Gabriela Torres, titular de la Sedronar: “Tenemos un montón de muertes por el alcohol, pero no sirve prohibirlo”

Nació en Avellaneda hace 51 años. Es Trabajadora Social y asumió hace dos semanas al frente de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación. Su mirada sobre las sustancias, la regulación del cannabis y la subjetividad del placer: “En Argentina, las drogas son más tabú que la ESI”

fsoriano@infobae.com
Gabriela Torres tiene 51 años y dos hijos: Facundo y Joaquín (Nicolás Stulberg)
Gabriela Torres tiene 51 años y dos hijos: Facundo y Joaquín (Nicolás Stulberg)

“La Sedronar tiene que interpelar a todos los sectores sociales”, advierte Gabriela Torres desde el sillón negro de su despacho, en el tercer piso del edificio de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación. Detrás suyo, una foto de ella abrazada al presidente Alberto Fernández, una estatuilla de Néstor Kirchner a la que se le rompió la mano que hacía los dedos en V (“Quedó con un puño trotsko”, bromea) y una virgen de Caacupé (la patrona de Paraguay) sintetizan el perfil de esta funcionaria que, desde hace 15 días, enfrenta el mayor desafío de su carrera profesional y política.

En una entrevista mano a mano con Infobae, la sucesora de Roberto Moro, Rafael Bielsa y el cura Juan Carlos Molina, entre otros, analiza el consumo de alcohol en jóvenes adultos, opina sobre el caso de Villa Gesell y sobre la regulación del cannabis, cuyo proyecto está elaborando el Ministerio de Seguridad junto a otras carteras del gobierno nacional.

El alcohol sigue siendo el mayor problema que tenemos. Las muertes son por alcohol. Nadie se muere por otra sustancia. Tenemos un montón de muertes por alcohol”, remarca y también se manifiesta a favor de despenalizar la tenencia y el cultivo de cannabis porque “quien consume no puede ser tratado como un delincuente”.

Cuando Torres cumplió 25 años de egresada del colegio ENSPA de Avellaneda, su profesora de Matemáticas le regaló un texto que ella, Gabriela, había escrito a los 16 años, en 1983, con la dictadura todavía haciendo sombra sobre el espíritu de la democracia. Era una especie de autobiografía que profetizaba lo que décadas más tarde sería su trabajo. “Yo decía que quería ser psicóloga o maestra, después fui trabajadora social, que es lo que encontré en el medio. Pero siempre teniendo en cuenta la política, en ese texto decía que eso podía resolver desigualdades”, cuenta, como sorprendida de sí misma.

La influencia católica de sus padres (él, vendedor en una fábrica; ella, comerciante), su crianza en el barrio de Gerli, la militancia peronista y en la Facultad de Sociales dieron forma al pensamiento de esta dirigente estrechamente vinculada al trabajo en los sectores sociales más bajos. “La Iglesia me dio el registro del Otro”, aclara.

“Con el tema de las sustancias me empecé a vincular después. Primero fue con la pobreza, trabajé en política alimentaria. La pobreza me hizo comprender la complejidad del problema de las sustancias y el consumo” (Nicolás Stulberg)
“Con el tema de las sustancias me empecé a vincular después. Primero fue con la pobreza, trabajé en política alimentaria. La pobreza me hizo comprender la complejidad del problema de las sustancias y el consumo” (Nicolás Stulberg)

Torres comenzó cerca del ex intendente de Avellaneda Baldomero “Cacho” Alvarez. En ese Municipio diseñó el programa Envión, destinado a entrar en las villas para sacar a los jóvenes de la delincuencia y la marginalidad a través de proyectos colectivos de formación de oficios. Cuando el jefe comunal asumió en el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense, convocado por Daniel Scioli, ella fue detrás suyo para replicar el Envión en toda la provincia.

“Con el tema de las sustancias me empecé a vincular después. Primero fue con la pobreza, trabajé en política alimentaria. La pobreza me hizo comprender la complejidad del problema de las sustancias y el consumo”, explica Torres y marca una paradoja. “En esa época tuve muchos problemas con la Sedronar (que conducía José Granero), mirá dónde estoy ahora”, ríe.

“La Sedronar tiene que interpelar a todos los sectores sociales”, repite Torres. La insistencia tiene que ver con el tema de este enero: el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, cometido por un grupo de jóvenes jugadores de rugby a la salida de un boliche. Juventud, alcohol, violencia, drogas ilegales. El combo que, a la vez, interpela a la Sedronar.

-¿Se puede asociar determinados tipos de consumo con sectores sociales? El prejuicio social suele ubicar al paco con el pobre, la cocaína con el rico y la marihuana con el “progre” de clase media.

-No creo en esos estereotipos. Cuando doy capacitaciones hablo de esa actriz que salió a decir que fumaba paco y la sociedad no la juzgó porque era linda (porque es linda), blanca, famosa y glamorosa. Y el título de la revista decía "Me voy a rehabilitar” y nadie la sancionó. Y la verdad que la pasta base que consumía ella seguramente no era la que consumen los pobres. Por su trayectoria de vida y su posibilidad de acceder a un lugar tranquilo para curarse, se recuperó divina y la pusieron de protagonista en Canal 13. El paco envenenado que consumen nuestros pibes es diferente a otros, porque seguramente ella no consumió de la misma calidad, pero me parece que está demasiado estereotipado, si bien algunas cosas tienen que ver con el contexto.

¡Qué vida! ¿Y quién les enseñó a odiar tanto? ¿Y qué hacen con el diferente? ¿De qué familia vienen? ¿De qué entorno, que cuando alguien está en el piso le patean la cabeza? ¿Cuánto odio de clase tenían?

-¿Cuál es el contexto?

-Lo que pasa en barrios vulnerables en relación, no diría con los narcos, porque los narcos no viven en la Zavaleta, no son tan boludos los narcos de vivir en un barrio marginal, pero sí esa red que irrumpe en un barrio y rompe las relaciones y reemplaza todo lo existente, eso es un problema y hay que trabajarlo integralmente. Y se da en esos barrios. Pero tenemos otros problemas: en la puerta de las escuelas secundarias de Capital venden pastillas que nadie sabe lo que tienen y tenemos un problema con ese consumo.

-¿En la puerta, literalmente?

-Sí, en la puerta. Y hay pibes que venden adentro. Drogas sintéticas que nadie sabe lo que tienen. Ese es un fenómeno de la Capital. No sé si es literalmente de clase pero sí de territorios y modalidades de consumo, más culturales. Si vas al interior, ahí te dicen “se siente olor a marihuana en la plaza” y acá en Capital las directoras de las escuelas te dicen “ojalá fumaran un porro porque toman pastillas y se descomponen”. Entonces hay algo bien diferenciado y tiene que ver con un montón de cosas.

-Y sin embargo, la droga más consumida es el alcohol. ¿Cómo juega la bebida en este panorama?

-El alcohol sigue siendo el mayor problema que tenemos. Las muertes son por alcohol. Nadie se muere por otra sustancia. Tenemos un montón de muertes por alcohol. Y después está poco estudiado, se habla poco del tema, si hablás de las representaciones de los “borrachos” está ligado a tapar la tristeza, no a la alegría. Para los consumidores problemáticos de alcohol lo que está es la tristeza. Hay algo de la representación del alcohol que hacia afuera está vinculado a la alegría pero hacia adentro, el que está triste se toma un whisky, un vino, y solo. Y es muy importante en relación al consumismo, que si te quedás solo es peor. El consumo en soledad es tremendo. Por eso los últimos cuatro años nos marcaron y hay que hablar de lazo y de integrar a nuestros pibes, porque encontramos una sociedad quebrada.

-Enumero: Villa Gesell y la muerte de Fernando Báez Sosa, el consumo de alcohol con los desmanes en la playa y la nueva decisión de prohibir el alcohol tras la viralización de esas imágenes. ¿Qué le generaron cada uno de estos hechos?

-Villa Gesell -o podría ser Carlos Paz- es una ciudad que necesita de esos jóvenes. Es una perversión tremenda. Es una ciudad que necesita rehabilitar económicamente su propuesta turística porque estuvieron muertos los últimos años. Sin eso, no hay análisis de lo que pasa. Está armada para que adolescentes vayan solos, se les alquila a menores, todo eso no va. Pero estaban muertos los comerciantes de Villa Gesell. ¿Entonces, les prohibimos que vendan alcohol o no? Es como una sumatoria de tragedias que termina con una muerte. Si no se analiza todo junto tampoco son los 10 rugbiers, que son asesinos. Son pibes, es horrible, y fue premeditado. ¡Qué vida! ¿Y quién les enseñó a odiar tanto? ¿Y qué hacen con el diferente? ¿De qué familia vienen? ¿De qué entorno, que cuando alguien está en el piso le patean la cabeza? ¿Cuánto odio de clase tenían? Hay 100 reflexiones por hacer. Lo primero que dice Villa Gesell es "nos salvamos la temporada” y claro, si vendieron alcohol a morir. Ahora, no sé cómo van a hacer.

Torres, con estatuillas de Néstor Kirchner y la Virgen de Caacupé detrás (Nicolás Stulberg)
Torres, con estatuillas de Néstor Kirchner y la Virgen de Caacupé detrás (Nicolás Stulberg)

-¿Sirve prohibir?

-¿Pero qué es esa prohibición? ¡Van a tomar en la casa! No sirve prohibir en la vía pública. Si no pueden tomar en la playa, van a la casa. El patovica los echa del boliche, el otro los echa de la playa, entonces los dejamos en el medio de la calle y alcoholizados. Y bueno, se cagan a botellazos. Todos los echamos de todos lados y quedaron en el medio de la calle borrachos, llenos de botellas vacías.

-Pero no son víctimas.

-No, no son víctimas, porque eso te deja en no hacer nada. No me gusta hablar de víctimas porque inhabilita a las personas. Pero no todos los pibes hacen eso ni eligen darse con una botella. Pero hay algo para replantearse como modelo diferente. Tiene que ser una ciudad preparada para jóvenes, no con un gazebo en la playa con papelitos. Además, el acto de consumo no se resuelve si le sacás la botella. Es anterior. Los pibes que llegan a Villa Gesell, ¿la solución es el intendente de Gesell? No, si tomaron todo el año. ¿Es el problema la playa? Pareciera un análisis corto ¿Estamos preparados para hacer análisis para el verano que viene? Espero, hay que trabajar mucho y antes.

-Hablábamos antes de pastillas, ¿cree usted que el Estado debería implementar programas de reducción de daños y analizar en los boliches las pastillas o las sustancias que llevan los jóvenes a las fiestas sin el castigo punitivo, para prevenir que lo que consumen no esté adulterado?

-No sería solo controlar las pastillas. Quién habilita los espacios, la circulación de agua, los lugares saludables, hay un montón de cosas. A mí me parece que es más complejo que la carpa para controlar las pastillas, parece una prevención mentirosa. Te facilita cosas sin meterse con el problema. ¿De verdad tenés que tomar pastillas todas las noches? ¿Nadie va a interpelar que hay que tomar pastillas y agua y bailar toda la noche y el mundo parece más lindo? A mí, en general, la reducción de daños me hace ruido como respuesta de control de voluntad individual. Y creo que no todos tienen posibilidades de cuidarse, por eso hay que apelar al cuidado colectivo. ¿Cuánta gente no tiene posibilidades de pensar en manejar su placer? Si vos tenés rota la subjetividad, ¿de verdad podés manejar tu placer? Prefiero hablar de cuidado colectivo y tenemos que tener todos un registro de los demás. Parece cómodo poner un stand y decir “esta droga es buena, esta no” ¿El rol del Estado no es interpelar sobre cómo vivimos como sociedad y qué cosas tapamos como consumo?

-¿Ahí no se plantea otra discusión, que es quizá desde una postura más liberal o anclada en el espíritu del artículo 14 de la Constitución, y que indicaría que todos tienen derecho de hacer con su cuerpo lo que quieren siempre que sea en forma privada y que no afecte a terceros?

-A mí me parece que el Estado tiene que regular eso. Tiene que dar información.

-¿No es una mirada paternalista?

-No, es el bien común. Me parece que no es lo mismo. No estoy diciendo que no se puede consumir, pero te tenés que preguntar para qué estás consumiendo y eso, como Estado, te lo tengo que decir.

No hay un plato de cocaína que te agarra del cuello y te lleva. Lo que hay es un trayecto de vida, un padecimiento

-¿Los problemas de consumo son de las sustancias o de las personas?

-¡De las personas! Y entonces hay que trabajar con las personas.

-¿Y qué piensa cuando lee en algunos medios que hablan de “la droga”, que “la droga causó” una tragedia, etcétera?

-Ay, primero me la paso explicándole a todo el mundo que no es “la droga” si no “las drogas”.

-¿Qué es “la droga”?

-Es la cocaína. Pasa con otras drogas, pero en general es un eufemismo de la cocaína. Me gusta explicar que si pongo un atado de tabaco en la mesa lo va a agarrar quien fuma tabaco. No hay un plato de cocaína que te agarra del cuello y te lleva. No hay eso. Lo que hay es un trayecto de vida, un padecimiento, una angustia, un modo en que nunca te cuidaste. Después qué pasa con esa sustancia es diferenciado. El consumo es exitoso en su objetivo. Todos cuando consumimos algo nos calmamos. El problema es que es efímero. Y en esa construcción es difícil saber que es efímero. Es preferible seguir consumiendo.

-¿Un problema del sistema consumista?

-Me parece que hay que interpelar el consumo, a la sociedad de consumo. Porque si no, ¿qué planes en relación a cómo consumimos en esta sociedad vamos a hacer sin interpelar la valoración por los objetos? Me encanta trabajar con adolescentes y les pregunto siempre por quién valora más sus auriculares que a su hermano y todos levantan la mano diciendo que valoran más los auriculares (risas).

(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

-Hablando de consumir por consumir, esa satisfacción efímera la genera cualquier cosa, puede ser chocolate, la señal de wifi o cocaína. ¿Coincide?

-Chocolate, por ejemplo, cuando estás angustiado comés chocolate. ¿Si no hay chocolate qué hacés? Cualquier cosa, lo que haya, algo dulce. Es la intencionalidad de lo que le estoy poniendo. Si lo único que tenés son galletitas, te calmás con galletitas. O parece que te calma. Porque hay algo que es lo que uno deposita en ese objeto. Es como el que lleva el Alplax en la cartera. No lo toma, pero se siente seguro. Es una construcción. Un amuleto que se necesita para enfrentar la vida. Y hay que meterse como Estado. Hay que cuidar a la sociedad, si no, nos va a regular el mercado y cada uno es libre de administrar su placer, pero es mentira que todos tenemos las mismas posibilidades de administrar nuestro placer. Porque estaríamos negando la desigualdad. Hay pibes que no pueden gozar.

-¿La regulación del cannabis ayudará al Estado y al colectivo de individuos con la lucha contra el narcotráfico? ¿Está de acuerdo con que los consumidores o cultivadores de marihuana vayan presos?

-El problema más grande que tenemos es los pibes que consumen y están presos. Eso es tremendo. Y son todos pobres. Siempre es con los débiles, y las mujeres mulas. Pero los pibes consumidores que están encerrados, no, eso no es un tratamiento. No es cierto que alguien que te aísla te rehabilita. Eso se puede solucionar pronto con acciones de la Justicia.

-¿Está a favor de la despenalización de la tenencia para consumo y el cultivo?

-Sí, por supuesto. Quien consume no puede ser tratado como un delincuente. Porque en principio es un padecimiento.

-Eso es lo inmediato. Después está el mercado. Cómo esa persona accede a la sustancia para no tener que acudir al narcotráfico.

-Hay que tener un montón de conversaciones. Porque las confusiones de “el flagelo de la droga”, “la droga”, “la droga mala”, “el oscuro camino”, “la puerta de entrada”...

Quien consume marihuana no puede ser tratado como un delincuente

-¿Es la marihuana la puerta de entrada a otras drogas?

-No. Si no es la sustancia, es la persona. Conozco amigos que hace 50 años que toman vino, nunca tomaron otra cosa. Lo que es la puerta es la disponibilidad del dealer. Eso puede ser. Pero no es la sustancia. De todos modos necesitamos un debate muy amplio en relación al cannabis, no me parece que estemos preparados para hablar de marihuana sí o marihuana no, nos perdemos de debatir si hacemos eso.

-¿No se puede debatir todo al mismo tiempo?

-Pero no debatamos la sustancia, debatamos el consumo. Un poco más. Si el debate no es integral nos achica, nos divide, seremos River y Boca. No necesitamos eso. Abramos debates sobre relación con el registro de los demás, para qué alguien consume. Hay debates anteriores, o podrían ser simultáneos, pero tiene que ser integral. Esto no es el aborto, no es celeste o verde. Esto es como de lazo. ¿Y si la saldamos mejor? ¿Si debatimos todo el año de esto? Debatamos mucho de esto, no quiero que nos apuremos porque achicamos.

(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

-Sin embargo si no nos apuramos la gente sigue cayendo presa por consumir.

-La política y la Justicia lo puede solucionar rápido. No tenemos el mismo problema en todos lados. Es un país diverso.

-Cuando se dice que la sociedad no está preparada para legalizar la marihuana, ¿no cree que en realidad la sociedad carece de información sobre lo que es el cannabis, después de 95 años de prohibición?

-Bueno, yo recibo a todos, a los que no quieren, conozco a los hippies, por supuesto (risas), pero acá viene las madres del paco, “el flagelo de la droga”, viene la Iglesia. La sociedad argentina es muy diversa. El tema de consumo de drogas es más tabú que la ESI (ley de educación sexual). Se habla más de sexo que de drogas, la gente no quiere hablar de esto. Necesitamos tener un debate más complejo. Si hablamos de la marihuana y no hablamos de la angustia de vivir en este país, es un problema. No dejaría a los pibes solos consiguiendo marihuana. Los pibes quieren que alguien los regule, si les decimos a todos que sí, los hacemos pelota.

-Entonces es mejor la regulación que la prohibición.

-Sí, regular sí. El Estado tiene que estar presente pero hay que debatir regular para qué.

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