Fito Páez presentó su nuevo disco en una escucha abierta: crónica del amor y la pasión después de los silbidos

A 24 horas del controvertido show en el que tocó íntegro Novela, el rosarino mostró las canciones de Shine. Un trabajo que surgió del accidente doméstico que le provocó fracturas en nueve costillas y está atravesado por su relación con Sofía Gala. Cómo es la experiencia de conocer un disco en tiempo real al lado de su autor

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El rosarino presentó su disco Shine con una referencia a su internacion

No habían pasado ni 24 horas de la controvertida presentación de Novela y Fito Páez ya estaba lanzando otro disco. Y nada define mejor su trayectoria artística que se acerca a los 45 años. Todavía resuenan en las redes los ecos de la silbatina de parte del público y la reacción del rosarino en un concierto que tuvo cualquier cosa menos previsibilidad. Y como si se tratara de un acto poético, o de una declaración de principios, él responde con más canciones nuevas.

Fito dio vuelta la página con una propuesta diferente, pero en un punto similar, o en todo caso complementaria. Cambian el ambiente y el contexto: un grupo reducido de periodistas y amigos, la incondicionalidad de sus hijos Martín y Margarita y de su novia, Sofía Gala. Pero se mantiene la esencia de un artista que siempre elige mirar para adelante y compartir con su público lo que le pasa en formato de canciones, libros o películas. Porque, como dirá en un rato, citando a Lennon, hablar de la primera persona es hacerlo de lo que uno conoce.

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A la hora de analizar el material, si Novela fue un proceso que le llevó casi toda su vida adulta, Shine se parece más a una pulsión urgente, casi a un instinto de supervivencia. El disparador fue el accidente casero que le fracturó nueve costillas y lo tuvo un tiempo largo en el hospital. El dolor físico y espiritual por un lado, pero también el amor por Sofía Gala, quien a su manera se suma a la lista de musas inspiradoras de la obra del rosarino. Y ese afán incontrolable por crear que atraviesa cada una de sus etapas.

El autor de "El amor después del amor" hizo una escucha para la prensa de su último trabajo

La cita es en un espacio de estirpe fabril reconvertido en estudio, a escasas y paradójicas cuadras del Movistar, con cierta estética subterránea y neoyorquina. En las pantallas se proyecta el corto “Todos los Fitos”, donde el artista se psicoanaliza entre el presente y el pasado para intentar abordar su actualidad. Cuando se apagan las luces, su voz saluda con la familiaridad de quien recibe en su casa. No hay presentador ni introducción formal. Él mismo arma el marco para pintar el cuadro de lo que se viene. Y toma la palabra para contar algunas cosas antes de ponerle play al material.

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“Nadie sabe cómo se hacen las cosas: se hacen”, dice al comienzo de lo que parece un manifiesto sobre el arte autobiográfico en un camino que pasa por Fellini, Cassavetes y Juan L. Ortiz para desembocar como casi siempre en John Lennon. “Cuando le cuestionaban por qué hablaba siempre de él, contestaba de una manera muy sencilla y honesta: ‘Es lo único que conozco’. Y yo siempre fui medio autobiográfico, como mi amigo Johnny”.

Y en este caso la mirada es hacia Madrid, en septiembre de 2024. Estaba terminando los últimos ajustes de Novela cuando se cayó de una escalera. Cuatro escalones. Nueve costillas fracturadas y un mes de internación con opiáceos. “Ahora suena gracioso”, dice. “No lo fue”, aclara como si hiciera falta antes de describir lo que no solo es una recuperación física. Es el encuentro, en carne propia y sin atenuantes, con la posibilidad real de la muerte. Algo que, según sus palabras, en la literatura y el cine “muchas veces se roza de manera liviana”. Él lo vivió tres veces en un mes.

El músico se representó en tres momentos de su vida con la participación de su hija Margarita

“Uno redimensiona todo. No lo sabés en ese momento, pero cuando salís de allí y empezás la tarea de la reconstrucción —o del posible renacer, porque también existe la probabilidad de que eso no suceda— aparece una pulsión que tiende siempre a construir o a reconstruir”. La manera que encontró para dejar testimonio de ese renacer fueron las canciones. Las que sabemos todos y las que siempre están por venir.

La resurrección se corporizó en la gira 40/30, en la que visitó el repertorio de los discos Del 63 y Circo Beat. Pasado ese tiempo, después de haber renegado mucho y llorado mucho, de haber “estado abierto a que todo aconteciera”, lo llamó a su colaborador Diego Olivero. Tenía cuatro ideas que había compuesto en Madrid con una guitarra. Lo suficiente para lanzarse a la aventura.

Se fueron a un pueblito en el sur de Brasil y en diez días había un disco. Faltaba un camino largo todavía, pero el boceto ya estaba instalado en su cabeza. Fue en ese proceso donde tomó una decisión estética que define el sonido de Shine: quitar instrumentos, “desbarroquizar”. Volver a la guitarra como máxima autoridad compositiva, lo que encierra una complejidad mayor a la que aparenta: “Hacer lo que hizo Miró —que terminó pintando como un niño de más grande— no es tan sencillo”, grafica en esta pequeña disertación pluriartística.

Fito Paez - Shine (Video Oficial)

Con “Universo” como excepción que confirma la regla, -dedicada a “mi hermano” Pablo Milanés-, Shine es una pintura en tiempo real de una época de contrastes. “No le dimos mucho respiro”, dice. Fue una operación deliberada: tomar el toro por las astas para que no empezaran las opiniones sobre detalles, errores, mejoras. “A la mierda Pro Tools y todo lo que uno incorpora en la inercia de las cosas”. Es un disco tocado en vivo y grabado en vivo, que atraviesa su mundo privado como toda su obra. Está Buenos Aires, como siempre. Está el nuevo punto de vista después de haber atravesado una experiencia tan dura. Está quiénes fueron sostén y puerta de salida.

Y también está Sofía Gala quien le mandó un WhatsApp con una sola palabra: “Hablame”. Y terminó de darle concepto al disco. “Tenía humor, era una orden, era una sentencia”. La canción es en realidad una pieza instrumental que aparece tres veces en el disco y cumple un rol de enrarecerlo. También iba a ser el título, hasta que se decidió por Shine: una palabra corta que “tiene mucho que ver con cómo me siento ahora”. Fito brilla, entonces, y le dedica el disco a Sofía: “Por su compañía, por su amor, por sus charlas, por comprender este momento complejísimo que atravesamos juntos”. Y como escena final, sella todo con un beso.

Imagen en blanco y negro de Fito Páez, un hombre con traje claro y gafas de sol, tocando una guitarra con patrón de rayos. La palabra "SHINE" aparece en mayúsculas detrás de él
Fito Páez aparece energéticamente en blanco y negro, guitarra en mano, con la palabra "Shine" resaltando de fondo, promocionando su nuevo trabajo musical. (Guido Adler)

Enseguida, el ambiente se deja llevar por el Fito Páez cosecha 2026. El músico que compuso, toca y canta lo que suena por los parlantes se mezcla entre el público. Se pone y se saca los anteojos, gesticula como director de orquesta, sonríe y acompaña los aplausos. Se detiene principalmente en El honor de los lobos, canción con destino de hit, con esa épica desgarradora de sus grandes piezas.

Cuando termina de sonar Shine, Fito se seca algunas lágrimas en un gesto que ratifica su estatus de artista existencial. Le acercan un micrófono por si quiere decir algunas palabras a modo de cierre. Lo duda un momento y en eso empieza a sonar Beatles For Sale, y se resuelve la cuestión. Y el disco suena completo, como Shine y como Novela. Así como Fito concibe su obra, interpelando a quien quiera oirlo y a quien no. Evitando la tentación de la zona de confort. Ofreciendo su corazón más allá de los silbidos.

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