Las peleas históricas entre hermanos de la monarquía británica: los antecedentes más escandalosos del fuego cruzado entre los príncipes William y Harry

“Hemos tomado un camino diferente”, aseguró el menor de los príncipes ingleses y así reconoció desacuerdos con su hermano, el tercero en la línea de sucesión al trono. Pero los hijos de Lady Di no son los únicos miembros de la familia real en estar bajo la lupa por problemas de hermandad. ¿Qué pasó entre Jorge VI y Eduardo VIII cuando el mayor abdicó obligando a asumir al menor? ¿Cómo lidió Isabel II con el enojo de su hermana Margarita tras oponerse a su primer gran amor?

“Hemos tomado un camino diferente”, aseguró recientemente el menor de los príncipes ingleses y así reconoció desacuerdos con su hermano, el tercero en la línea de sucesión al trono (Shutterstock)
“Hemos tomado un camino diferente”, aseguró recientemente el menor de los príncipes ingleses y así reconoció desacuerdos con su hermano, el tercero en la línea de sucesión al trono (Shutterstock)

Se llamaron entre sí David y Bertie, Lilibet y Margarita, y William y Harry. Los últimos dos siglos de historia británica están signados por vínculos tensos de hermandad que se profesaron -y todavía hoy se profesan- los máximos representantes de la familia real. De Jorge VI y Eduardo VIII: un rey que no había sido entrenado para serlo y nunca le perdonó a su hermano mayor tirarle semejante responsabilidad a Isabel II y la princesa Margarita: una reina que lidió con astucia entre sus obligaciones de soberana y su amor de hermana mayor.

La línea de desacuerdos y peleas sigue hasta la actualidad con William y Harry: dos príncipes contemporáneos que no coinciden para nada en los métodos para modernizar la monarquía.

WILLIAM Y HARRY

Guillermo y Enrique durante una actividad conjunta, en 2016, cuando todavía compartían la Royal Fundation que habían creado en 2009. 
(Alan Davidson/Shutterstock)
Guillermo y Enrique durante una actividad conjunta, en 2016, cuando todavía compartían la Royal Fundation que habían creado en 2009. (Alan Davidson/Shutterstock)

“Suceden cosas, inevitablemente. Pero somos hermanos y siempre lo seremos”, aseguró Harry, el menor de los hijos de Lady Di, en relación con William. Fue esta semana, en el documental Harry y Meghan, la gira africana, de ITV. “Tomamos un camino diferente. Pero yo siempre voy a estar para él, como sé que él, para mí. Ya no nos vemos tanto como antes porque estamos muy ocupados, pero lo quiero mucho. Tenemos días mejores que otros”, agregó ante el conductor del ciclo, Tom Bradby, que además es su amigo personal.

William y Harry nacieron en los ochenta, con dos años de diferencia. Los hijos del príncipe Carlos y Lady Di fueron educados sin la rigidez que sí afrontaron sus padres, pero crecieron como testigos directos de la conflictiva y cruel separación que terminó en divorcio en 1996.

Siempre unidos, terminaron de volverse incondicionales cuando la princesa de Gales murió en Paris, en 1997. Tenían 15 y 12 años respectivamente.

Los príncipes en 2002, cuando mantenían una buena relación (Shutterstock)
Los príncipes en 2002, cuando mantenían una buena relación (Shutterstock)

Entonces, mientras el mayor estudiaba Historia del Arte y Geografía en Escocia y noviaba con Kate Middleton, el menor fumaba marihuana, se dejaba fotografiar borracho, desnudo e incluso con un disfraz nazi. “No podés seguir haciendo como si nada te afectara”, cuenta Harry que le dijo Guillermo cuando tenía 28 años. “Había pasado quince años y yo no asumía que mi madre ya no estaba conmigo”, agregó Harry, poco antes de acudir a un psiquiatra y detener su andar errante.

Un par de años después, cuando ya estaba lo suficientemente maduro como para enamorarse, Meghan Markle llegó a su vida. La actriz americana que estaba divorciada empezó a salir con Harry en julio del 2016, se comprometió en noviembre del año siguiente y se casó en mayo del 2018. Entonces, el imbatible Fab Four que conformarían junto a los duques de Cambridge alegró a los británicos. Pero la ilusión duró lo que un lirio…

Porque primero hubo rumores de distanciamiento, pero después, acciones concretas. En abril, Harry y Meghan dejaron la Nottingham Cottage dentro del Palacio de Kensington, donde también viven los duques de Cambridge. Pero no fue para mudarse al departamento 1, que tenían destinado, al lado del de Guillermo y Kate, sino para irse a Frogmore House, a 42 kilómetros de distancia, en Windsor. Al mes de mudarse, nació Archie, el primer hijo de la pareja.

En paralelo y confirmando las desavenencias, los hermanos dejaron de tener la misma corte real. Es decir, ya no comparten el equipo de asistentes y comunicación –ni redes sociales- del Palacio de Kensington.

Desde entonces, Harry y Meghan armaron su propia oficina en el Palacio de Buckingham, entre las que se destaca la estadounidense Sara Latham, que fue la jefa de comunicación de Hillary Clinton durante su última campaña. Tras su llegada, los anuncios oficiales se hacen en la cuenta oficial de los Duques de Sussex.

Harry, Meghan, Kate y William durante un evento de Heads Together, cuando todavía hacían de manera conjunta la mayoría de sus actividades solidarias.
Harry, Meghan, Kate y William durante un evento de Heads Together, cuando todavía hacían de manera conjunta la mayoría de sus actividades solidarias.

¿Más? En junio de este año los Sussex renunciaron a seguir trabajando en la Royal Fundation que los hermanos crearon juntos en 2009. Ahora en la página de la organización sólo los duques de Cambridge figuran como líderes de la causa. Claro que mientras se reorganizan, Harry y su esposa acaban de terminar tour solidario por África, destino amado por Lady Di… y también por Meghan.

Por otro lado, el menor de los príncipes y su mujer demandaron a buena parte de la prensa británica por la publicación de unas cartas privadas entre la actriz y su padre. Y en una decisión sin precedentes, el joven publicó un comunicado comparando el acoso que sufre su mujer con aquel que sufrió su madre. De hecho, además anunciaron que se tomarán un mes y medio para descansar, sin compromisos oficiales.

Entonces, mientras por lo bajo William asegura sentirse “preocupado” por el rumbo en la comunicación de su hermano y puntualmente por la decisión de hacer trascender las desavenencias, los británicos se preguntan si los príncipes que crecieron codo a codo, podrán salvar sus diferencias. Al fin y al cabo, no fueron los primeros, ni serán los últimos.

LILIBET Y MARGARITA

Isabel y Margarita en el Palacio de Buckingham tras la abdicación de su tío y el ascenso al trono de su padre (Archivo Casa Real)
Isabel y Margarita en el Palacio de Buckingham tras la abdicación de su tío y el ascenso al trono de su padre (Archivo Casa Real)

Nacidas para ver reinar a su tío, Isabel II (1926) y su hermana Margarita (1930) no imaginaron que la corona iría para ese lado. Tenían 10 y 6 años cuando su padre se convirtió en rey y, desde entonces, la mayor hizo todo lo que estuviese a su alcance para estar a la altura de las circunstancias. La hora le llegó demasiado pronto, porque con sólo 25 años, Isabel -de gira por Kenia- fue informada de la muerte de su padre, en febrero de 1952. Y, un año y medio después, coronada para reinar sobre un imperio de 130 millones de súbditos en los cinco continentes.

Casada con el duque Felipe de Edimburgo, una vez reina siempre tuvo un ojo puesto sobre su única hermana menor. Mucho más divertida, rebelde y amante de las fiestas, la princesa Margarita había pasado su adolescencia celando a su hermana por el trato y la educación especial que recibía.

Precursora al fumar en público cuando las mujeres de la clase alta no lo hacían, Margarita se vestía tan a la moda que funcionaba como una verdadera influencer. Y decidida siempre a hacer lo que sintiera, se enamoró del coronel Peter Townsend, un héroe de guerra 16 años mayor, que había trabajado como ayudante de su padre, estaba divorciado y tenía dos hijos.

La cosa fue tan enserio, que el coronel le propuso matrimonio en 1952, cuando solo la reina podía autorizar el casamiento, en función de una ley que regía desde 1772. Bonito dilema para una joven Isabel II, máxima autoridad de la Iglesia Anglicana -que por entonces no aceptaba el divorcio- e íntimamente asesorada por Winston Churchill.

Después de darle las dolorosas explicaciones del caso a su hermana y siempre decidida a “servir a su pueblo”, la reina ideó un plan. Townsend fue destinado por dos años como agregado militar a Bruselas, hasta que la princesa cumpliera 25 años. La dilación sirvió para que el nuevo primer ministro, Sir Anthony Eden –también divorciado- diseñara con la reina un plan para que Margarita y Townsend pudieran casarse por civil. Mantendrían los títulos, cobrarían su pensión, pero tendrían que renunciar a sus derechos de sucesión. “La reina no desea interponerse en la felicidad de su hermana”, le explicaba Eden a las autoridades del Commonwealth, la organización intergubernamental más poderosa de la época.

Las princesas, durante la coronación de su padre Jorge VI, en 1937.
Las princesas, durante la coronación de su padre Jorge VI, en 1937.

Sin embargo, cuando todo estaba dispuesto, el 31 de octubre de 1955 la princesa emitió un comunicado que dejaba atónito a más de uno: “Decidí no casarme con el Capitán Peter Townsend. Considerando que para la Iglesia cristiana el matrimonio es indisoluble y conciente de mi deber ante el Commonwealth, decidí que esto último pesara sobre cualquier otra cosa”.

Entonces, la sociedad admiró a la princesa que renunciaba al amor para “cumplir con su deber real”. Y la reina, que en un principio había sido destinataria del enojo de Margarita, se sintió aliviada. Tal vez porque sabía que el amor de su hermana por el capitán no era tan fuerte como para renunciar a sus privilegios.

De hecho, cinco años más tarde Margarita se casó con el fotógrafo y cineasta Antony Armstrong Jones, con quien tuvo dos hijos, el vizconde Linley y lady Sarah. Pero aquella calma no sería más que aparente y su matrimonio terminaría con un escándalo mucho más grande que el que había provocado el divorciado Townsend.

En 1976, después de varios años de ser amantes, Margarita fue fotografiada en la isla caribeña Mustique con Roddy Llewellyn, un paisajista 17 años menor que ella. La princesa y Armstrong-Jones -que toda la vida le había sido infiel a ella- se separaron ese año y dos años después, se divorciaron para que Margarita se convirtiera en la primera integrante de la familia real británica en hacerlo después de Enrique VIII.

Mucho más apaciguada pero siempre amante a la buena vida, Margarita pasó los últimos treinta y cinco años de su vida instalada en el Palacio de Kensington, cerca de su madre. Desde su departamento del palacio tenía línea telefónica directa con Buckingham para hablar con la reina Isabel. Chismes y risas prevalecían entre la dupla que jamás había puesto en tela de juicio su hermandad.

La princesa Margarita y la reina Isabel II, con Guillermo y Harry, durante la ceremonia de aviones militares Tropping the Colour de 1989. (Parnell/ANL/Shutterstock)
La princesa Margarita y la reina Isabel II, con Guillermo y Harry, durante la ceremonia de aviones militares Tropping the Colour de 1989. (Parnell/ANL/Shutterstock)

De ahí que, cuando Margarita murió en febrero de 2002, a los 71 años y como consecuencia de un ACV -un mes antes que su madre- nadie se sorprendió al ver lagrimear a una reina que nunca lo hacía en público. Estaba perdiendo a su última gran confidente. Es más, una amiga de Margarita asegura que en el entierro le agradeció por presentarle a Llewellyn “el hombre que hizo muy feliz a mi hermana”.

DAVID Y BERTIE

Los hermanos David y Alberto de Inglaterra antes de ser Eduardo VIII y Jorge VI.
Los hermanos David y Alberto de Inglaterra antes de ser Eduardo VIII y Jorge VI.

Los hijos del rey Jorge V nacieron con un año de diferencia en junio 1894 y diciembre de 1895. David -que luego sería Eduardo VIII- era cálido, carismático y querido por la gente. Alberto, en cambio, era débil en apariencia y más bien reservado, además de tartamudo. Todo estaba dado para que el primogénito cumpliera con creces su deber real en una Europa convulsionada por la Primera Guerra Mundial. Pero Wallis Simpson entró en escena…

Americana, divorciada y dominante -al menos para la época-, la socialité ya salía con el príncipe heredero cuando Jorge V murió, en enero de 1936 y su pretendido asumía sin convicción, ni vocación de servicio. Alberto, en tanto, estaba plácidamente casado con Isabel Bowes-Lyon y criaba a sus dos hijas, Isabel y Margarita.

Eduardo VII tras la abdicación, junto a su mujer, Wallis Simpson, en 1938 (Shutterstock)
Eduardo VII tras la abdicación, junto a su mujer, Wallis Simpson, en 1938 (Shutterstock)

“Tienen que creerme cuando les digo que sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo me resultaría imposible cumplir con mis deberes de rey”, alegó el heredero para anunciar su abdicación, sabiendo que el parlamento no aprobaría su matrimonio. Fue el 11 de diciembre del mismo año, diez meses después de la muerte de su padre y sin llegar a ser coronado. Entonces Inglaterra entró en una crisis de sucesión que quebró para siempre la relación entre los hermanos Windsor.

Jorge VI durante su coronación, con su esposa, la reina Isabel, que luego sería la reina madre.
Jorge VI durante su coronación, con su esposa, la reina Isabel, que luego sería la reina madre.

Sin ningún tipo de preparación formal, Alberto fue coronado el 12 de mayo de 1937. ¿Su hermano? Eduardo VIII supo que era libre para casarse con Wallis Simpson, pero además pensó que podría aconsejar al menor. Acertó en el primer punto -se casó al año siguiente-, pero se equivocó en el segundo.

Jorge VI consideró que Inglaterra no podría tener dos reyes en un mismo país, lo mandó a vivir a Paris y nunca promovió que volviera. Más aún cuando Eduardo VIII y su mujer simpatizaban con el nazismo. Con celeridad y buen juicio, el soberano se convirtió en el rey que Inglaterra necesitaba cuando la Segunda Guerra Mundial hacía estragos en Europa. Semejante desafío le jugó una mala pasada y murió de cáncer de pulmón a los 56 años, en 1952. Eso sí, antes se aseguró, a pesar de la insistencia de Eduardo VIII, que Wallis Simpson nunca recibiera el título de Su Alteza Real.

Su sucesora, Isabel II, no sólo mantuvo una relación cordial con su tío David, sino que además intentó acercar posiciones. Lo visitó más de una vez en su casa de Bois Boulogne y lo recibió cada vez que iba de visita a Londres.

Tras su muerte, a los 77 años, Eduardo VIII fue velado en la capilla de San Jorge y enterrado en el cementerio de Frogmore, en Windsor, a metros del mausoleo de la Reina Victoria. Sólo entonces se cerraron las heridas de una abdicación que había puesto en jaque al continente.

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