
Con 120 metros de altura, el edificio Kavanagh (Florida 1065), en el barrio de Retiro, supo ser en la década del 30 el rascacielos más alto de América del Sur. Y no solo eso. Fue la estructura de hormigón armado más grande del mundo.
Imán para los viajeros, fotógrafos y cineastas, como Mariano Cohn y Gastón Duprat que intentaron infructuosamente obtener autorización para poder filmar una miniserie en la que participará nada menos que por Robert De Niro. La propuesta de la productora Metrovisión fue rechazada.
El Kavanagh tiene su propio guión y brillo propio. Esta obra emblemática de la arquitectura moderna recuerda tiempos de esplendor de la Argentina, en cada uno de sus 105 departamentos, todos diferentes y con palier independiente. En la actualidad, sus habitantes disfrutan de esta privacidad, que se alcanza por medio de 12 ascensores en un total de 31 pisos. Su estilo es una combinación art déco y racionalista.
En su libro Kavanagh, el arquitecto Silvio Plotquin, cuenta que el modelo de desarrollo urbano del Kavanagh fue el Rockefeller Center, una obra que estuvo por encima de los estilos (art déco, modernismo y clasicismo) y que impuso un modo de ejecución de los edificios del siglo pasado. En el prólogo del libro, Guillermo Alonso, director general de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la ciudad dice que el Kavanagh, al momento de su construcción es sin dudas un rascacielos monumental que fusiona el espíritu de su tiempo con formas tradicionales de un lenguaje formal decorativo. Para los autores que colaboraron en esta obra hay aspectos de la historia de las ciudades que solo pueden ser conocidos a través de sus edificios. Y el Kavanagh pudo ser en 1934 el futuro de la ciudad de Buenos Aires. De ahí su peso histórico.
Las obras fueron iniciadas a todo ritmo en 1934, frente a la Plaza San Martín, una de las más bellas de la ciudad. Para su construcción fueron demolidas unas casas bajas, cercanas al Hotel Plaza, creado en 1909, el primer hotel de lujo de América del Sur. Las obras se realizaron bajo la supervisión del ingeniero Rodolfo Cervini y los prestigiosos arquitectos de la época Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María de la Torre Campos.
Este equipo de arquitectos también dejó su sello en elegante edificio racionalista en la esquina de Lafinur y Libertador, y otro en el cruce de avenida Córdoba y Libertad. Pero su obra más destacada fue este rascacielos.

La inauguración fue casi en tiempo récord el 3 de enero de 1936. Claramente fue todo un acontecimiento, siendo tapa de la revista Caras y Caretas. Corina Kavanagh, una millonaria de ascendencia irlandesa, fue la responsable de esta obra que desde 1999 es Monumento Histórico Nacional y también desde ese mismo año fue integrado al Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad por decisión de la Unesco. Su idea fue crear un edificio de viviendas de alquiler para las familias más acomodadas con todos los lujos y el máximo confort posible. Fue un edificio admirado, a nivel internacional. La Asociación Estadounidense de Ingeniería Civil lo distinguió como hito histórico internacional de la ingeniería.
Su forma escalonada permitió crear terrazas jardín y su forma es similar a la proa de un barco, que apunta al Río de la Plata. Y estaba dotado de última tecnología y muchos lujos para la época, como aire acondicionado centralizado, una piscina, talleres de lavado y planchado, una cámara frigorífica y un sistema de telefonía central, que reemplaza al portero eléctrico, según se detalla en los archivos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Cada visitante que llegaba al Kavanagh debía anunciarse en una suerte de recepción, similar a la de un hotel.
Los departamentos más chicos tienen unos 140 metros cuadrados. El departamento que eligió Corina Kavanagh para ella, el número 14 A, tiene 740 metros cuadrados, cinco suites, una terraza con una galería de columnas de estilo jónico y dos jardines parquizados. Una particularidad de este departamento: tiene 240 metros cuadrados dedicados a un espacio abierto que simula una proa. El 14 A es además, el más espectacular por sus vistas en 360 grados a la plaza, Retiro, Puerto y ciudad, además de las joyas arquitectónicas que lo rodean.
Hay una leyenda que circula, que dice que el Kavanagh tiene su origen por un sentimiento de despecho. Corina habría sido obligada a romper con un integrante de la familia Anchorena, por no pertenecer a una familia patricia. Así que con la construcción tapó la vista entre la mansión de esa familia (Palacio Anchorena, actual Palacio San Martín) y la Basílica del Santísimo Sacramento, que ellos habían encargado para utilizarla como sepulcro familiar. La única manera de ver de frente la basílica es caminando por el pasaje Corina Kavanagh, que forma parte del edificio. Por más que tenga encanto la historia de venganza, no es cierta. Mercedes de Anchorena, quien habría impedido la unión de su hijo con Corina, murió 15 años antes de la inauguración de edificio.

En 1948 el icónico departamento 14 A fue vendido al banquero Henry Roberts y en 2003 pasó a manos del empresario inglés Alain Levenfiche. En 2007 lo había puesto a la venta por la astronómica suma de 7,9 millones de dólares. No encontró comprador. Su dueño lo puso en alquiler temporario, luego de ser refaccionado. Luce bastante diferente. Actualmente, sigue a la venta por la suma de 3,4 millones de dólares.
El emblemático edifició alojó desde siempre a grandes empresarios, políticos y personalidades de la cultura. Vivieron entre sus paredes el ex Ministro de Economía del último gobierno militar, José Alfredo Martínez de Hoz, Carlos Corach, Roberto Devorik, que fue director de Ralph Lauren para la Argentina, también conocido por haber sido amigo íntimo de Diana Spencer. También lo eligieron empresarios como los Rocca, del grupo Techint, Perez Companc, los Ezquenazi, por mencionar algunos. Entre los periodistas figuran Joaquín Morales Solá y Jorge Lanata.
Sus actuales vecinos lo cuidan con mucho esmero. No se permiten modificaciones. Si alguien modifica algo como una ventana, por ejemplo, eso debe revertirse. Las reuniones de consorcio tienen una alta participación. Existe un compromiso por mantener las características originales de la década del treinta. Es un edificio único y lo saben.
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