Tuvo a su séptima hija mujer y espera que sea ahijada del Presidente: “A Alberto sólo le pediría trabajo”

Alma nació a mediados de mayo en el hospital Rawson de San Juan. Como marca la Ley 20.843, el Alberto Fernández se debe convertir en su padrino. Su mamá, Gisela Abregó, y su pareja, ex minero de la Barrick, están desempleados. Aún no tuvieron ninguna señal de Presidencia

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Septima hija ahijada presidente
Gisela y cinco de sus hijas: Lurdes, Alma (la ahijada presidencial), Juliana, Yazmin y VIctoria. Falta Guadalupe, que estaba en la Iglesia Cristiana a la que acuden. Y en su corazón siempre llevarán a Pía, que falleció hace tres años .

“Mirá -lo codea Gisela Abregó a su marido, Víctor Hugo, cada vez que en la tele ven al presidente Alberto Fernández-, ahí está mi compadre”, y ambos se ríen de la ocurrencia.

El viernes 15 de mayo a las 10.30 de la mañana, y con temor por los contagios de coronavirus que habían sucedido en el hospital Rawson de la ciudad de San Juan (había dos positivos internados allí en ese momento), Gisela tuvo a su séptima hija mujer, Alma, que nació con 4.140 kilos de peso. “Fue un parto de riesgo, mi quinta cesárea. Encima, por la pandemia mi familia no pudo estar conmigo, estuve sola todo el tiempo”, le cuenta a Infobae.

Alma, como marca la tradición y la Ley, puede aspirar al privilegio de ser ahijada del presidente de la Nación, Alberto Fernández. Este año, en Bariloche, hubo un caso similar: María Clara Soraiz y Leonardo Arévalos fueron padres de Mercedes Lucía el viernes 14 de febrero. Es un rito heredado de una tradición rusa: se creía que el séptimo hijo varón se convertía en lobizón, y si era mujer, en bruja. La forma de romper ese destino era que los zares fueran sus padrinos. Oficialmente, en nuestro país se aplica desde 1974, cuando se promulgó la Ley de Padrinazgo Presidencial (N° 20.843), y quiénes son beneficiarios se aseguran un aporte económico anual y una beca para estudiar desde la escuela primaria hasta la universidad que se recibe a través del Banco Nación.

Septima hija ahijada presidente
Gisela con Alma, su séptima hija mujer.

En la vuelta a su casa del barrio La Bebida la esperaban felices Víctor Hugo y sus otras hijas: Yazmín (16), Guadalupe (10) Lurdes (4) Juliana (3) y Victoria (2). En su corazón, además, siempre estará Pía, que murió hace tres años por una cardiopatía, una enfermedad que la llevó inclusive a una larga internación en el hospital Garrahan de la ciudad de Buenos Aires.

Gisela (a punto de cumplir 32) y Víctor Hugo (de su misma edad) se conocen desde chicos. Sus familias eran vecinas en Rivadavia, cerquita del Autódromo, a unos 15 kilómetros del centro de San Juan. Los presentó la novia del mejor amigo de él “y enseguida nos pasamos los teléfonos y empezamos a salir”. Cuenta Gisela que iban a bailar a Hugo Espectáculos, un boliche muy conocido en esa provincia. A los 16, quedó embarazada. Y la vida se empezó a narrar de otra manera. “En casa me querían matar, jaja… Pero ya estaba. Después, cuando nació la beba, se les pasó el enojo”.

Ella tenía ocho hermanos: cuatro mujeres y cuatro varones. Sus papá trabajaba en una bodega, y su mamá era ama de casa. Víctor Hugo, por su lado, tenía tres hermanos varones y dos mujeres. “Diga que mi yerno tiene una casa amplia”, se ríe Gisela, que habita una vivienda que el gobierno sanjuanino le entregó cuando falleció Pía. “Es un barrio muy humilde, el intendente nos tiene un poco olvidados. Mi casa tiene una cocina comedor y dos dormitorios. Ya nos está quedando chica”, cuenta.

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Yazmín, la mayor de las hijas de Gisela, con su hermana Alma en brazos. Y junto a ellas, la segunda, Guadalupe.

Estos son días difíciles para la pareja. “Yo trabajaba en una casa de familia, haciendo la limpieza, el planchado. Y Víctor Hugo en la Barrick, en las minas, cerca de la cordillera. Pero por la pandemia nos quedamos sin trabajo. Yo consigo ir a limpiar alguna casa de vez en cuando, y él sale temprano a buscar, hace alguna changa en un taller mecánico y tira currículums, pero está difícil criar tantos hijos. Así que por ahora sólo me dedico a cuidarlas. Lo único que tengo es la asignación, 10 mil pesos, y las más chicas necesitan pañales, leche…”, lamenta.

Eso, inundar su casa con el rock’n’roll de Viejas Locas -su banda preferida-, y la iglesia cristiana a la que van es todo lo que pueden hacer por estos días. Allí, las más grandes, Yazmín y Guadalupe, salen a juntar alimentos y le dan la copa de leche a quienes tienen aún menos que ellos.

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El primer tuit que le envió Gisela a Alberto Fernández. Aún no recibió respuesta

Siete hijas mujeres tienen su explicación en el empecinamiento que confiesa Gisela: “Mi sueño siempre fue tener un varón, lo anhelaba. Y no más de tres hijos. Pero vino una nena atrás de la otra. Y seguí buscando un niño. Cada vez que veíamos una ecografía no lo podíamos creer… Si hubiera venido un varón no tendría siete. Pero son hermosas mis hijas. Divinas, super inquietas. Ya tengo a tres estudiando: Yazmin en el secundario, Guada en el primario y Lurdes en el jardín”.

Cuando la obstetra le dijo que estaba embarazada de Alma, cuenta, “me puse a llorar, decía que no podía ser verdad, quería al varón… Pero me dijo ‘tenés que estar bien porque vas a salir en los diarios. Es la séptima nena, mirá el lado positivo, va a ser ahijada del Presidente”. Gisela ya se resignó: “Cerré la fábrica. Con Almita se me juntó todo, mi marido sin trabajo, la pandemia. Me subió la presión, me bajó, me descompensé en el quirófano. Sería muy riesgoso otro embarazo para mi, por las cesáreas. Ya no voy a seguir intentándolo más”.

Al principio, con timidez, no quería saber nada con el tema del padrinazgo presidencial. Pero el 28 de mayo se animó y respondió un tuit de Alberto Fernández sobre la nueva puesta en marcha de la planta automotriz de Toyota: “¡Hola señor presidente, soy mamá de la séptima nena! Y me hicieron un reportaje diciendo que usted es el padrino de Almita. Me gustaría saber como tengo que hacer… ¡Me encantaría tener una respuesta, desde ya muchas gracias! ¡Y que Dios lo proteja!!!!”. Así con las tremendas ilusiones que tantos signos de admiración dejaban trasuntar. Y acto seguido, otro tuit al presidente, con una hermosa foto de su hija…

Septima hija ahijada presidente
El segundo tuit dirigido al Presidente, el mismo 28 de mayo, con una foto de la beba.

Por ahora, la señal desde Olivos no llegó. Gisela no pierde las esperanzas. Tiene buenas razones para hacerlo: “Lo único que quiero es que el Presidente sepa esto… Me encantaría conocerlo y que él conozca a Almita. Que tenga una foto con él, nada más. ¿Si le pediría algo? Trabajo, lo único. No quiero que me regalen nada”.

-Te hago la última. ¿A quién votaste?

-No me lo preguntaron nunca, y no lo hubiera dicho jamás. Pero lo voté a Alberto. Y no es por lo que me pasa, pero me encanta, hace las cosas bien. Cuando habla transmite calma. Cada vez que lo veo pienso “ahí está mi compadre”. Y cuando dicen algo malo de él, miro la tele y digo “no se metan con mi compadre” (ríe). Yo confío que algún día lo vamos a conocer.

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