Color esperanza: tiene 96 años, sobrevivió a la guerra, a la leucemia, a varias operaciones y ahora venció al coronavirus

Tras un segundo resultado negativo, el Ministerio de Sanidad de España confirmó que Florencio Zanón Miranzo está curado de COVID-19. La noticia la difundió su nieto Daniel, que en diálogo con Infobae contó la historia de lucha de su abuelo, la intimidad familiar y su visión sobre el manejo de la pandemia en el país ibérico

A los 78 años, Florencio festejó sus Bodas de Oro con Amelia, con quien tuvo cuatro hijos.
A los 78 años, Florencio festejó sus Bodas de Oro con Amelia, con quien tuvo cuatro hijos.

El coronavirus golpea, azota, causa sufrimiento, preocupa y ocupa. Aquí y allá. La cuarentena aísla, compromete, aburre y obliga a extrañar. También da tiempo para reflexionar y genera profundos replanteos. Cuánto nos abusamos del planeta. Hace cuánto se dejaron de tener las prioridades claras. Aquí y allá. Sin embargo, en medio de toda esta tormenta de sensaciones, con predominio de la angustia, emergen historias que le abren una puerta bien grande a la esperanza. Como la de Florencio Zanón Miranzo, este abuelo español de 96 años que sobrevivió a la guerra, le ganó a la leucemia y superó varias operaciones complicadas. Ahora, la pandemia puso a prueba una vez más sus ganas de vivir, con el agravante de encontrarse claramente dentro de la población de mayor riesgo. No obstante, con semejante historial de victorias sobre sus espaldas, también salió triunfante.

Con el pecho inflado de orgullo, su nieto Daniel fue quien sacó a la luz la hazaña de su abuelo el 8 de abril, un día después de que Florencio recibiera el segundo resultado negativo de COVID-19. Es decir, cuando el Ministerio de Sanidad de España lo consideró curado y así pasó a engrosar el número verde, el de los recuperados.

“Mi abuelo Florencio. 96 años. Sobrevivió a la guerra, a una leucemia por la que le dieron meses de vida, operaciones de cadera con complicaciones... Cogió el virus y ayer dio el segundo negativo. Curado”, tuiteó Daniel Zanón, que en diálogo con Infobae cuenta la intimidad familiar, el espíritu de superación de su abuelo y su visión sobre el manejo de la crisis sanitaria en el país ibérico.

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La vida de Don Zanón, nacido el 19 de octubre de 1923, ya se presentó difícil: “Su padre se llamaba Florencio y así también bautizaron a su primogénito. Por desgracia, ese hijo murió antes de que naciera mi abuelo y, por eso, a él le volvieron a poner Florencio". Igual que un tal Vincent Willem Van Gogh, quien tuvo que criarse en una casa con un jardín en el que había una lápida con su mismo nombre.

Luego, siendo un niño de 12 años, debió atravesar la Guerra Civil española. “La familia era originaria de Cuenca, pero su padre fue desterrado por motivos políticos (era un católico militante muy activo). Mediante un traslado forzoso fue destinado a Almería, donde se encontraban cuando comenzó la guerra. Al poco tiempo, encarcelaron a su padre, que fue liberado una vez que terminó el conflicto", explica Daniel sobre la juventud de Florencio, que posteriormente trabajó más de 40 años como funcionario en el Instituto Nacional de Estadística (el equivalente al INDEC argentino).

Ya residiendo en Burgos y casado con Amelia, con quien tuvo cuatro hijos, comenzaron los problemas de salud, que fue superando con una fortaleza inquebrantable. “En el año 1968 lo operaron de úlcera de estómago. Después, alrededor de 1988, cuando se jubiló, le detectaron arritmia e hipertensión, con lo que convive hasta hoy. En 2002, tuvo una hemorragia en el tracto digestivo y lo operaron otra vez del estómago. Un año después le descubrieron linfoma no Hodgkin (una variante de la leucemia que se origina cuando las células comienzan a crecer sin control, por lo que cualquiera de ellas puede convertirse en cáncer y propagarse con rapidez) y lo trataron con quimioterapia. En ese momento pensó que se moría y quiso visitar a sus tres hermanos", detalla Daniel, de 37 años y maestro de escuela primaria.

Suena abrumador. Pero hay más: “En 2010 se cayó de una escalera, se rompió la cadera derecha y se recuperó sin problemas. En 2012 le sucedió lo mismo con la cadera izquierda. Además, desde hace muchos años tiene síndrome de Meniere (un trastorno del oído interno que genera mareos y vértigo), al que los médicos le atribuyen sus caídas. En 2015 se rompió el fémur izquierdo, a la altura de la unión con la prótesis de cadera...”. Resulta increíble. Por un lado, parece una persona muy frágil, con un montón de achaques. Por otro, se erige como un protegido. Alguien que se cae y se levanta las veces que haga falta.

Florencio luce preocupado por su diagnóstico de COVID-19. Acompañado por su inseparable Amelia, también le ganó.
Florencio luce preocupado por su diagnóstico de COVID-19. Acompañado por su inseparable Amelia, también le ganó.

El coronavirus

“Al principio fue un susto muy grande. Todos pensamos en algún momento que este podía ser el final de la historia y que no íbamos a poder despedirnos de él. Conforme pasaban los días, la confianza en la recuperación crecía. Diariamente nos informaban desde la residencia en la que vive, a pesar de estar muy ocupados ya que hubo varios casos de ancianos contagiados. Les estamos muy agradecidos”, confía Daniel, acerca del diagnóstico de coronavirus y su posterior mejoría.

“¿Cómo está el ahora?”, preguntó este cronista. “Cada día mejor. Aunque continúa aislado por protocolo, ya ha intentado escapar de la habitación alguna vez”, se ríe el nieto.

Más allá del mal trago y de la crisis sanitaria que se vive en España, con más de 188 mil contagios y 19.600 muertes, Daniel Zanón intenta ser comprensivo con el Gobierno español. “País tras país han llegado una semana tarde a las medidas de distanciamiento social y confinamiento. Además, es una situación que afecta de forma más dura a las ciudades con más conexiones y movimiento turístico. Lo preocupante es el futuro a medio plazo. La crisis económica va a ser muy dura”, opina.

El chat de primos

“Una vez superado el virus, la alegría se manifestó en humor, que es la forma más habitual que tenemos de expresarnos en esta familia”, comparte el nieto de Florencio.

Es que para acompañar el texto de su tuit, publicó una captura del grupo de chat que comparte con sus primos. Envalentonados, bromearon con que “el virus no sabía dónde se había metido”, que “el abuelo nos va a enterrar a todos”, que “el resto de las cepas de SARS lo han puesto en cuarentena” y con que creen que es “inmortal”. Además de cosechar miles de “me gusta”, el posteo resultó inspirador para muchos usuarios que celebraron la noticia y aportaron memes y divertidos comentarios como "sólo Florencio podría acabar con Chuck Norris” (@loco_viaje), "no es un hombre, es un titán” (@CamaleonMurcian) y “por favor, saquen la vacuna de su sangre” (@L_RedSoul).

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“No imaginé que iba a llegar tan lejos. A los pocos días salíamos en los portales que recogen casos curiosos o de humor, contactaron conmigo de varios medios y apareció la noticia en una veintena de publicaciones de América Latina. Aquí también hubo una pequeña aparición en la cadena de televisión La Sexta, en el programa Más Vale Tarde. Hasta los diarios deportivos Marca y Sport se han hecho eco. Es sorprendente e ilusionante”, confiesa.

Ada, otra sobreviviente

El caso de Florencio se asemeja mucho al de Ada Zanusso, una italiana de 104 años que también hizo gala de su longevidad y derrotó a la pandemia. Oriunda de Veneto y reasentada en Biella, nació durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), subsistió a la Segunda (1939-1945) y resistió ante la gripe española (1918-1920), que infectó a 500 millones de personas, cerca de un tercio de la población mundial en ese momento y se cobró la vida de entre 30 y 50 millones, entre ellos la de 600 mil italianos. “Los médicos creen que es la persona más longeva del mundo en superar la enfermedad”, dijo su hijo Giampietro, una vez que le dieron el alta tras haberse contagiado de coronavirus.

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Ada y Florencio se convirtieron, probablemente sin proponérselo, en ejemplos muy necesarios para estos tiempos. Son esos protagonistas de historias particulares que sirven de espejo para millones. Permiten enfrentar al “enemigo invisible” con otro ánimo. Invitan a "quitarse los miedos, sacarlos afuera”, como dice la canción. Y, sobre todo, dan ganas de vivir.

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