Mingo, el soldado bonachón y alegre que luchó en Malvinas y el emotivo homenaje del amigo que lo vio morir

Juan Domingo Rodríguez combatió en el Regimiento 6 de infantería y murió en la madrugada del 14 de junio, último día de la guerra. Durante años su sepultura en Darwin fue una de las que permanecía sin identificar, tarea que se hizo en 2018. Hoy, la placa de mármol de “Soldado solo conocido por Dios” fue colocada, por gestión de una de sus hermanas, en la plazoleta que lleva su nombre en Roque Pérez, la ciudad donde vivió

Juan Domingo Rodríguez cayó en las primeras horas del 14 de junio, en el repliegue hacia Puerto Argentino. (Gentileza Carlos Di Santo)
Juan Domingo Rodríguez cayó en las primeras horas del 14 de junio, en el repliegue hacia Puerto Argentino. (Gentileza Carlos Di Santo)

La madrugada del cumpleaños de su hermano, Rosa soñó con él dos veces. Lo soñó al pie de su cama, vestido con la ropa verde de combate, y él le tendía los brazos. “Gracias hermanita, estoy con mami ahora…”, le decía con sus ojos bien abiertos. Rosa se despertó con la angustia al no alcanzar nunca a tomarle sus manos. Se volvió a dormir y nuevamente él, diciéndole “Rosa, ya está, ahora dedicate a vos. Voy a descansar”. Recuerda que tenía una lágrima sobre la mejilla, pero ella dijo que no lloró. Jura que alguien, en un momento de la noche, la tapó. “Quedate, quedate…”, ella le rogó en vano.

Hasta que sonó el despertador y comprendió que en la habitación no había nadie. Ese día, 26 de octubre, su hermano Juan Domingo Rodríguez, soldado conscripto clase 62, hubiera cumplido 60 años.

Cayó en Malvinas el 14 de junio y cuando sus restos fueron identificados, ella quiso que la placa de mármol con la leyenda “Soldado argentino solo conocido por Dios”, que estaba en su tumba en el cementerio de Darwin, fuera colocada en la plazoleta Malvinas Argentinas en Roque Pérez, la ciudad que lo vio crecer.

Ayer sábado se realizó la ceremonia. El destino o la casualidad quiso que enfrente de esa plazoleta vivió Nélida, la madre de Juan Domingo en una casa que le había dado el municipio luego de la guerra.

Se construyó un pedestal donde se colocó la placa, que la Comisión de Familiares de Caídos entregó en préstamo al municipio. (Gentileza Carlos Di Santo)
Se construyó un pedestal donde se colocó la placa, que la Comisión de Familiares de Caídos entregó en préstamo al municipio. (Gentileza Carlos Di Santo)

El acto estuvo encabezado por el intendente municipal José Luis Horna, acompañado por su gabinete. Muchos veteranos del regimiento 6, que fueron de distintas ciudades, estuvieron presentes. Se destacó la presencia del coronel retirado Mario Moyano, jefe de esa unidad durante la guerra. También estuvieron ex oficiales y María del Valle Cayo, Catalina Derrau y Sergio Aguirre, miembros de la Comisión de Familiares de Caídos, institución que entregó la placa ”en guarda y custodia”. Participó Julio Aro en su doble condición de veterano del 6 y uno de los impulsores de la identificación de los restos de argentinos sepultados en el cementerio de Darwin.

Luego de un oficio religioso y de las palabra, se la descubrió. Está colocada en un pedestal, protegido por un vidrio.

El coronel Moyano relató las alternativas en que cayó Juan Domingo y destacó su nobleza. Dijo que era uno de los soldados más queridos de la compañía. El intendente remarcó la responsabilidad institucional del municipio para con los veteranos de guerra. Julio Aro -que recibió un reconocimiento por su tarea de parte del intendente- dijo que esto era el resultado de políticas de Estado surgidas de iniciativas de los veteranos. Rosa contó de la disyuntiva que se encontró. Dudó en llevar la placa a Coronel Pringles, donde su hermano había nacido, o inclinarse por Roque Pérez, donde vivió.

Soldados del 6 junto al entonces subteniente Vilgré La Madrid. Rodríguez, semitapado, es el que está lado del soldado que levanta los brazos. (Gentileza Carlos Di Santo)
Soldados del 6 junto al entonces subteniente Vilgré La Madrid. Rodríguez, semitapado, es el que está lado del soldado que levanta los brazos. (Gentileza Carlos Di Santo)

Ella le contó a Infobae que eran nueve hermanos, todos nacidos en lugares diferentes de la provincia de Buenos Aires, como Olavarría, Lobos y Quilmes. Su papá Horacio Benjamín Rodríguez, que había sido custodio de Juan Perón, estuvo preso dos años por negarse a cumplir una orden cuando el ex presidente fue derrocado. Una de sus hijas, Nélida María, dio sus primeros pasos en la cárcel, en las visitas que hacían. Fanático peronista, se casó con Nélida Inés Alfaro, de familia radical. La militancia paterna se refleja en los nombres de sus hijos: Juan Domingo y otra hermana María Eva. Mingo nació en Coronel Pringles, donde vivió los dos primeros años de su vida.

Cuando el papá murió, él era chico y decidió dejar sus estudios primarios que cursaba en la Escuela N° 1. Trabajaría para ayudar a la madre, que debía mantener a nueve hijos. “No es porque lo digo yo -aclaró Rosa- pero Mingo era un muchacho muy querido, ayudaba a todo el mundo y compartía lo que tenía para comer”.

A Ruben, su patrón en el tambo donde trabajaba en el pueblo de Arevalo, le dijo que “un año pasa rápido”, cuando fue convocado a cumplir con el servicio militar.

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Había sido incorporado al servicio militar el 17 de marzo de 1981 en el Regimiento de Infantería Mecanizada 6 de Mercedes, tal como ocurrió con Daniel Torres, que era de Navarro. Ambos estuvieron en la Compañía A y se hicieron amigos. Junto a otros, todos de la zona de Lobos, Navarro y Roque Pérez, hacían dedo cuando salían de franco.

Ellos fueron parte de los 200 que quedaron en el cuartel para esperar a los de la clase 63. Se irían de baja en marzo o en abril, pero la guerra cambió los planes.

Esos 200 conformaron en Malvinas la Compañía B. Luego de permanecer unos días en Puerto Argentino, fueron enviados al frente. Mingo y Torres estaban en el tercer grupo de la tercera sección de la compañía. “Era bonachón, alegre, siempre con una sonrisa. Era muy buen compañero y trataba de hacer llevaderos esos días que eran interminables”, recordó Torres. “Siempre veía el lado positivo a las cosas”.

Solía pararse sobre una roca cuando comenzaba un bombardeo inglés. “¡Vengan!”, los desafiaba.

Con el paisaje malvinense de fondo, Mingo es el segundo desde la izquierda. (Gentileza Carlos Di Santo)
Con el paisaje malvinense de fondo, Mingo es el segundo desde la izquierda. (Gentileza Carlos Di Santo)

La familia de Mingo se enteró que había sido enviado a Malvinas por la única carta que les llegó, y que con los años se perdió. Les contaba que los habían mandado a una guerra, pero que estaban bien.

De acuerdo a los movimientos del enemigo, iban cambiando de posiciones, cavando pozos de zorro que enseguida se llenaban de agua. Mal alimentados -había oportunidades que en dos días no llegaba nada de comida- se las arreglaban para comer carne de oveja que cocinaban tratando de ocultar el fuego.

Todas las noches el subteniente Esteban Vilgré La Madrid les hacía rezar el Rosario. “Los pocos que recibimos cartas, las leíamos cinco o seis veces por día. Nos mantenía con esperanza”, contó Torres a Infobae.

El 13 de junio estuvieron frente a frente con los ingleses. Hubo un repliegue al monte Dos Hermanas, y Torres recordó cómo una esquirla de un proyectil mató al soldado Héctor Guanes. Luego tomaron posiciones en Tumbledown. Cuando se ordenó un nuevo repliegue, fueron saliendo la primera y segunda sección, y de cada una de ellas el grupo correspondiente. De pronto, los de la tercera comprendieron que se habían quedado solos. “No teníamos dónde ir y no quedó otra que salir”, describió el veterano.

Era la madrugada del 14. Una ráfaga precisa de ametralladora abatió a Mingo. Sus compañeros vieron que nada se pudo hacer porque falleció en el acto. Continuaron dispersándose hasta que cayeron prisioneros y enviados a San Carlos sin pasar por Puerto Argentino. El 16 los embarcaron en el Canberra y de ahí a Puerto Madryn. Llegaron el día en que “Puerto Madryn se quedó sin pan”.

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Daniel Torres había terminado el secundario en el Instituto San Lorenzo, de Navarro y era de familia humilde. Luego de la guerra, consiguió trabajo en un frigorífico y gracias a un conocido, se anotó para trabajar en el Banco Provincia. Allí estuvo 32 años hasta que se jubiló. Formó una familia y es abuelo.

Cuando todo terminó, a la madre de Mingo le dijeron que su hijo estaba desaparecido. Ella lo esperó todos los días hasta el 2005, cuando se encontró con el amigo de su hijo.

Durante 23 años, Torres no contó nada de la guerra. “Era difícil hablar de aquello en primera persona”, confesó. Un periodista local escribió una nota sobre Malvinas en el diario de Roque Pérez, y le ofreció presentarle a la mamá de Mingo. “Ella esperaba que alguien le hablase de su hijo, de cómo había muerto. Fui a su casa y hablamos y lloramos mucho juntos. Me invitaron a almorzar y recuerdo ese encuentro como agradable y emotivo”.

"Un año pasa rápido", dijo Juan Domingo cuando fue incorporado al servicio militar. Cuando estaba por recibir la baja, estalló la guerra. (Gentileza Carlos Di Santo)
"Un año pasa rápido", dijo Juan Domingo cuando fue incorporado al servicio militar. Cuando estaba por recibir la baja, estalló la guerra. (Gentileza Carlos Di Santo)

Cuando se fue a su casa, Torres sintió culpa, por lo que él creía que era egoísmo el haberse cerrado y no haber hablado antes con la madre de su amigo. Por conocidos comunes, supo que la mujer después de esa charla se había sentido más tranquila y aliviada. Coincidían en actos de veteranos pero no volvieron a encontrarse a solas. Murió dos años después.

“La luché y la luché”, contó Rosa, que trabaja como mucama en el hospital local. Cuando los restos de su hermano fueron identificados, movió cielo y tierra para llevar la placa al pueblo. El viernes pidió permiso para faltar al trabajo. Viajó a Buenos Aires para volverse con la pieza. Ella insistió que la ceremonia fuera el 26, el día del cumpleaños de su hermano, pero no todo estuvo listo.

La plazoleta ya tiene la placa. Ahora está trabajando para ponerle el nombre de una calle, que puede ser la de la plazoleta o en alguna en el barrio donde se crió. También se pensó en la Escuela N° 1, donde Mingo estudió, pero ya tiene nombre, aunque no la Escuela N° 4, que se construyó hace poco.

El homenaje y el recuerdo para siempre para Juan Domingo Rodríguez. (Gentileza Carlos Di Santo)
El homenaje y el recuerdo para siempre para Juan Domingo Rodríguez. (Gentileza Carlos Di Santo)

En el acto estuvo Daniel. “No han sido fáciles estos cuarenta años” -dijo emocionado. “A veces cuesta expresar los sentimientos”. Aclaró que se emociona más ahora que de joven, “tal vez porque ya soy abuelo y uno está más sensibilizado. Pero yo no era así diez años atrás”.

En el 2016 visitó las islas junto a 15 compañeros y recorrieron todos los lugares donde estuvieron. “Ese viaje fue inolvidable”.

Cuando le preguntamos si el acto de hoy fue como haber cerrado un círculo, fue categórico: “No lo cerrás nunca, todo ha sido muy fuerte”. No es para menos, como Mingo, Daniel y todos los que estuvieron en las islas, habían vivido una guerra.

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