
Fines de 1960, Morón, provincia de Buenos Aires. El sol empezaba a esconderse, no había viento y Teresa Castellanos volvía a su casa caminando junto a su hermana después de misa en la Catedral. Durante ese recorrido de tres cuadras lo vio a lo lejos Flavio Ferrari -para todos Cholo-, que no vaciló un instante y quiso averiguar quién era esa morocha del barrio.
Teresa, entonces de 14 años, iba a la escuela Parroquial de Morón; Cholo (20) acababa de volver del servicio militar. El único vínculo que los unía era Norman -un vecino de la joven- y mejor amigo de Flavio. “Le preguntó por mí, quería saber quién vivía en la tercer casa de la vereda por la cual me vio pasar. Norman le dijo que no insistiera porque yo era muy chica...”, recuerda a Infobae, Teresa.
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Eran épocas de bailes de carnaval, y Cholo tenía planeado ir con sus amigos a festejar. “Le dije que iba al Club de Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, aunque en realidad estuve con mis amigas en otra fiesta temática en Haedo. Me buscó toda la noche, ¡pobre Cholo! Era muy chica para pensar en noviar".
Hasta que el destino hizo que estos dos vecinos se volvieran a cruzar por la zona oeste. “Me vio en la esquina de la confitería San José de Flores con mi hermana, el lugar de reunión de la época, y corrió para hablarme: '¿Por qué me mentiste?’. Yo temblaba como una hoja... Le inventé cualquier excusa con tal de escapar de la situación”.
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Cholo no perdió la oportunidad para invitarla formalmente a salir. “Te espero mañana en la Plaza de Morón a las seis de la tarde”, me dijo. Otra vez Teresa lo deja plantado. “No fui al encuentro, en cambio pasé con la bici. Estaba paradito esperándome”. Y así siguieron las citas frustradas: “Cada vez que me veía me reclamaba no haber ido y redoblaba la apuesta”, recuerda.

Hasta que un buen día el viento sopló a favor de Cholo y Teresa se animó. El lugar de la primera cita: Cine Océano de Morón. Hora: cinco de la tarde. “Le pedí a mi hermana que me acompañara. Con mi cuñado Jorge que oficiaron de chaperones... ¡tenía una mezcla de nervios con felicidad!”.
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Los encuentros se volvieron en rutina, a las pocas semanas llegó el primer beso: “Es un recuerdo vívido, Cholo saltaba en un pata”.
De aquellas primeras que se cruzaron en la calle a la propuesta de una vida juntos pasaron casi seis años: “Correcto, caballero como era, una tarde llegábamos de la mano a mi casa, mis papás estaban en la puerta. ‘Fernando, estoy saliendo con su hija, ¿podré pasar a su casa?'. Entró e hizo el pedido formal”.
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La pareja se casó en la Catedral de Morón el 5 de mayo 1967 rodeada de quinientas personas. “Tengo grabado el momento en que se abrieron las puertas, sonaba la marcha Nupcial de Mendelssohn miré hacia el altar, y estaba él. Mi cara se transformó, mi hermana me susurraba al oído: componente Teresa. Fue el día más feliz de mi vida”, dice la mujer.
Hubo luna de miel: Mar del Plata y Bariloche fueron los destinos elegidos por los recién casados. ”A la vuelta se nos rompió el auto, hasta que lo arreglaron nos hospedamos en Neuquén... nos recibió hasta el gobernador. Una aventura total. Así eran mis días con Cholo”.
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-¿Qué te enamoró de Cholo?
-Cholo es mi primer y único amor. Me cautivó su sentido del humor y su don de gente. Algo que, con el tiempo, trasladó a la familia que construimos. Es amiguero, trabajador, buen padre y excelente abuelo.
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-¿Te acordás de la primera casa de casados?
-Era sencilla, al fondo de lo de mis suegros en Morón. Construimos con lo que teníamos una casita. Cholo se recibió rápido de abogado, pero hasta que consiguió los primeros clientes fueron tiempo duros. Más tarde pudimos hacer una más grande, y finalmente mudarnos a nuestra actual casa donde recibimos a toda la familia.
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-¿Norman entonces fue el Cupido de esta historia?
-Un gran amigo, que falleció hace un tiempo. Lo elegimos como padrino de nuestra primera hija Flavia.
-¿Cómo es como marido?
-Presente, compañero y generoso. El más bueno del mundo.

-¿La maternidad fue un deseo ?
-Nunca soñé con una carrera, sí con ser mamá. Al poco tiempo de casados me quedé embarazada, y dos años más tarde tenía tres hijos: Flavia (51), Felipe (49) y Jimena (48). Cholo llegaba a las siete de la tarde y yo le decía: “Ayudame, me faltan brazos”. Después vinieron Francisco (45), María Teresa (37) ¡y la sorpresa… Rosarito! (31). Todos tienen hijos.
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-¿Ya son catorce nietos?
-Sí. Y de edades muy distintas. La más grande, Camila, tiene 27 y se acaba de casar. La más chiquita es Fátima, que no tiene un año. Para ellos soy la Ababa.

-¿El secreto para tantos años de matrimonio feliz?
-Recorrimos un largo camino juntos, más de medio siglo. A esta altura, el secreto es la perseveración, una base sólida, y creer que existe la magia del amor a primera vista...
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