Cuenta la leyenda que fue un romance prohibido lo que impulsó la construcción de esta obra 162
Cuenta la leyenda que fue un romance prohibido lo que impulsó la construcción de esta obra 162

El Edificio Kavanagh fue inaugurado el 3 de enero de 1936. La leyenda que gira en torno a su origen es bien conocida: se dice que es obra de un conflicto entre dos familias de dinero. Según se cuenta, Corina Kavanagh ordenó su construcción luego de que Mercedes Castellanos de Anchorena le prohibiera mantener una relación con uno de sus hijos. Dicen, entonces, que este edificio de 120 metros nació con el propósito de ocultar la Basílica del Santísimo Sacramento que los Anchorena habían mandado a construir y a la cual veían perfectamente desde su mansión, lo que hoy es el Palacio San Martín. Aparentemente, Corina, en venganza por su frustrado romance, compró el terreno y puso en marcha la construcción de este edificio y así eliminó toda posibilidad de ver la iglesia desde la parte alta del barrio de Retiro.

Para derribar este mito, que seguirá siendo transmitido porque la ficción es mucho más atractiva que la realidad, Infobae contactó a Diego Zigiotto, periodista y guía de turismo experto en leyendas de la Ciudad de Buenos Aires. "Esa historia es falsa, ni siquiera cierran las fechas: Mercedes de Anchorena murió en 1920 y el Kavanagh se inauguró en el 1936. Mercedes nunca más vio la iglesia porque hacía 15 años que estaba muerta", explicó. Y agregó: "Tampoco es cierto que haya existido una disputa entre ambas mujeres: quizás se conocieron, pero no rivalizaban". "Lo que sí es cierto que la iglesia terminó tapada, tal vez alguien al notar eso lo comentó", arriesgó el periodista consultado sobre el posible origen de esta historia.

Dejando de lado esta leyenda, y más allá de la condición de edificio de hormigón más alto de Latinoamérica que alguna vez lo caracterizó, o del rótulo de "primera construcción de viviendas con sistema de aire acondicionado central en la Ciudad", el arquitecto Jorge Tartarini, experto en Preservación del Patrimonio Urbano Arquitectónico, prefiere destacar sus cualidades arquitectónicas y de emplazamiento. "Los valores racionalistas que tiene y su volumetría art déco, la idea de proa o de mirador urbano hacia el río, es lo que lo diferencian y lo califican como una de las obras maestras de la arquitectura racionalista argentina, y me atrevería a decir de Latinoamérica". Al mismo tiempo, en relación con el trabajo de los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María De la Torre, resaltó "la maestría de composición y el ingenio para haber aprovechado la topografía ascendente de la Ciudad con el propósito de darle algunas cualidades paisajísticas únicas". "Estamos acostumbrados a ver esta arquitectura en lugares planos, y aquí se sacó un partido magnifico de ese emplazamiento", dijo Tartarini a Infobae.

14 meses tardó en ser construido el Kavanagh y este es uno de los datos que muchos consideran llamativo. Consultado sobre este punto, el Arquitecto explicó: "Las empresas constructoras que había en ese momento no construían todos los días algo así, sino que debían responder a distintos pedidos. Existía una conjunción de capitales y de calidad técnica, y no había embudos en el desarrollo". "Hoy probablemente no se podría hacer algo de esa calidad en esos términos, seguramente por la falta de conocimiento y de saber artesanal que había en esa época. Esa tradición constructiva se fue perdiendo", concluyó.

31 pisos y 107 departamentos de distintas superficies tiene el edificio, que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1999, y actualmente unas 15 unidades están desocupadas, según pudo saber este medio. El costo de cada una, que varía según su piso y estado, oscila entre los 3.000 y 9.000 USD por metro cuadrado. Tiene 12 ascensores, cuenta con un personal de unos 25 empleados y las expensas están en el orden de los $ 4.700 por 111 metros cuadrados.

Al igual que en cualquier otro edificio, en el Kavanagh hay reuniones de consorcio y tienen un alto nivel de participación. "Hay mucha gente con ideas propias que busca consensuarlas con el resto", contó uno de los vecinos. Uno de los temas delicados es, por supuesto, todo lo relativo a la preservación: "Se valora el mantenimiento histórico, por lo que las reparaciones deben ser acordes a los principios de 1935", comentó la fuente.

Además de la ausencia de cochera, la modalidad del ingreso de terceros es una de las curiosidades que habitualmente se menciona, dado que, a diferencia de lo que sucede en gran parte de los edificios, aquí los visitantes no se comunican directamente con los propietarios, sino que deben identificarse ante un intermediario del personal de portería, quien debe validar su ingreso con el piso correspondiente.

En este nuevo aniversario, este medio habló con uno de sus habitantes más destacados: Carlos Maslatón, abogado, analista de mercados financieros y periodista. Maslatón reside en lo que se conoce como la proa y es fanático del art déco. "Más si es de estilo neoyorkino", aclara. Cuenta que en 2002, en un evento familiar al que asistió acompañado por su novia y actual esposa, se encontró con un agente inmobiliario que le comentó al pasar que tenía en venta una unidad en el Kavanagh. "Mostrámelo ya", le ordenó el abogado, quien lo visitó, señó y adquirió ese mismo día.

Consultado sobre el edificio, Maslatón optó por describir el tipo humano al cuál considera que está dirigido: "Es ideal para personas de mentalidad ciudadana pura, que no les gustan los suburbios, que gustan de ver movimiento, circulación y acontecimientos todo el tiempo. Psicológicamente es el opuesto al fanático del country-club, del chalecito de barrio o aún de los sujetos que son pro Puerto Madero que necesitan ver cosas nuevas aunque sean de plástico y cartón. Es para gente sin auto, que no le gusta conducir, que se maneja por medios públicos de transporte, por eso no va para familias-tipo con camioneta 4x4 que se va a la quinta el fin de semana".