
El 1 de mayo el capitán Pablo Carballo atacó por error al buque argentino Formosa. Años después, cual no sería mi asombro, cuando el piloto me contó que hubo una conexión entre ese hecho y mi narración para la televisión de los combates de aquel día.
En abril de 1982 el capitán Troitiño de la Armada, en un briefing, le había señalado a los pilotos de la Fuerza Aérea que las fragatas británicas eran prácticamente inexpugnables y que la probabilidad de salir vivo al atacarlas, era casi nula. Por eso, cuando le entregaron la orden de la misión, el capitán Carballo pensó: “Es el Día del Trabajador y hoy voy a morir”.
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En Río Gallegos, otro experto de la Armada, les aseguró que en la zona no había ningún barco propio. El mar estaba calmo, con una suerte de onda en el agua. Fue uno de los pocos días en que no soplaba nada de viento, pero había nubes bajas y lloviznas por todos lados; la visibilidad era decididamente mala.
Cuando Carballo divisa al Formosa, creyó que era un petrolero, pues tenía el armazón de hierro propio de ese tipo de buque. Le descerraja las bombas y luego la escuadrilla enfila hacia Puerto Argentino para volver por el norte de las islas. Pero allí Carballo se entera del ataque de la escuadrilla Torno a los navíos ingleses y piensa: “Por acá no me meto, porque ya no tengo bombas para actuar”.
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Al recorrer la ruta inversa, se encuentra de nuevo con el Formosa: no se había hundido. Ahí nomás conectа los cañones y le tira con munición trazante. Milagrosamente, en ambos ataques no hubo que lamentar víctimas.

Vuelve al continente a los gritos de alegría: había atacado a un buque y estaba vivo.
Sin embargo, al día siguiente llega el brigadier Camblor –“a quien apodaban Temblor, porque era bravísimo”, me comenta Carballo-. Camblor hace mención al ataque de Dimeglio, Román y Aguirre Faget, y luego dispara: “El capitán Carballo atacó al buque Formosa”. Al oír eso, el piloto se descompensó brutalmente.
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“Ahí conocí lo que es estar próximo a morir, sentía literalmente que estaba expirando”.

Ante la situación, Camblor ordena que lo saquen del recinto. “Me lleva afuera el médico, el Gordo Romero –que después fue flaco– y cuando salgo, caigo desmayado. Ahí en el piso reviví todo el ataque, como si hubiera hecho de nuevo lo mismo. En ese momento llegan los integrantes del segundo escuadrón y me ven tirado en el suelo, y al Gordo Romero a cachetada limpia, tratando de reanimarme”.
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Días después arriba el brigadier Wehner con el comodoro Andreazzi. “Venían para interrogarme, aunque aquello se parecía más a una corte marcial”.
—Usted atacó fuera de la zona asignada, que era al sur de Puerto Argentino y toda la zona sur de la isla Soledad.
—No señor brigadier, yo lo hice en el estrecho San Carlos.
—No, usted atacó fuera de su zona.

En el medio de ese intercambio, Carballo se acordó de mi narración del 1 de mayo para el canal ATC.
—Señor brigadier, ¿usted vio el reportaje de Kasanzew? Él menciona esto: “A las 3 y cuarto de la tarde, el Formosa sale buscando aguas más seguras”. Si usted toma en cuenta la hora en que salieron, calcula la velocidad de navegación de ese buque, y ve la hora en que atacamos nosotros, se dará cuenta que era imposible que el Formosa ya hubiera llegado al sur de la Gran Malvina.
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—Vamos a ver eso, dice el brigadier.
Y mi video efectivamente confirma el planteo del piloto.

—¿Entonces, qué había pasado?, le pregunto a Carballo.
—El capitán del Formosa, cuando lo bombardeamos, empieza a escapar al suroeste. Y recién bastante tiempo más tarde reporta: “Estoy al sur de la Gran Malvina y he sido atacado por aviones argentinos”. Sin embargo no dice, “yo fui bombardeado aquí”. De ahí la confusión y que hayan pensado que ataqué fuera de la zona asignada. Pero yo estaba en la zona de la isla Bougainville, que se encuentra al sur de Soledad. Fue un momento muy difícil. Lo que vos dijiste, me salvó de las consecuencias posteriores.
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—¿De qué te salvó?
—Me podían haber hecho una corte marcial. Además, si había cometido un error grueso y era mal profesional, me iban a sacar del combate ¡y yo no quería que me sacaran! Tus palabras me permitieron demostrar que había atacado en la zona correcta.
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Durante el conflicto de Malvinas, Carballo fue jefe de escuadrilla y oficial de Operaciones en el Grupo 5 de Caza, el cual operaba aviones Douglas A-4B Skyhawk. Participó de distintas misiones hundiendo y dañando naves de la Royal Navy. Por su acción durante la guerra recibió la Cruz al Heroico Valor en Combate.
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