El encuentro se realizó en La Rural (Fotos: gentileza Expo Cannabis)
El encuentro se realizó en La Rural (Fotos: gentileza Expo Cannabis)

Una señora de 80 años intentaba hacerse lugar entre la multitud que atoraba los pasillos entre los 70 stands de parafernalia e información sobre marihuana. “¿Dónde están las plantitas y los aceites?”, preguntaba mientras avanzaba. Un joven interrumpía el paso de una médica para preguntarle si conocía alguien que pudiera entender de neurogénesis: su mamá está en coma hace ocho meses y quiere intentar “despertarla” con cannabis. Un cultivador le explicaba cómo se cosechan las flores de la marihuana y de qué manera hay que secarlas a una pareja que habían pasado los 60 y se mostraban muy interesados.

Si algo provocaron los tres días que duró la primera Expo Cannabis de la historia argentina fue la fusión de los distintos mundos que nuclea la planta milenaria: familias de usuarios medicinales, ancianos, cultivadores, activistas, médicos, abogados, comerciantes, científicos y empresarios. Todos -unos 56 mil en total, según los organizadores, lo que equivale a una Bombonera llena- juntos, detrás de objetivos similares (compartir información), lograron sellar un eslabón clave en la “lucha que se viene en Argentina por la regulación de la marihuana: la legitimidad”.

Entre el viernes y el domingo, una muestra que comenzó como un gran eufemismo (sin plantas, sin semillas, sin humo), terminó más anclada a la demanda de un nuevo paradigma, como nunca antes se había visto desde que se prohibió en los años ’30.

Mientras la tenencia y el autocultivo son ilegales y están penados con años de cárcel, las más de 50 mil personas que pasearon por La Rural convivieron sin tensiones y sellaron un nuevo eslabón en el reclamo de ese sector por la despenalización de la tenencia, el autocultivo regulado y la legalización. Si desde hace diez años las marchas muestran el reclamo por el cambio en la calle, con jóvenes del conurbano como progatonistas, la Expo dio un paso más allá al mostrar que hay un público que puede pagar $700 una entrada y que pide una nueva ley.

Con charlas, talleres, conferencias y exhibiciones, los organizadores de la muestra creen que han hecho historia y que no hay vuelta atrás en el camino hacia la regulación.

“Estos tres días mostraron que estamos preparados para generar un nuevo marco regulatorio para esta planta. Tres días que nos mostraron que ya no hay más dudas de la legitimidad del reclamo del autocultivo. No puede haber un preso más por cultivar una planta que mejora la calidad de vida. El Estado tiene que escuchar esto: vi adultos mayores pidiendo aceite, personas en sillas de ruedas, usuarios que viajaron para buscar info de algo que el Estado debe atender. Y el Estado no puede estar más ausente”, comentó Sebastián Basalo, una de las cabezas de la organización del evento y director de la revista de cultura cannábica THC, emocionado hasta las lágrimas.

En un país donde siete de cada 10 detenidos lo están por la ley de drogas (y de ese número la enorme cantidad es por consumir cannabis), el simbolismo de la Expo en un lugar del carácter histórico de La Rural, permite a los organizadores vislumbrar un futuro cercano en el que el cannabis sea una industria regulada más, que dé trabajo, permita el consumo en un entorno de respeto a las libertades individuales y cuide la salud.

Valeria Salech, presidenta de Mamá Cultiva, fue una de las conferencistas
Valeria Salech, presidenta de Mamá Cultiva, fue una de las conferencistas

Pero más allá de los “fumones” y los interesados en el mercado que se viene, la mayor demanda fue de personas que depositan una esperanza de mejor calidad de vida en el uso terapéutico. El stand de Mamá Cultiva no tuvo descanso ni un minuto en todo el fin de semana.

Sólo el sábado, esta organización compuesta por madres de niños con enfermedades y de usuarios, recibió 1.500 solicitudes para unirse a cualquiera de los talleres que brinda. Habían pasado las 9 de la noche y los 30 voluntarios, que no pararon nunca, seguían contando nuevos formularios.

“Recibimos mujeres llorando, personas mayores que vienen con una esperanza. Esto que pasó fue muy fuerte y pone las cosas de cara a una regulación, a que mejore la actual ley de uso medicinal y sobre todo la legalización del autocultivo", explicó Valeria Salech, presidenta de Mamá Cultiva, quien participó de las conferencias que durante los tres días se desarrollaron en un auditorio que nunca dejó de estar repleto y por el que pasaron médicos argentinos y extranjeros, cultivadores, biólogos, periodistas.

Valeria fue una de las más aplaudidas cuando dijo: “Si yo tengo un derecho pero otro no lo tiene, no tengo un derecho, tengo un privilegio. El aceite tiene que ser para todos”. El reclamo apuntó contra el Gobierno, que no permite el acceso sencillo al aceite porque Argentina no produce, ni importa, excepto por pedidos que pasan a través de la Anmat y solo para niños con epilepsia refractaria. Desde hace dos años, que se sanciono, la ley de uso medicinal es una ley muerta que no solucionó la demanda de los usuarios y aumentó exponencialmente el interés en un sector de la sociedad que se está deconstruyendo, también en este tema.

En algo coincidieron todos los participantes: en la ausencia del Estado. En el punto de acceso a la Justicia atendieron consultas 39 defensores oficiales del Ministerio Público de la Defensa, el único organismo oficial presente.

Desde Río Negro llegaron de la Red de Medios de la Universidad Nacional de esa provincia para exponer un prototipo de realidad virtual que sirve para mostrar las historias de los usuarios medicinales. Con el dispositivo, los jóvenes causaron viajes virtuales a la casa de María Eugenia Sar, una abuela que logró que la Justicia le permita cultivar para su nieto enfermo.

O el equipo del Laboratorio de Neurociencia de la UBA que montó un stand para mostrar sus estudios sobre la conciencia humana, donde medían el movimiento ocular, los tiempos de respuesta ante imágenes y estimulaciones sensoriales de quienes quisieran someterse a la prueba. “Todo eso genera datos que podemos cruzar para tener una idea o modelo que pueda explicar distintas manifestaciones de la conciencia humana. Es difícil de estudiar. Una forma de hacerlo es comparar estados: normal, en el sueño, con drogas, o al estar en coma. Al medir algunas cosas encontramos diferencias. Buscamos asociar reacciones. Las drogas son una herramienta para lograr estados no ordinarios de forma reversible”, detalló Carla Pallavicini, doctora en Física, quien opinó sobre lo que generó la Expo: “Es fantástico que suceda. Pone en evidencia lo distante de las leyes de la sociedad. Acá esta la sociedad buscando información en contexto prohibicionista. Y eso ya no se frena”.

“Tuvimos fila todo el tiempo. Gente de todo el país. Atendimos desde un matrimonio de Tilcara hasta gente de Comodoro Rivadavia, Tucumán, Mendoza, Córdoba. Hubo consultas de las más diversas. Gente viendo cuestiones legales para armar negocios relacionados con el cultivo. Gente que cultiva y quiere conocer qué derechos tiene. Gente con problemas de salud graves. Hay mucho desconocimiento sobre los derechos y muchísima necesidad de saber”, comentó la defensora oficial de Lomas de Zamora Victoria Baca Paunero, quien entendió: “El mensaje que deja la expo es que hay mucha más gente interesada en conocer sobre el uso del cannabis de lo que el Gobierno entiende que existe. Es un problema al que el Estado no da respuesta adecuada”.

“Superó mis expectativas. Es un hecho histórico, de verdad, ayuda a la visibilización que los sectores activistas venimos haciendo. Si el Estado se involucra y se relaciona y toma seriamente nuestro trabajo podemos avanzar. Social y económicamente. Esto la revolución verde de verdad. El cannabis terapéutico es salud, no es una cuestión penal. Hay que regular", reclamó Roxana Aguirre, integrante de la organización Ciencia Sativa, grupo de cultivadores, biólogos y médicos de la Patagonia.

Entre los stands había desde empresas extranjeras que venden insumos para el cultivo de la planta hasta remeras pasando por espacios de medicina o neurociencia y hasta el del pequeño municipio bonaerense de General La Madrid, que busca desde 2016 que el Gobierno nacional lo habilite a tener cultivos para estudiar los beneficios de la planta.

El intendente de este pueblo, el médico Martín Randazzo, pasó los tres días dedicado a escuchar qué le pasaba al público que llegó a la Expo y de paso mostrarles su idea. “Fueron tres días distintos. El primero, más para los nexos de la industria y el sector del círculo médico. El sábado me hizo acordar a las charlas que organizamos en La Madrid, con gente grande que te muestra la disminución de los prejuicios, y el domingo, con jóvenes y la mezcla de familias y cultivadores. Acá estaba la gente común”, dijo Randazzo.

Irma Monje tiene 79 años y padece una neuropatía diabética que hace un año y medio le paralizó las piernas. La mujer descubrió meses atrás el aceite de cannabis y su vida cambió. Lo dice ella: “No me imaginaba esto. No hay más dolor, ¿entendés? No hay más dolor”.

La mirada Monje es el reflejo del espíritu que tuvo la Expo Cannabis durante tres días. Un agujero enorme cubierto de la necesidad de mucha gente por vivir mejor y la oportunidad de los usuarios, cultivadores y empresarios. Uno de los organizadores fue más allá: “Estamos en un momento difícil del país, quizá para el gobierno siguiente el mundo del cannabis incluso sea una fuente más de la recuperación económica”.

Canadá, que legalizó todo tipo de consumo y cultivo personal de cannabis en 2018, estima que para dentro de tres años el mercado de la marihuana legal moverá más de 55 mil millones de dólares.

Lo que pasó en la Expo es un reflejo del futuro. Lo sintetizó Basalo: “No esperábamos la cantidad de gente que vino. Desbordaron los puntos de acceso a la salud y a la Justicia. Pensábamos que iban a venir muchos adultos mayores y familias. Lo que no esperábamos era que explote la concurrencia. Esto es un mensaje: ya no se puede tapar una realidad. Hay una cantidad de personas que quiere acceder al cannabis, no importa para qué fin. Y convivieron personas con dolor o quimioterapia con gente que disfruta del sabor de la planta. Y todos quieren hacer un eso en forma responsable y buscan informarse. Esta explosión del uso y el cultivo hizo emerger una industria potentísima que permite abrir tiendas y dar trabajo. Hubo 70 expositores que agotaron sus productos este fin de semana. Productores de macetas, tierras, fertilizantes. Incluye todo. Porque es posible el disfrute la salud y el trabajo. Ya no es más una teoría”.

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