
El día de cumpleaños número 33, el muralista jujeño Nico Anun, con un cartel escrito con un marcador desde su cuenta de Instagram (@nicoanun) invitó a colaborar para cumplir el sueño de realizar un “mega mural participativo”: “Ayudame a pintar la subida de Alto Comedero”. De fondo, se veía una pared descascarada, con leyendas, pintadas, mensajes políticos. “¿Te imaginás una gran obra de arte de 200 metros? ¿La vez en esa pared?”, persuadía. Y a la hora de lanzar la colecta, explicaba que ese paredón une el casco histórico de la ciudad con el barrio Sargento Cabral, Los Diques, la Nueva Terminal y más barrios”.
Nico Anun nació en Jujuy, es artista plástico muralista y licenciado en Comunicación social de la Universidad de Córdoba. Desde hace 10 años se dedica al arte de gran formato, dándole color a paredes “masivas” por donde hay mucha circulación. Como este paredón, por donde a diario pasan 15 mil coches por día. “Hicimos un montón de intervenciones, entre ellas, el barrio El Corchito, donde se revocaron y pintaron 4 cuadras. Nico es sensible a las grandes transformaciones urbanas que involucran a la comunidad y derriban prejuicios. Así fue como conectaron con el arte ese barrio histórico abandonado con otro más acomodado. “Notamos que había que hacer más para transformar la realidad, y se hizo una colecta también y una intervención en medio de la pandemia que se transformó en la alegría de todo un barrio”, según cuenta sobre esa experiencia previa.
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El artista dice que existen dos Jujuy para mucha gente: el sector que está pegado al centro histórico y todo el sector del Alto Comedero, más cerca de Palpalá. Este último, es el más joven y más poblado. “Trabajo mucho ahí en la realización de obras comunitarias en las que los vecinos se involucran, igual que la gente que pasa por ahí, que puede sumarse y pintar. Para ir al Alto Comedero se pasa una subida, un paredón de 210 metros por ocho de alto que te lleva hasta el barrio y conecta con toda la ciudad. Durante tres años cuando iba por ese lugar pensaba en lo importante que era pintarlo porque marca una frontera gris en la ciudad, de lo que es el Alto Comedero y el centro histórico. Quería que dejara de ser esa frontera gris, llena de leyendas de promesas políticas y desilusiones, para convertirse en un portal de arte”, explica. Para el muralista, un portal de arte es algo que transporta a otro lugar y da luz.
Este año decidió encarar este proyecto comunitario, en el que sintió que “se alinearon los planetas” porque se involucraron muchas personas para que fuera posible. El artista logró recaudar los fondos para desarrollarlo y consiguió auspicio para obtener la pintura. Según sus cálculos, la obra de 210 metros x 8 de alto, ocupa más de 1500 metros cuadrados. “Es gigante, se tardan 3 minutos y medio en caminar la obra de punta a punta”, precisa.
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Fueron muchas las manos que hicieron posible este proyecto, que insumió tres meses de planificación y 16 días de trabajo intenso. “La Asociación Civil Sueños Intactos tiene una escuelita con 25 profesores de arte, que trabajan en el corazón del barrio con muchos niños y con esta idea del arte como transformación social. Nos asociamos con ellos en esta gran colecta. Y contamos con la participación de un muralista colombiano, Cristian Herrera “Kiki” que hace 10 años que está en Buenos Aires. Es un groso total. Lo invitamos. Vino con Joanna Calvachem, estuvieron pintando con nosotros, dejaron su impronta. También hicimos rondas participativas para que la comunidad se acercara a pintar”, cuenta sobre el proceso creativo. Sin la maestría de Kiki, reitera, no hubiese sido posible hacer todo lo que lograron.
Durante esos días, el barrio no solo colaboró con la brocha para dar color y vida a esa gris pared. También durante esos días se ocupó de darles un plato caliente a los muralistas para mantenerlos fuertes mientras trabajaban de 8 a 20 horas. No faltaron los “guisitos” y “empanaditas”, relata. A los muralistas les pasa que recién cuando empiezan a pintar su obra, a transitarla, se dan cuenta de su magnitud. Esta en particular, fue un gran desafío en cuanto a la gestión. Eran tres pintores, pero el equipo ascendía a 12 y cuando se integraba la comunidad, superaban las 60 personas. Seis andamios se armaban y desarmaban cada día.
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El mural no fue hecho con la imagen que tenían los artistas sobre la provincia. No quisieron volcar eso en la pared. Salieron a buscar la esencia del lugar. “Para la producción artística hicimos un recorrido por Jujuy de siete días, empezando por el corazón de Alto Comedero y pasamos por las Yungas, la Quebrada, la Puna y los Valles, un montón de pueblitos, con sus testimonios, geografía, paisajes. La pintura es un reflejo de la esencia que nosotros vimos en ese recorrido”, cuenta sobre el viaje que hizo con Raymi Taborda, Cristian y Joanna.
Salieron los primeros días de julio, durante siete días. Y vivieron muchas sensaciones distintas en medio de esa geografía tan llena de contrastes. “En muy poco tiempo pasas de valles a quebradas, a la puna y te encontrás con diferentes comunidades, formas de vivir y de culturas, pero al fin y al cabo, una sola que es la cosmovisión andina, con su esencia, colores, sabiduría”, precisa. Esos cuatro climas están plasmados en la pared con un pasaje de los verdes a los ocres, y de lo tupido de la selva a la soledad de la puna.
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Durante el viaje vieron muchos cóndores, que no siempre se hacen ver. Una pareja de esta especie dio una vuelta y los siguió un poco por el camino hasta despedirse. También, mientras transitaban por el Parque Calilegua los acompañó un carancho gigante. Al jaguareté, que vive en las Yungas no pudieron verlo, pero ocupa un lugar central y fue pintado por Kiki. “También le dicen tigre, le dicen puma. Cuando está presente simboliza que el ecosistema está completo. Son figuras muy importantes para nuestra cultura, aunque a veces se coman el ganado. Son animales que representan la fuerza y la potencia”, explica. El artista dice que están presentes en todo el territorio de diferentes maneras y van cambiando el pelaje por un color amarillo y más parecido al puma en otras zonas.

Cuando el mural quedó listo, hubo lágrimas de emoción entre los vecinos. “Muchos estaban llorando. Era una pared muy grande y al verla toda transformada, con la alegría de los colores, se sintieron agradecidos. La gente está muy feliz”, concluye.
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