Del respeto al descontrol: cómo fueron las despedidas de los argentinos más populares

De Gardel a Maradona. De Hipólito Hipólito Yrigoyen a Evita y Perón. De Alfonsín a Néstor Kirchner. Todos fueron amados y sus muertes provocaron velatorios y entierros multitudinarios. No todos fueron con orden y recogimiento. Esta es la reseña del adiós que cada uno recibió por parte del pueblo que lo amó

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Pasaron casi 90 años desde el entierro de unos de los ídolos populares argentinos del siglo veinte, Hipólito Yrigoyen. Luego vendrían los de Carlos Gardel, el de Eva Perón, el de su marido Juan Domingo Perón; el de Raúl Alfonsín; el de Sandro y el de Néstor Kirchner. ¿Qué fue lo que nos ocurrió como sociedad para la ceremonia más emotiva, que es la última despedida a una persona amada o idolatrada por miles, pasase del respeto reverencial, las muestras de cariño y hasta amor incondicional a cometer desmanes en el corazón mismo de la Casa de Gobierno?

Hipólito Yrigoyen

Esa tarde, la gente se amontonaba en un silencio respetuoso en la calle Sarmiento, frente a la casa donde agonizaba Hipólito Yrigoyen. Había lugar, porque entre esa arteria y Diagonal Sáenz Peña se habían demolido varios edificios. Allí, hombres y mujeres soportaron el frío y, cada tanto, una tenue llovizna. Todas las miradas estuvieron fijas en una ventana en la que se adivinaba una tenue luz. A las 7 y 20 de la tarde del 3 de julio de 1933 se abrieron los balcones de la vivienda del expresidente y uno invitó a los concurrentes a descubrirse. Todos entendieron. Algunos se arrodillaron y rezaron. La mayoría comenzó a entonar las estrofas del Himno Nacional. Con respeto.

Hipólito Yrigoyen fue dos veces presidente, y su entierro se transformó en una imponente manifestación popular.
Hipólito Yrigoyen fue dos veces presidente, y su entierro se transformó en una imponente manifestación popular.

El velorio se prolongó desde esa misma noche al mediodía del 6. El gobierno envió soldados de caballería e infantería para mantener el orden porque la gente se amontonaba para ingresar, sin pausa, a la casa del muerto a darle el último adiós. Unos cantaban, otros protestaban, estaban los que lloraban y varios se desmayaron. La policía ordenó el intenso flujo humano con cables de acero que funcionaban como corralitos.

El gobierno, presidido por Agustín P. Justo -uno de los militares que había participado del derrocamiento del fallecido menos de tres años atrás- decretó honores fúnebres que la familia rechazó. Del partido había surgido la idea de velarlo en una plaza, iniciativa que fue descartada por las autoridades.

La gente  llevó a pulso el féretro de Yrigoyen hasta el cementerio.
La gente llevó a pulso el féretro de Yrigoyen hasta el cementerio.

Algunos pícaros clavaron alfileres a los caballos de la policía montada o los quemaban con fósforos para espantarlos. Pero alcanzó la presencia de Marcelo T. de Alvear y su pedido de tranquilidad para que todo volviese a su cauce.

Al mediodía del 6, fue el momento del cortejo al cementerio de la Recoleta. Al partir la carroza fúnebre, se escuchó que alguien ordenó “¡A pulso!” y el féretro fue llevado por una verdadera marea humana. Por momentos, el ataúd, cubierto por la bandera argentina y por flores, parecía flotar por encima de las cabezas de la gente, se balanceaba, parecía caerse al suelo, pero no. Nuevamente en el cementerio, los discursos y el Himno. Todos muy tristes. Pero en paz.

Carlos Gardel

Carlos Gardel, momentos antes del accidente que le costaría la vida.
Carlos Gardel, momentos antes del accidente que le costaría la vida.

El Luna Park había sido fundado en 1931. Allí, a partir de las tres de la tarde del miércoles 5 de febrero de 1936 una multitud se dio cita para darle el último adiós a Carlos Gardel, quien había muerto trágicamente en Medellín el 24 de junio del año anterior. Horas antes, sus restos habían llegado a Dársena Norte a bordo del vapor “Pan América”.

Desde las primeras horas de la mañana, pequeños grupos se habían dado cita en el puerto. Para las 11 de la mañana, ya eran 30 mil. Los diarios de la tarde informaron de un “gran despliegue policial”: 25 policías y 15 soldados de caballería. La muchedumbre que copó el puerto impidió hacer una ceremonia, como estaba previsto. La caballería debió poner orden. Cuando vieron el féretro, alguien propuso “¡El pueblo a pulso!”, pero los restos fueron colocados en la carroza fúnebre.

El estado del ataúd fue testigo del fervor de la gente. El forcejeo que se había producido hizo que perdiera sus manijas. Cuando algunos comenzaron a cantar el Himno, los chistidos los silenciaron, y la carroza fue acompañada por tangos que Gardel cantaba.

Cuando vieron aparecer la carroza en las inmediaciones del Luna Park, hubo gente que corrió en procura de la mejor ubicación.

A la capilla ardiente la armaron donde se colocaba el ring. La gente ingresaba en dos columnas que convergían delante del féretro plateado con tapa de roble oscuro. Lo hacían en un clima de silencio que impresionaba, a veces roto por el lamento anónimo o para pedir asistencia para alguna persona desmayada. A las 21 horas cerraron las puertas porque el Luna Park estaba colmado. A las 23, fue el momento de los discursos de despedida.

Quedaría en una anécdota la denuncia de que los restos de Gardel no se encontraban dentro del cajón, que sólo había ropas, y que por eso el velorio se había hecho a cajón cerrado, versión rápidamente desmentida por testigos que en Buenos Aires debieron asistir a la apertura del féretro para constatar la identidad del muerto.

También quedó atrás la polémica en torno al reclamo uruguayo de sus restos. Para el presidente Justo, la repatriación de los restos de Gardel fue un respiro que le vino como anillo al dedo por el escándalo puesto al descubierto por Lisandro de la Torre sobre el negociado de las carnes. Su amigo Natalio Botana, director del diario Crítica, se ocupó que Gardel ocupase páginas y páginas durante días.

El velorio de Gardel fue multitudinario y se  hizo en el Luna Park.
El velorio de Gardel fue multitudinario y se hizo en el Luna Park.

A la mañana siguiente, a la gente no le importó el sol implacable de verano. En tranquilidad y con el respeto que estas ocasiones merece, el cortejo partió a las 10 y demoró horas en recorrer toda la calle Corrientes desde el Bajo hasta las puertas del cementerio de la Chacarita. Lo encabezaron cantantes, actores y actrices amigos de Gardel. Figuras reconocidas como el caso de Libertad Lamarque, Francisco Maschio, Sofía Bozán, Ireneo Leguizamo, Azucena Maizani, Francisco Canaro y Roberto Firpo, entre otros.

Al carruaje tirado por ocho caballos lo custodiaba un escuadrón de la policía montada, que impide que la gente se acerque. Muchos se descomponen, y a las 14 horas, cuando arribaron a la Chacarita, la temperatura es de 30 grados. Hubo corridas porque la policía puso orden porque algunos se subieron a los techos de los panteones e incluso rompieron las claraboyas y cayeron dentro de las bóvedas. Pero los discursos de despedida no se interrumpieron.

A las 15:30 todo había terminado todo. Los diarios rescataron historias emotivas, como la de Ramón Bitimone, de Flores, un amigo de Gardel. Era lisiado y como pudo llegó caminando al cementerio cerca de las 20.

Eva Perón

Eva Perón falleció el 26 de julio de 1952 víctima de un cáncer.
Eva Perón falleció el 26 de julio de 1952 víctima de un cáncer.


Fue el velorio más largo que tuvo el país. El sábado 26 de julio de 1952 falleció Eva Perón, en la residencia que junto a Juan Domingo Perón ocupaban donde actualmente se alza la Biblioteca Nacional.

Se decidió que fuera velada en su lugar de trabajo, en el Ministerio de Trabajo y Previsión, hoy Legislatura porteña. Perón hizo caso omiso a la sugerencia de su suegra de velarla dos, a lo sumo tres días. Duraría quince días.

Todo estuvo muy bien organizado. No importó la lluvia ni el frío. Hombres y mujeres aguardaron en silencio a lo largo de la avenida de Mayo hasta diez horas, para poder pasar a la capilla ardiente. Algunos tenían paraguas, otros se cubrieron como pudieron, con diarios de la fría lluvia que caía.

Había ambulancias con médicos y enfermeras; el Ejército colaboró con puestos de comida caliente y vendedores ambulantes ofrecían sándwiches y café.

Las filas tenían un ancho de siete personas, que avanzaban lentamente. Había distintas colas, unas con mayoría de hombres, otras de mujeres, también de escolares junto a sus maestras. Se oficiaron misas en las plazas. Había puestos de la Cruz Roja y se llegó a usar a los colectivos para trasladar a desmayados.

Hombres, mujeres y niños soportaron largas  colas bajo el frío y la lluvia para darle el último adiós  a Eva.
Hombres, mujeres y niños soportaron largas colas bajo el frío y la lluvia para darle el último adiós a Eva.

Todos quisieron estar presentes para dar el último adiós a quién tanto había ayudado a los que menos tenían. Cada uno de ellos tenía una anécdota para contar que involucraba a la muerta y todos sentían que tenían motivos para agradecer.

Toda la ciudad se paró por la muerte de la esposa del presidente. No había transporte, los negocios, con sus vidrieras a oscuras, estaban cerrados, así como cines, teatros y espectáculos deportivos. La radio solo emitía música sacra. Nada había por hacer.

Incluso en el interior del país se organizaron velorios, donde la gente de esos lugares asistía para llorar a Evita.

No hubo corridas ni desmanes. Todo estuvo organizado por el gobierno. En la mañana del 9 de agosto, el cortejo partió al Congreso en perfecto orden, donde se la veló hasta el lunes 11. Al frente del mismo, caminaba serio y como abstraído Juan Domingo Perón. Ese día, el cuerpo fue depositado en el edificio de la CGT.

Juan Domingo Perón

El velorio de Juan D. Perón se llevó a cabo en el Congreso Nacional.
El velorio de Juan D. Perón se llevó a cabo en el Congreso Nacional.

A las 13:15 del lunes 1 de julio de 1974 los médicos declararon oficialmente muerto a Juan Domingo Perón. En un segundo plano se escuchaban los lamentos de José López Rega luego de tomar de los tobillos el cuerpo inerme y pronunciar palabras que nadie entendió. Pretendía revivirlo. “No puedo, no puedo…”, repetía.

Por su deseo expreso, su cuerpo no fue embalsamado como había sido el de su esposa, Eva. El martes por la mañana el féretro fue trasladado a la Catedral, donde se ofició una misa y luego se lo llevó al Congreso, donde fue el velatorio. Apenas conocida la noticia, mucha gente se acercó a la Casa Rosada; faltaban unos cuantos años para que le agregasen rejas.

El país era un caos de muerte y violencia. En enero, el ERP había atentado contra el empresario Roberto Bargut y el 19 de enero, en el copamiento del Regimiento 10 de Caballería Blindada de Azul, fueron asesinados el coronel Camilo Gay, su esposa y un soldado y secuestraron al teniente coronel Ibarzábal. Al mes siguiente, Montoneros asesinó al diputado Hipólito Acuña y secuestró a un ejecutivo de Swift. Un mes después, estos terroristas mataron al sindicalista Rogelio Coria y en abril hicieron lo propio con Antonio Magaldi, de la regional San Nicolás de la CGT. El mismo día dieron muerte a un ejecutivo de la Fiat. Por su parte, el ERP hirió a un diplomático norteamericano en un intento de secuestro y el 27 de abril asesinó al ex juez federal Quiroga. El 11 de mayo mataron al Padre Mugica y a fin de ese mes el ERP copó Acheral, en Tucumán.

Una verdadera multitud se agolpó en los alrededores del Palacio Legislativo y esperaron pacientemente que abrieran las puertas. Hombres, mujeres y niños entraban de uno en uno y recorrían un corredor formado por policías y gremialistas que, con sus ropas de trabajo, conducían a la gente al Salón Azul, donde Perón yacía con el féretro abierto, vestido con su uniforme militar y cubierto por la bandera argentina.

Las esperas para ingresar al Congreso eran interminables y las colas ocupaban varias  cuadras.
Las esperas para ingresar al Congreso eran interminables y las colas ocupaban varias cuadras.

Afuera, las colas se multiplicaban, y no importó la lluvia del miércoles. La gente siempre estuvo controlada por un riguroso operativo de seguridad. Los Montoneros -que el 1 de mayo habían sido echados de la Plaza de Mayo por Perón- también le dieron el último adiós, con los dedos en “V” frente al féretro.

Miles de personas debieron resignarse cuando el jueves temprano cerraron las puertas del Congreso y fue el tiempo de los discursos de despedida. “Este viejo adversario despide a un amigo…”, sobresalió el radical Ricardo Balbín.

El ataúd fue sellado y en un coche fúnebre trasladado a Olivos, y depositado en la cripta de la capilla.

Raúl Alfonsín

El velatorio de Raúl Alfonsín en el salón Azul del Congreso de la Nación (NA/Prensa Senado)
El velatorio de Raúl Alfonsín en el salón Azul del Congreso de la Nación (NA/Prensa Senado)

El ex presidente radical falleció el 31 de marzo de 2009, a los 82 años. Desde la mañana del 1 de abril sus restos fueron velados en el Salón Azul del Congreso, y la gente-los medios informaron de 80.000 personas- debió aguardar pacientemente hasta seis horas para poder darle el adiós.

El ataúd tuvo una guardia de honor de efectivos de Granaderos, de cadetes del Colegio Militar, de la Escuela Naval, de la Escuela de Aviación Militar y de la Escuela de la Policía Federal.

Seguido por una multitud, el féretro del ex presidente Raúl Alfonsín fue transportado sobre una cureña hacia el cementerio de la Recoleta. Al cierre de la misa, una caravana escoltada por el Regimiento de Granaderos a Caballo partió desde el Congreso de la Nación por la avenida Callao (NA)
Seguido por una multitud, el féretro del ex presidente Raúl Alfonsín fue transportado sobre una cureña hacia el cementerio de la Recoleta. Al cierre de la misa, una caravana escoltada por el Regimiento de Granaderos a Caballo partió desde el Congreso de la Nación por la avenida Callao (NA)

Antes de iniciar la marcha al cementerio de La Recoleta, se ofició una misa en las escalinatas del Congreso Nacional, donde los radicales cantaban que volverían a gobernar. Una multitud con banderas argentinas y partidarias acompañó el féretro a la necrópolis. Solo se escuchaban aplausos, vivas y consignas partidarias. De los balcones de los edificios también la gente quiso brindarle un último adiós. Sus restos descansan junto a los de Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen.

Sandro

Roberto Sánchez murió en Mendoza el 4 de enero de 2010 a los 64 años
Roberto Sánchez murió en Mendoza el 4 de enero de 2010 a los 64 años

El ídolo de la canción -nacido como Roberto Sánchez- murió en Mendoza el 4 de enero de 2010 a los 64 años, luego de no resistir un trasplante cardiopulmonar 45 días antes de su deceso. Su viuda, Olga Garaventa, decidió dividir el velatorio en dos partes: primero para los más íntimos en la sala O’Higgins del barrio de Belgrano, y más tarde para que sus fans lo despidieran en el Congreso de la Nación.

Allí, 50 mil personas desfilaron ante sus restos en el Salón de los Pasos Perdidos. Fue un día de calor intenso, y ambulancias del SAME se ocuparon de los que se descompensaban. Pero el verdadero fervor se notó en la larguísima caravana que lo llevó desde allí hasta el cementerio Gloriam de Longchamps.

Más de 50 mil personas se acercaron hasta el Congreso para despedir a su ídolo
Más de 50 mil personas se acercaron hasta el Congreso para despedir a su ídolo

La avenida Hipólito Yrigoyen, que recorre toda la zona sur desde el Puente Pueyrredón en Avellaneda, se colmó con 100 mil personas que arrojaban flores al paso del féretro. El epicentro del fervor y las muestras de dolor se sucedieron en la localidad de Banfield, más precisamente en la calle Beruti, donde vivía el ídolo detrás de la famosa muralla. Unas cinco mil personas se agolparon allí para decirle adiós.

En el cementerio, en cambio, la policía -por pedido de la familia- impidió el paso. El entierro fue sólo para los más íntimos.

Néstor Kirchner

Una de las fotos emblemáticas del velatorio de Néstor Kirchner, con Cristina junto al féretro. (Victor Bugge)
Una de las fotos emblemáticas del velatorio de Néstor Kirchner, con Cristina junto al féretro. (Victor Bugge)

Néstor Kirchner falleció en el Calafate el 27 de octubre de 2010. El velorio, realizado en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada, duró hasta el día 30 y fue transmitido por todos los medios de comunicación. Hubo tres días de duelo, aunque no se paró la administración pública.

Desde el primer momento, una multitud se hizo presente, desde el intstante en que el féretro llegó a la Casa Rosada. La gente se abalanzó para tocarlo.

Cientos de miles de personas aguardaron pacientemente para ingresar por unos instantes a la capilla ardiente, donde se encontraba la presidente Cristina Fernández de Kirchner, acompañada por personalidades del país y del extranjero. En la plaza de Mayo y en las calles adyacentes, la gente contó con servicio de agua fresca y de baños químicos.

Cortejo fúnebre de Néstor Kirchner (NA)
Cortejo fúnebre de Néstor Kirchner (NA)

No podían detenerse en la capilla ardiente, aunque hubo casos en que sí lo hicieron, generando momentos de alta emotividad.

Muchos no pudieron ingresar, especialmente los que habían viajado, como pudieron, del interior del país. El féretro, custodiado por Granaderos, fue trasladado al aeropuerto Jorge Newbery, y la gente tuvo oportunidad de darle el último adiós. Su destino final fue la ciudad de Río Gallegos, donde sus restos fueron inhumados.

La gente se trepa a la reja y entra a la Casa Rosada durante el velatorio de Maradona (Maximiliano Luna)
La gente se trepa a la reja y entra a la Casa Rosada durante el velatorio de Maradona (Maximiliano Luna)

El velorio de Diego Armando Maradona mostró otra cara de la sociedad. Tal como ocurrió con personalidades de nuestra historia, que despertaban multitudinarias adhesiones, las ceremonias del último adiós se prolongaron por más de un día, en ambientes debidamente controlados. La puja y el apuro de la gente por llegar a tiempo a despedir a su ídolo desbordaron la organización y se vieron escenas insólitas dentro de la Casa de Gobierno.

Tanto Yrigoyen, como Gardel, Eva, Perón, Alfonsín, Sandro y Kirchner tuvieron sus sellos distintivos. Todos fueron despedidos con respeto, devoción, consignas políticas, con llantos y hasta con sinceros aplausos. Habría que replantearse qué fue lo que nos pasó para que la última despedida a un ídolo popular como Diego Maradona haya sido en medio de desmanes y descontrol a metros del propio despacho presidencial.

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