. Los fines de semana su vida social es intensa

La vida social ahora es intensa. Los fines de semana la pasa con amigos, haciendo muchos planes. “Vamos a alguna confitería, restaurante, alguna casa en el campo. O vienen a mi casa. Mi vida vida social dio un vuelco”, destaca.

En cuanto a relaciones sentimentales pasadas, prefiere no recordarlas. Dice que todo lo que no pudo hacer antes lo hace ahora. “Ahora no quiero compromiso. Estoy bien con una, estoy bien con la otra, lo que salga”, asegura Fabio cuyo principal objetivo es disfrutar la vida como nunca antes. Los estudios médicos ahora le salen “espectaculares” y goza de muy buena salud. Comer, come de todo, en la medida justa y tiene una vida muy activa. Hace deportes a diario.

Durante la pandemia tuvo la posibilidad de estudiar a distancia una tecnicatura superior en administración pública, que espera terminar el 2 de diciembre y tal vez continúe con la licenciatura. “Ahora no me alcanza el tiempo por todas las cosas que puedo hacer y quiero hacer”, reconoce.

En estos momentos, está esperando que le aprueben una nueva operación para quitarse los colgajos, los rastros de un pasado que no quiere dejar atrás. “Estoy deseando poder operarme para ir a la playa y no pasar la vergüenza que tuve toda la vida, de no sacarme la remera. Primero porque estaba gordo y ahora porque tengo los colgajos. En estos días me aprueban la operación que es costosa. Tengo que poner una suma importante encima, pero calculo que a principios de diciembre ya me estaré operando. Después disfrutaré del verano, gracias a Dios.

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