
“Ser feminista no es solo cosa de mujeres”, reflexionó la nigeriana Chimamanda Ngozi Aidichieen en la conferencia TED que realizó en 2012. Feminista no se nace, se hace y, de la misma manera, la masculinidad se construye. De la fuerza que cobró el movimiento en los últimos años surge la interpelación hacia los varones sobre la necesidad de nuevas masculinidades, esa necesidad de deconstruir para construir una verdadera transformación cultural.
La polémica foto del cordobés Tomás Vidal, exlicenciado de Comercio Internacional de la Universidad Siglo XXI, disfrazado de una chica muerta dentro de una bolsa de plástico, puso en foco la necesidad de educar en la igualdad para romper de una vez por todas con la cultura patriarcal enquistada, visible desde los actos más atroces hasta las prácticas habituales que naturalizamos.

En todos los capítulos de Alzamos La Voz (Indicios), libro que traza un recorrido sobre los puntos clave del feminismo, los varones están incluidos. Como madre de un adolescente varón, considero que para hacer un cambio hacia una sociedad igualitaria en contra de la sociedad machista y del sexismo, todos debemos romper con el modelo tradicional impuesto. El siguiente es un capítulo del libro que aborda el tema y que hoy Infobae adelanta en exclusiva.
#NuevasMasculinidades
“No se puede empoderar a las mujeres y a las niñas sin que participen también los hombres y los chicos”, reflexiona Michael Kimmel, sociólogo y director del Centro para el Estudio del Hombre y las Masculinidades, de la Universidad Stony Brook de Nueva York. Este especialista está convencido de que para alcanzar la igualdad de género es necesario educar, salir de las viejas ideas de lo que significa ser hombre, romper de una vez por todas con la herencia patriarcal. En sus recurrentes charlas suele poner de ejemplo un documento que hay en el Pentágono, y que da pruebas del extremo pensamiento patriarcal: “Lyndon B. Johnson (presidente de los Estados Unidos) no quiso abandonar Vietnam porque tal gesto no se iba a considerar propio de un hombre”.
Históricamente, el modelo de masculinidad predominante impregnó todas las esferas de la estructura de una sociedad (política, económica y cultural) y, a su vez, legitimó y perpetuó una forma de poder sobre otros, ya sea sobre las mujeres o sobre otros hombres. La activista social bell hooks analiza la toma de conciencia de los hombres, ya que considera como un punto clave para el avance del movimiento feminista, tener a los hombres como aliados en la lucha. “La masculinidad patriarcal enseña a los hombres que su conciencia de sí mismos y su identidad, su razón de ser, reside en su capacidad para dominar a otros y otras (…). Los hombres de todas las edades necesitan espacios donde se afirme y se valore su resistencia al sexismo”.
Estos espacios de los que habla bell hooks se pueden ver reflejados en uno de los colectivos que ha nacido en los últimos años, Varones Antipatriarcales, nacido en 2012 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que busca revertir toda forma de desigualdad y opresión hacia las mujeres; buscan deconstruir qué es ser varón.
En 2018 se realizó el VII Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (ELVA) y convocó cuatro veces más que el año anterior. Los ELVA pretenden ser espacios de (des)educación contra los efectos de un sistema de opresión que inculca la obligatoriedad de ser “machos”, de tener siempre el control, y el rechazo por la feminidad.
Podemos ver que el mundo está atravesando un punto de inflexión, una especie de viaje introspectivo que invita a mirarse en el espejo. Hoy sabemos, como bien sostiene la ONU, que la lucha por la igualdad de género no es solo un tema de mujeres, sino una cuestión de derechos humanos. Y la clave, sin duda, está en la educación. “¿Qué pasaría si, a la hora de criar a nuestros hijos, hijas, no nos centráramos en el género sino en la capacidad, en los intereses?”, pregunta la feminista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie.
Si bien los estereotipos de género perjudican particularmente a las mujeres, según estudios, también impactan negativamente sobre los varones, al reforzar una idea hegemónica de la masculinidad que los aleja de la posibilidad de ejercer determinados derechos y los asocia con roles y mandatos. La buena noticia es que hay indicios, como señalan los académicos, de que los más jóvenes son los que comenzaron a salir de las restricciones, de la llamada “caja de la masculinidad”. Diversas encuestas alrededor del mundo reconocieron que buena parte de los Millennials, pero por sobre todo la Generación Z y la T, se muestran más alineados con las mujeres.

Hay quienes ya destacan que existe una nueva masculinidad. Los medios en el mundo se hacen eco de esta posibilidad, de este cambio que muestra a hombres “más suaves”, “más sensibles”, “capaces de conectar con sus sentimiento”; sin embargo, el sociólogo Tristan Bridges se permite reflexionar en una entrevista a la revista Fucsia, si todo esto sirve: “Ser capaz de llorar en público no ha hecho mucho para desafiar la brecha salarial. Participar más en las tareas de la casa no ha cambiado la realidad de la violencia en contra de la pareja”. El autor afirma que tampoco ha cambiado la situación del hombre como clase privilegiada en la mayoría de las sociedades del mundo, pero lo que destaca como una gran diferencia es que “el privilegio colectivo de los hombres está a la intemperie. Uno de los mayores logros de los movimientos feministas ha sido sacar a la luz no solo la marginación de las mujeres y la desventaja colectiva, sino también el dominio de los hombres. Pensamos que el camino emprendido por las mujeres para nosotros debe ser, no una amenaza, sino una oportunidad. Una ocasión de revisarnos y repensarnos”.
El 20 de septiembre de 2014, ONU Mujeres presentó la campaña HeForShe, con el objetivo de poner fin a la desigualdad de género y lo hizo en la voz de Emma Watson, la Embajadora de Buena Voluntad que ofreció un potente discurso en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York: “No es frecuente que hablemos de que los hombres están atrapados por los estereotipos de género, pero veo que lo están. Y cuando se liberen, la consecuencia natural será un cambio en la situación de las mujeres. Quiero que los hombres acepten esta responsabilidad, para que sus hijas, sus hermanas y sus madres puedan vivir libres de prejuicios, pero asimismo para que sus hijos tengan permiso de ser vulnerables y humanos ellos también".

Feminista no se nace, se hace, y así también se construye la masculinidad. El antropólogo, trabajador social, amo de casa y especialista en género, Ritxar Bacete, sostiene que hay que aceptar el reto de mirarse al espejo: “Tenemos que ser capaces de mirarnos y descubrir quiénes somos, e imaginar que podemos ser otra cosa, que ser hombre no es lo que hemos aprendido”. En su libro “Nuevos hombres buenos”, Bacete propone mirarse el espejo y responder preguntas de este tipo: ¿quién soy yo en este nuevo mundo? ¿Qué se espera de mí? ¿Soy un hombre justo? ¿Puedo cambiar? ¿Cómo me relaciono con otros hombres? ¿Y con las mujeres? ¿Soy machista? ¿Soy libre?
“No se puede hacer un cambio hacia una sociedad igualitaria si no se tiene en cuenta a los hombres y, por esta razón, los hombres también deben cambiar”, explica Paco Abril, presidente de la asociación Homes Igualitaris.
La masculinidad tradicional se define en oposición a lo femenino: los hombres no lloran, no “cuidan” y tienen que proveer a la familia, ellos están a cargo del sustento. Lo que se viene dando desde hace un tiempo es el cambio del modelo de masculinidad, una apuesta nueva e igualitaria que elimina los estereotipos de género.
Cada hombre es libre de asumir la masculinidad como lo prefiera, según su personalidad, ya que no hay una forma única de “ser hombre”; pero hay un cambio de actitud hacia la homosexualidad y otras sexualidades, porque ahora se considera como algo importante vivir la sexualidad de una forma más natural y plena, sin los determinantes que el modelo masculino tradicional ha impuesto a través de los años.
Las nuevas masculinidades buscan que cada uno exprese su género como quiera. La sociedad machista hace que los hombres sientan que deben actuar según el estereotipo y que sean reacios a mostrar vulnerabilidad, cuando en realidad es posible que sean seres sensibles, afectivos y sobre todo, vulnerables. Siguiendo estos lineamientos, es necesario reconocer el deseo y las necesidades del otro, de los pares, y apoyar la lucha contra el sexismo al no tolerar la violencia de género ni ningún tipo de abuso.
* Fabiana Scherer es periodista y autora del libro Alzamos La Voz (Indicios)
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