No hay cafecito mientras una se corta el pelo o se realiza la tintura. Tampoco se puede ir sin tener el turno agendado. Y esa típica cercanía con el estilista es una escena del pasado. Ir a la peluquería en plena pandemia implica nuevas rutinas y hábitos.
Con un protocolo sanitario aprobado por el Gobierno de la Ciudad las peluquerías reanudarán su actividad a partir de este miércoles 29 de julio.
Se calcula que en AMBA, antes de la pandemia, había 8.000 peluquerías en las que trabajaban 15.000 coiffeurs. Hoy, muchos no resistieron y tuvieron que cerrar de manera definitiva. Los que sobrevivieron están muy conformes con el protocolo nuevo dispuesto y expectantes a la llegada de los clientes.
“Fueron 139 días de espera. Tuve que invertir y adoptar distintas medidas de seguridad desde termómetros digitales, hasta instalar un lavarropas en el salón, pero estoy feliz de volver a trabajar. Siento la misma emoción con mezcla de incertidumbre de cuando abrí por primera vez mi primer local una década atrás”, le cuenta a Infobae, el estilista Facundo Verdini, creador del Espacio Verdini.

Los 15 protocolos sanitarios que adoptaron para atender a los clientes
Infobae visitó el salón de Barrio Norte, para vivir en primera persona la experiencia de la nueva normalidad. Por supuesto, hubo que pedir turno. Y, además, desechar aquel ritual de ir acompañada. Sólo ingresan las clientas que se van a atender en ese momento.
La agenda del salón está colmada. “Ya dimos más de 500 turnos a través de nuestro sitio web. Esperemos que esa cifra se mantenga, porque hay mucho por recuperar”, cuenta Facundo.
Lo primero que se debe atravesar al ingresar por la puerta es el control de temperatura. En el mismo lugar, además, está la estación con alcohol en gel y una alfombra sanitizante para los zapatos. También es necesario completar una declaración jurada.

El protocolo indica:
* Todo cliente debe pedir turno y arreglar con su peluquero si es por corte, lavado, peinado o tintura, para que se pueda determinar el tiempo de la atención.
* El cliente deberá higienizarse las manos antes de empezar y deberá permanecer durante todo el tratamiento con el tapaboca puesto.
* En caso de llevar un abrigo, se deberá guardar con un protector de plástico antes de la recepción.
* Cada peluquero atiende a un cliente por vez.
* Se terminó el multitasking: “Es un servicio a la vez, mientras te cortás no te podés estar haciendo las manos ni tampoco puedo ir a atender a otra cliente”, explica Verdini.
* Por debajo de las capas de corte es necesario colocar una de plástico descartable.
* El lavado de cabello es obligatorio: “No podemos secar o peinar sin previamente haberlo higienizado en nuestras piletas. El famoso ‘ya tengo la cabeza limpia’ no rige más”, sostiene el peluquero.
* La capacidad de la peluquería se redujo: espacio de 15 metros cuadrados entre cliente y cliente. “En nuestro caso, además de tomar la distancia, instalamos mamparas entre los boxes”, indica.
* No hay servicio de catálogo ni de revistas. “A la hora de asesorar por el cambio de look tenemos que hacerlo a través de las fotos o propuestas de nuestro teléfono”, detalla el peluquero.
* El profesional dispone de su propio kit personal de trabajo: no se pueden compartir los productos entre estilistas durante el servicio.
* Los envases de champú y de tinturas tienen que higienizarse previamente al uso y colocación.
* Sin café: sólo podrá ofrecerse agua en botella y en caso de tener dispenser se deberá desinfectar cada 2 horas.
* Cambio de horario y días: los lunes ya no serán francos para el rubro de la peluquería. Para que puedan trabajar , los salones abren a las 11.00 horas y cierran a las 21.00.
* El salón tiene la obligación de informar al cliente sobre los recaudos y las formas de prevención. “Colgamos cartelería visible en el establecimiento con información actualizada sobre métodos de prevención para el COVID-19”, agrega.

El protocolo establece medidas obligatorias, pero de acuerdo a las posibilidades económicas, cada peluquero, podrá sumar iniciativas que, en la etapa que se abre, serán tan importantes como el servicio en sí.
Así fue como hizo Alejo Cabello, estilista, y dueño de Alejo Cabello Hair Boutique en Palermo, que colocó una cabina de ozono y una máquina purificadora de aire que constantemente limpia el ambiente.
En las reformas implementadas (un termómetro electrónico, una cabina sanitizante con luces UV, un esterilizador de cuarzo, un dispenser de alcohol y barbijos y camisolines descartables), estima que invirtió más de 100.000 pesos.
“Preparamos todo como si fuera un quirófano. Además, las clientas tienen completar una declaración jurada que la recepcionista les enviará por Whatsapp y, en caso de ser personal esencial, el salón tomará más medidas de precaución”, concluye el especialista.
Fotos y video: Gastón Taylor
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