Emigraron a Brasil y ayudan a quienes buscan radicarse: “Los argentinos que vienen son de clase media y están desesperados”

Marcelo y Silvia Taormina viven en San Pablo y cuentan cómo es el éxodo que ven a diario: “Cerraron sus negocios, no pueden vender sus casas y dicen que ya no tienen posibilidades allá, porque la mayoría son emprendedores que tuvieron que bajar la cortina. Hay gente que malvendió las máquinas de trabajo para poder viajar... casi, las tuvieron que regalar”, le dijeron a Infobae

Emigraron a Brasil y ayudan a quienes buscan radicarse: "Los argentinos que vienen son de clase media y están desesperados"
Emigraron a Brasil y ayudan a quienes buscan radicarse: "Los argentinos que vienen son de clase media y están desesperados"

Marcelo y Silvia Taormina están casados hace 25 años y tienen 7 hijos. Él nació en San Pablo, Brasil, pero llegó a nuestro país a los 9 años y se crió en Córdoba, en la misma provincia que Silvia.

La gran solidaridad y la incansable voluntad por ayudar que profesa cada uno, los llevó a conocerse en una fundación en Córdoba, en la que ambos eran voluntarios. Hace 25 años, crearon en Buenos Aires la Fundación Marcelo Taormina, donde el trabajo social siempre fue el pilar de su tarea, involucrándose con chicos de la calle, con víctimas de violencia familiar y brindándole un oficio a quien lo necesite.

Como tres de sus siete hijos querían dedicarse a la música, en 2013 decidieron emigrar a Brasil, luego de una charla con un alto ejecutivo de una compañía discográfica, que les aseguró que en el país vecino encontrarían más oportunidades para desarrollarse profesionalmente. El directivo no se equivocó, ya que hoy dos de sus hijas son reconocidas cantantes y pianistas en ese país vecino. Hace 8 años, los nueve integrantes de la familia viven en Itanhaém, San Pablo.

“Llegamos en una combi, solo con la ropa y los instrumentos musicales. Teníamos 10 dólares y vivimos 30 días en la calle, durmiendo en la camioneta y vendiendo artesanías. Al mes, pudimos alquilar un departamento pequeño y, al siguiente, estábamos vendiendo alfajores en la calle, pero facturábamos mil dólares mensuales. Al poco tiempo, surgió la posibilidad de abrir nuestro propio restaurante. No teníamos dinero, pero una persona confió en nosotros porque había visto la manera en la que trabajábamos en la calle, desde la mañana hasta la noche. No importaba si llovía, siempre estábamos trabajando”, le contó Silvia Taormina (47) a Infobae.

2013, el punto de partida de Marcelo y Silvia Taormina, quienes llegaron a Brasil a bordo de una combi y vivieron 30 días en la calle con sus hijos
2013, el punto de partida de Marcelo y Silvia Taormina, quienes llegaron a Brasil a bordo de una combi y vivieron 30 días en la calle con sus hijos

Después de mucho sacrificio y un largo recorrido, hoy Silvia trabaja de manera digital como health coach y mentora profesional, y lo hace en la comodidad de su chacra; mientras que su marido es músico, vende piezas de autos y se dedica al e-commerce. Sin embargo, ambos nunca dejaron su vocación por ayudar y, desde hace años, lo hacen con aquellos argentinos que buscan un futuro en el país vecino.

Muchos de ellos, comenzaron a contactarlos a través de las redes sociales para pedirles asesoramiento para emigrar, así que el matrimonio decidió abrir un canal de YouTube “Viviendo en Brasil - ¿Qué se siente? y comenzaron a subir extensos videos cargados de valiosa información. Para sorpresa de ambos, el canal no solo se llenó de argentinos interesados en emigrar, sino que también, se suscribieron miles de brasileños para brindarles su ayuda.

“Hoy, el 90% de nuestros seguidores son brasileños. El canal se transformó en pura ayuda solidaria gracias a ellos, y se creó una corriente de amor y solidaridad. Fue algo que no buscamos, se dio. Con su ayuda, podemos apoyar a las familias argentinas que emigran y lo hacemos con alimentos, con muebles, con ropa, con electrodomésticos, con trabajo, con medicación... con todo lo que necesitan”, contó Silvia.

El matrimonio cuenta que, gracias al canal, pudieron ampliar la difusión de su ayuda, ya que muchos brasileños no solo les ofrecen trabajo a los argentinos, sino que además, les pagan el alquiler, los remedios, los gastos médicos, los costos de las mudanzas y hasta les solventan cursos para que estudien. Todo eso, además de donarles cocinas, lavarropas, mesas, sillas, sillones, colchones, comida y todo lo que hace falta en una casa.

Hoy, cuentan con tres camiones repletos de donaciones de brasileños, para ayudar a los argentinos que emigran. Dicen que muchos les avisan que tienen que cerrar una casa, pero les ofrecen todo lo que hay en su interior y hasta les envían ropa por correo.

La combi fue su hogar en los primeros tiempos, mientras el matrimonio juntaba dinero vendiendo artesanías en la calle
La combi fue su hogar en los primeros tiempos, mientras el matrimonio juntaba dinero vendiendo artesanías en la calle

Marcelo destacó que la primera inquietud que le manifiestan los argentinos -antes de tomar la decisión de emigrar- es sobre la documentación que necesitan para poder vivir y trabajar en Brasil, un trámite que asegura no demora más de dos meses.

Brasil está trabajando a full, ha crecido muchísimo y nadie se quedó parado, ya que la cuarentena fue bastante desobedecida. El país no cayó, al contrario, el PBI creció más que el año pasado y el anterior. No falta trabajo, al contrario... Recibo más de 150 ofertas diarias, que me llegan a través de un sitio web y que provienen de distintas ciudades. La mayoría de los anuncios requieren una cartera de trabajo y documentación argentina. Lo ideal es venir y emprender. Lo más práctico que hacen todos apenas llegan es vender empanadas, pastafrola, alfajores, dulces o cualquier otro tipo de comestibles. Los orientamos para que empiecen a moverse y así comienzan a relacionarse con el brasileño para manejar el idioma, porque eso les abre las puertas para seguir consiguiendo trabajos mejores”, indicó Marcelo.

“La cultura brasileña es muy diferente a la argentina. Acá, los vendedores ambulantes van negocio por negocio, son muy amables y, a su vez, la gente es muy amable con ellos. Nadie los trata mal y hasta venden en los semáforos, porque acá se respeta mucho a la persona que trabaja. Para los brasileños es muy normal vender en la calle pero, al principio, a todos los argentinos nos da mucha vergüenza... ¡Si habré llorado vendiendo alfajores en la calle para darles de comer a mis hijos! Pero les tenía que llevar la comida a casa y eso les pasa a todos, hasta que se acomodan”, indicó Silvia.

El matrimonio explicó que, quienes consideren la posibilidad de vivir en Brasil, empiecen a familiarizarse de a poco con el idioma, ya que es un punto importante. Aseguran que, al mes y medio, uno ya puede manejarse en portugués, y recomiendan escuchar de antemano música y películas en ese idioma.

La clave es manejar un poco el idioma y no tener miedo, porque está difícil en Argentina y en Brasil, pero acá hay posibilidades, hay libertad, hay oportunidades... Nada te viene de arriba y hay que respetar porque estamos en casa ajena, tenemos que adaptarnos, ser honestos, y dejar la soberbia y el racismo de lado”, manifestó Silvia.

En tal sentido, su marido contó que -a quienes emigran- les pide que dejen el chip argentino y lleguen a Brasil con uno virgen. “La cultura es diferente, la gente confía, tiene mucha fe y te ayuda. No está ese pensamiento de ¿qué me van a sacar? o ¿qué les puedo sacar para mí? El brasileño respeta, ayuda y quiere mucho al argentino. Realmente, nos quieren mucho. Por eso, es importante sacarse ese chip”.

El matrimonio junto a cuatro de sus siete hijos. Tres nacieron en Brasil
El matrimonio junto a cuatro de sus siete hijos. Tres nacieron en Brasil

La mayoría de la gente que está llegando es la que estaba muy bien en la Argentina, tenían empresas o fábricas, y lo han perdido todo. Para venir, dejaron sus casas cerradas, sus galpones, camionetas, autos… Dejaron todo lo que no pudieron vender para que alguien se los cuide... porque tampoco se puede vender, ya que no hay plata. Es gente a la que en toda la cuarentena se les prohibió trabajar y ya no soportan más las restricciones que hay solo en la Argentina y en ningún otro país. La gente quiere poder moverse tranquila y no pagar tantos impuestos”, dijo Marcelo.

Los argentinos que vienen son de clase media y están desesperados. Cerraron sus negocios, no tienen posibilidades y la mayoría es gente emprendedora, que tuvo que bajar la cortina. Vendieron las máquinas de trabajo para poder viajar y las tuvieron que regalar. El argentino está sin plata, malvendiendo las cosas que le costó años poder comprar, junta lo que puede… Y la mayoría de esa gente es emprendedora, algo que acá es muy, muy valorado”, enfatizó.

“Conocemos a una pareja que tenía una óptica, pero la tuvieron que cerrar y ahora están trabajando de pizzero y empleada doméstica. Pero están felices, porque saben que ese trabajo no es para siempre y viven en un lindo departamento, cerca de la playa y sus hijos van a la escuela”, agregó Marcelo. “A lo mejor, el ingeniero va a tener que vender agua en la calle. Y, a lo mejor, el que vende agua en la calle, gana más que un asalariado porque se lleva entre 20 y 40 dólares diarios. Acordate que, cuando mi mujer vendía los alfajores por la calle, ganaba mil dólares por mes”, expresó.

Marcelo destacó que llegan familias completas, llenas de ilusiones y con varios hijos pequeños, buscando un panorama más favorable, a pesar de que saben de antemano que van a tener que empezar de cero todo lo que consiguieron en la Argentina, incluso sus profesiones.

Marcelo nació en San Pablo, pero se crió en Córdoba. Hoy, volvió a su ciudad natal
Marcelo nació en San Pablo, pero se crió en Córdoba. Hoy, volvió a su ciudad natal

Haciendo cuentas:

El matrimonio recomienda llegar con el dinero suficiente como para poder solventar los primeros cinco meses de alquiler, aunque resalta que quienes tengan menos dinero, igualmente acepten el reto.

“Alquilar no es caro y la comida es barata. Nosotros llegamos con 10 dólares, pero trabajamos mucho y nos fue bien. Les recomendamos que traigan lo máximo que puedan, pero que vengan con muchas ganas de trabajar. El alquiler de una casa cuesta 120 dólares mensuales. Entonces, hasta una persona que llega con 600 dólares puede arrancar. Es muy poquito dinero, pero se puede empezar. Claro, quien viene con 2 mil o 5 mil dólares, está tranquilo”, dijo Marcelo.

Su mujer recuerda su experiencia cuando vendía en la calle, una costumbre muy arraigada en Brasil, y saca su calculadora:

Vendiendo un alfajor por día -que cuesta un dolar y medio- pueden comer tres personas. Hicimos la cuenta para una familia que quería hacer empanadas: con una docena diaria ya cubren el alquiler, la luz, internet y el resto de los gastos de la casa. La comida es aparte, pero es barata”, expuso Silvia, quien sacó a la luz otro de los interrogantes de los argentinos que apuntan a Brasil: la seguridad.

“Brasil es muy grande, pero es seguro y hay sitios muy tranquilos. Rio de Janeiro es un poco peligroso, pero, en los 8 años que vivo en San Pablo, jamás me robaron. En cambio, cuando vivía en Córdoba, me asaltaron 4 veces. Tenés un policía en cada esquina, tienen autoridad sobre los ladrones y eso hace que no salgan armados porque tienen miedo. Fuera de las grandes ciudades, no hay motochorros. Hay noticias muy amarillistas sobre la inseguridad en Brasil y no es así”, aseguró Silvia.

Se casaron hace 25 años y comparten la pasión por ayudar
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Mirando para atrás, el matrimonio siente que, cuando en 2013 abordaron la combi, estaban encaminándose a la aventura más feliz de su vida y aseguran que en Brasil encontraron su lugar en el mundo.

“Siempre pensamos que tuvimos suerte, porque empezamos trabajando en la calle y pudimos progresar, pero ahora vemos que a todos los argentinos también les pasa lo mismo. El brasileño mira a la gente que trabaja, por eso, la respeta y la ayuda. En Brasil, no solo se valora la fuente de trabajo, también se valora mucho a los emprendedores. Los argentinos son muy buscados porque se dan maña para todo, incluso, los que tienen una profesión y no tienen problema en hacer un oficio, o vender en la calle. Por lo menos, en los primeros tiempos. Solo hay que venir con muchas ganas de trabajar y progresar”, finalizó Marcelo.

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